Jorge Arana Varona
De Toledo a Helsinki, el patinador sobre hielo ha cruzado Europa para luchar por su sueño. Paralelamente, estudia el Grado en Matemática Computacional en UNIR y forma parte del PADAN, convencido de que “la formación académica es clave para poder mirar al futuro con tranquilidad”.

Desde Toledo a Helsinki, la trayectoria de Héctor González (Toledo, 2004) como patinador de danza sobre hielo refleja una progresión deportiva constante marcada por su constancia en la persecución de un sueño. Natural de la ciudad de las tres culturas, el joven deportista español decidió cruzar Europa para profesionalizarse en una disciplina con poca cultura nacional.
Este sueño ya empieza a dar sus primeros frutos. En su primera temporada compitiendo junto a su actual pareja, ha logrado una medalla de bronce en el Tallinn Trophy, además de participar en pruebas del circuito Grand Prix Júnior en Italia y Abu Dabi. Además, el pasado 15 de diciembre de 2025 Lara Sundberg, pareja de Héctor, y el toledano se alzaron con su primer oro en el Campeonato de España Iberdrola de Patinaje.
Sin embargo, el crecimiento de Héctor no se mide solo en resultados sobre el hielo. Integrante del Programa de Apoyo para Deportistas de Alto Nivel (PADAN) de UNIR, compagina su carrera deportiva con el Grado en Matemática Computacional, convencido de que la formación es imprescindible para construir un futuro sólido.
“El patinaje no es un deporte mayoritario en España y es muy complicado ganarte la vida solo con esto. Yo sabía que no podía abandonar mis estudios”, afirma. Esta carrera dual le permite afrontar la alta competición con mayor tranquilidad y perspectiva.
“El patinaje llegó a mi vida casi sin buscarlo”
El estudiante de UNIR no creció soñando con medallas ni podios. Su primer contacto con el patinaje sobre hielo fue casual, casi anecdótico. “Empecé gracias a una amiga que me invitó a su cumpleaños. Me gustó tanto que decidí apuntarme a un curso de invierno y ahí fue cuando los entrenadores me animaron a seguir”, recuerda.
A diferencia de muchos deportistas de élite, Héctor se inició relativamente tarde, con diez u once años. Probó distintas disciplinas hasta encontrar su lugar en la danza sobre hielo, una modalidad que combina técnica, coordinación y expresión artística. “Me gustaba patinar acompañado, compartir el hielo con otra persona. La danza tiene mucho de conexión y de trabajo en equipo”, explica.
Ese trabajo conjunto le llevó pronto a comprender una de las realidades menos visibles del patinaje: la fragilidad de las parejas deportivas. “Cuando cambias de pareja lo pierdes todo: ranking, puntuación, ayudas… Empiezas desde cero. El nivel sigue ahí, pero mentalmente es duro”, reconoce.
De Toledo a Helsinki: crecer para competir
La necesidad de seguir avanzando llevó a Héctor a tomar una decisión clave: emigrar de España. Actualmente vive y entrena en Helsinki, en un centro de alto rendimiento con entrenadores y patinadores de nivel olímpico. “No es una decisión que tomes de un día para otro. Te vas porque quieres crecer y porque sabes que necesitas el mejor entorno posible”, afirma.
En la capital finlandesa entrena a diario en un centro especializado, compartiendo pista con otras parejas de danza sobre hielo. La exigencia es máxima, tanto a nivel técnico como físico. “Entrenamos con varias parejas a la vez, lo que te obliga a estar siempre concentrado. Hay mucha velocidad, elevaciones y riesgo, y eso también te hace crecer”, señala. Las sesiones combinan trabajo sobre el hielo, preparación física y formación en danza, una parte fundamental en una disciplina donde la interpretación y la coordinación son clave.
Este cambio de país también ha supuesto un importante aprendizaje personal. Vivir fuera, adaptarse a otro idioma y a una cultura diferente ha reforzado su madurez dentro y fuera del deporte. “Estar lejos de casa te obliga a organizarte mejor y a ser más responsable. Todo suma cuando estás persiguiendo un objetivo tan exigente”, reconoce, que compagina su día a día en Finlandia con viajes constantes a competiciones internacionales.
Sin embargo, para Héctor el alto rendimiento no termina cuando se cierra la pista.
“No podía permitirme renunciar a mis estudios”
Actualmente Héctor cursa el Grado en Matemática Computacional en UNIR, una decisión que tomó pensando en el largo plazo. “Siempre quise estudiar matemáticas. La parte computacional no la tenía tan clara, pero entendí que hoy en día es fundamental para el futuro”, explica.
Aquí entra en juego el PADAN, un programa que para Héctor ha marcado la diferencia. “La flexibilidad es clave. En temporada de competiciones hay semanas en las que es imposible cumplir con todo. Poder ajustar entregas o exámenes es fundamental”, señala.

El PADAN ofrece un apoyo integral a los deportistas. Los estudiantes disponen de un mentor que los acompaña en el estudio y también le da apoyo psicológico, con estrategias que ayudan a afrontar la alta presión a la que suelen estar sometidos. Además, cuentan con el asesoramiento de la directora del programa y un compañero o “coaching estudiantil” que colabora de manera voluntaria.
Más allá del tiempo, Héctor subraya el impacto mental positivo: “En competición no puedes estar pensando en actividades o exámenes. Necesitas estar concentrado al cien por cien. Si no existiera esa comprensión, sería inviable continuar estudiando”.
“Formarme me da tranquilidad y estabilidad”
El patinador insiste en una idea que atraviesa todo su discurso: la formación como apoyo emocional y vital. “Una lesión puede acabar con tu carrera en cualquier momento. Una caída fuerte y ya no puedes volver a competir”, reflexiona.
Por eso, estudiar no es solo una opción profesional, sino una necesidad personal. “Esto no es un hobby, es nuestro trabajo. No obstante, los estudios te dan estabilidad, te permiten mirar más allá del deporte”, asegura.
Competir hoy, pensar en mañana
A largo plazo, el sueño está claro: “Dentro de unos años, el objetivo sería llegar a unos Juegos Olímpicos de Invierno. Es el gran sueño, pero sin perder los pies del suelo”, afirma.
Porque si algo define a Héctor González es esa doble mirada: una puesta en el hielo y otra en el futuro. Un futuro que construye, día a día, con la misma disciplina con la que entrena y estudia.
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