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El positivismo es una corriente filosófica que plantea que la reflexión sobre la realidad del hombre debe estar vinculada a la aplicación de la metodología científica para que sus conclusiones sean válidas.

El positivismo es una corriente de la filosofía que parte de la idea de que todo enunciado deben poder ser analizado y refrendado a través de sus resultados para considerar que tiene sentido. Es decir, es un paradigma metodológico que busca aplicar la metodología científica al estudio de la realidad de la humanidad y el mundo que le rodea, lo que implica que cada idea que se desarrolla debe ser comprobable y contrastable.
Esta corriente filosófica es una de las que se estudian en el Curso de Cualificación para la Enseñanza de Filosofía y Valores Éticos online de UNIR, especialización que se exige a los docentes para poder impartir clases de Filosofía en la ESO y Bachillerato.
¿Qué caracteriza al positivismo?
Hablar del positivismo es hacerlo, como exponen desde la Real Academia Española, de una “doctrina que basa el conocimiento en la comprobación experimental de los hechos y que rechaza cualquier concepto absoluto o universal”. Es decir, es una corriente filosófica que:
- Se centra en la demostración de la realidad.
- Aplica la metodología científica en su proceso de observación y evaluación.
En consecuencia, la escuela positiva se centra en explicar el mundo aplicando los mismos procesos que los científicos implementan en su día a día y que se puede resumir en observación, medición, análisis y extracción de conclusiones. De esta forma, solo se considera válido aquel conocimiento que se puede demostrar a través de datos.
Ahora bien, el surgimiento de la corriente del positivismo provocó también la aparición de su polo opuesto, el antipositivismo. Según esta línea filosófica, el método científico no se puede implementar a la hora de explicar la realidad humana.
La historia del positivismo: Comte
La historia del positivismo se remonta a finales del siglo XVIII y principios del XIX con Auguste Comte como principal exponente, aunque no se puede obviar a otros autores, como Henri de Saint-Simon. A mediados del siglo XIX destacaron también las aportaciones en esta materia de Charles Darwin o, entrados en el XX, las de Theodor Ziehen, por mencionar solo algunos de ellos.
En la formulación de su línea de pensamiento, Comte señala que el hombre ha ido pasando por diferentes fases a la hora de desarrollar y configurar su línea de pensamiento, las cuales se pueden resumir en:
- La teológica, que se servía de la mitología y las creencias para explicar la realidad.
- La filosófica, en la que el hombre se empezó a preguntar por la razón primera de las cosas.
- La positiva, en la que cada realidad necesita de un estudio científico que compruebe la premisa abordada.
De hecho, el filósofo de origen francés afirmaba que “solo la ciencia positiva podía dar leyes que gobiernan no solo la naturaleza sino nuestra propia historia social”.
Otros autores del positivismo
Entre los autores del positivismo más relevantes por la aportación que sus ideas tuvieron a esta corriente filosófica destacan:
- Auguste Comte (Montpellier, 1798- París, 1857). Se le considera el fundador de la corriente positivista. También fue uno de los primeros en realizar una aproximación al concepto de la sociología, al entender que “la ciencia debe olvidar los conceptos para enunciar hipótesis que los hechos puedan verificar o invalidar. Todos nuestros conocimientos deben explicarse por la observación y la experiencia”.
- Henri de Saint-Simon (París, 1760-1825). Coetáneo de Comte, los historiadores consideran que la influencia que tuvo sobre el filósofo francés con su pensamiento socialista fue clave en la construcción de sus líneas de pensamiento.
- Charles Darwin (Reino Unido, 1809-1882). Como recuerda Pacho (2005) en la sinopsis de su obra, “el positivismo, una de las corrientes intelectuales más extendidas hacia mediados de siglo, interpretó los signos del progreso como resultado de una ley natural de la historia general del conocimiento por la que este superaría los atavismos de periodos necesariamente menos afortunados solo por ser anteriores”. Así, muchos debates filosóficos se desarrollan dentro del positivismo, siendo uno de ellos “ocasionado por la más profunda innovación en el conocimiento de la naturaleza orgánica, incluida la del ser humano, habida desde la biología aristotélica”, cuya formulación, recuerda el autor, “ha quedado unida al nombre de Charles Darwin”.
Más adelante, esta corriente influirá en la filosofía del s. XX en autores como Carnap y Karl Popper.
En conclusión, el positivismo parte del método científico para tratar de entender y explicar la realidad del hombre y del entorno con el que se relaciona. De esta forma, se abstrae de todos aquellos planteamientos que no se basan en el estudio así como verificación de los hechos, y se quedan simplemente en el plano de las ideas abstractas.







