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La difusión interesada de información falsa con la intención de influir en la opinión pública es lo que se conoce como desinformación. El auge de las redes sociales acentúan su peligrosidad.

La desinformación es la divulgación de datos y contenidos manipulados de forma premeditada con el propósito de engañar al público. Este engaño se realiza, además, para alcanzar determinados objetivos estratégicos, ya sean políticos, sociales o económicos, y supone todo un reto para las democracias porque provoca que los ciudadanos basen sus decisiones en mentiras.
Conocer las causas de la desinformación y las formas más efectivas de combatirla resulta esencial en determinadas profesiones, como las relacionadas con las redes sociales y la comunicación digital. Con el Máster en Social Media online de UNIR los estudiantes acceden a una formación práctica que se fundamenta en casos reales y que los prepara para saber manejar todo tipo de herramientas de gestión, programación y difusión de contenidos en redes sociales.
¿Qué es la desinformación?
La desinformación es la difusión intencionada de información falsa o engañosa, descontextualizada o parcial, con el fin de confundir, persuadir y manipular a las personas, según la definición recogida en la página del Departamento de Seguridad Nacional (DSN), dependiente de la Presidencia del Gobierno.
Por tanto, la desinformación implica la existencia de deliberación. No se trata simplemente de errores o informaciones incorrectas, sino que para hablar de desinformación debe haber voluntad de engañar o manipular.
Desde una perspectiva académica, Julia Alicia Olmo y Romero, embajadora en misión especial para las amenazas híbridas y ciberseguridad del Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, definía así la desinformación: “Es la difusión intencionada de información no rigurosa que busca minar la confianza pública, distorsionar los hechos, transmitir una determinada forma de percibir la realidad y explotar vulnerabilidades con el objetivo de desestabilizar.”
Tipos de desinformación
Entre los principales tipos de desinformación, pueden encontrarse los siguientes:
- Bulos o fake news. Es información falsa generada intencionalmente para ser divulgada con el objetivo de manipular y engañar. Las redes sociales, unidas a la Inteligencia Artificial, hacen que proliferen los bulos, especialmente cuando surgen catástrofes. Ocurrió, por ejemplo, con la DANA de Valencia o el accidente de tren de Adamuz. En el primer caso circuló la falsa noticia de que el parking de Bonaire estaba lleno de cadáveres y que era un cementerio, algo que se desmintió cuando se pudo acceder al mismo. En Adamuz se difundieron imágenes creadas con IA con los trenes ardiendo o que las autoridades habían pedido que la ciudadanía acudiese a la zona con chalecos reflectantes.
- Contenido engañoso o manipulador. El cometido en este caso es distorsionar la percepción de los receptores, mezclando datos reales con verdades parciales, imágenes manipuladas o mezclas de hechos reales.
- Malinformación. Se trata de información real que se emplea de forma malintencionada con la finalidad de causar un daño reputacional, social o político. Un ejemplo de malinformación sería la divulgación de datos personales, secretos o contenido sensible con el objetivo de arruinar el estatus de alguien.
- Misinformación. Este término se refiere a contenidos falsos o poco precisos que circulan sin intención deliberada de engañar. Por lo general, es consecuencia de errores, confusiones o interpretaciones erróneas y puede convertirse en terreno fértil para la desinformación cuando se comparte con intención.
¿Cómo se extiende la desinformación?
El hecho de que la desinformación se haya disparado en las últimas décadas no es consecuencia de un único factor, sino de la convergencia de varios elementos interrelacionados, entre los que destacan los siguientes:
- La difusión instantánea y masiva que permiten las plataformas digitales. Las redes sociales, junto con aplicaciones de mensajería y otros canales digitales, posibilitan que se pueda compartir información a través de un único clic, de forma instantánea y con un alcance potencialmente global. Son factores que facilitan enormemente la difusión de bulos y contenidos manipulados y, por ello, la desinformación en las redes sociales es un fenómeno tan extendido.
- El gran analfabetismo digital y mediático que existe. La gran mayoría de usuarios de plataformas digitales no cuenta con los conocimientos y habilidades necesarias para evaluar si la información que reciben es veraz o no. Es habitual que se compartan contenidos sin contrastar porque no existe el hábito de verificar si esa información es o no fiable.
- Los intereses estratégicos que mueven la desinformación. Detrás de muchas campañas de bulos, información sesgada y manipulada se encuentran actores con objetivos muy concretos: influir en la opinión pública, deslegitimar instituciones, manipular procesos electorales o polarizar sociedades, entre otros. Es esta una de las mayores preocupaciones de los países democráticos y desde el Ministerio de Asuntos Exteriores del Gobierno de España se advierte de campañas de manipulación informativa promovidas desde fuera, con intención de interferir en asuntos nacionales.
- La proliferación del contenido generado por el usuario. En la presente era digital cualquiera puede elaborar noticias, vídeos, audios o cadenas, sin necesidad de conocer las mínimas reglas de ética periodística. De esta forma, se favorece la circulación de información que no ha pasado los filtros tradicionales del periodismo y que no cuenta con verificación editorial.
Conocer el abecé de la desinformación y los motivos de su proliferación sienta las bases para comenzar a combatirla a través de la educación.

¿Cómo combatir la desinformación?
Las estrategias para hacer frente a la desinformación deben enfocarse desde diversos puntos de vista: individual, colectivo e institucional. Estas son algunas de las líneas de actuación que se muestran más efectivas:
Fomentar la educación y la alfabetización mediática
Educar desde edades tempranas sobre cómo diferenciar fuentes fiables, reconocer sesgos y entender la diferencia entre información verificada y contenido viral emotivo sin verificar es una medida indispensable para promover el pensamiento crítico y la cultura digital entre los más pequeños.
Apostar por el periodismo riguroso y del fact-checking
Apoyar aquellos medios y organizaciones que se dedican a la comprobación de los hechos, también conocido con el anglicismo fact-checking, es una buena forma de ayudar a desactivar bulos.
En un momento en el que cualquier persona con acceso a internet puede publicar información, las empresas periodísticas tienen la oportunidad de demostrar su profesionalidad, manteniendo sus estándares de calidad en lo más alto. La verificación de datos, el contraste de fuentes, la transparencia y la ética profesional nunca han sido tan necesarias.
Regular las plataformas digitales para exigirles responsabilidades
Cada vez son más los organismos que exigen a las plataformas digitales que implementen mecanismos de detección de desinformación, alertas de contenido dudoso, reducción de la visibilidad de mensajes virales no verificados y control de cuentas automatizadas o bots. La iniciativa Por un internet confiable, de la UNESCO, tiene por objetivo requerir de las plataformas que se respeten los derechos humanos, que exista transparencia y que, si no cumplen, paguen el precio.
También el Reglamento de Servicios Digitales del Parlamento Europeo establece obligaciones legales para las plataformas digitales de gran tamaño, con el objetivo de prevenir la difusión de contenidos ilícitos o nocivos, incluyendo la desinformación.
Asumir responsabilidad de forma individual
Cada uno de nosotros también debemos asumir nuestra responsabilidad en la prevención de la desinformación y preguntarnos si lo que vamos a compartir proviene de un medio reconocido y si está respaldado por datos.
Es necesario consultar varias fuentes, apostando por medios con reconocida reputación y, sobre todo, leer más allá de los titulares.
Instituciones como el Parlamento Europeo tienen a disposición de la ciudadanía en su página web varios cuestionarios sobre desinformación para que verificar cuánto se sabe sobre el tema.
Combatir la desinformación es un trabajo de todos en el que deben implicarse las instituciones, los medios de comunicación, las plataformas digitales y los ciudadanos a nivel individual. Solo remando en la misma dirección será posible revertir el daño que causan las noticias falsas y preservar la confianza en la información veraz y honesta.
Bibliografía
- UNESCO. (2024). Directrices para la gobernanza de las plataformas digitales: Salvaguardar la libertad de expresión y el acceso a la información . UNESCO. Tomado de: https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000387360
- Departamento de Seguridad Nacional. (2025, 25 de agosto). ¿De qué hablamos cuando hablamos de desinformación? Gobierno de España — DSN. Tomado de: https://www.dsn.gob.es/en/node/27461
- European Commission. (2024). Reglamento de Servicios Digitales (Digital Services Act) — Resumen para el público (EUR-Lex). Comisión Europea / EUR-Lex.Tomado de: https://eur-lex.europa.eu/ES/legal-content/summary/digital-services-act.html
- Agencia Española de Protección de Datos (AEPD). (2024). El Reglamento de Servicios Digitales (DSA) explicado (Guía/Informe, PDF). AEPD. Tomado de: https://www.aepd.es/documento/el-reglamento-de-servicios-digitales-dsa-explicado.pdf
- Sílice — CSIC. (2024). Desinformación y alfabetización mediática desde las instituciones: los decálogos contra las fake news. CSIC / Sílice.
https://silice.csic.es/publication/c4719ce5-dc9d-43f6-b202-b4d07b5f6601






