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Vocación, formación y reinserción: los tres mantras de Asun Gutiérrez García, una trabajadora social en prisiones

Con más de una década trabajando en instituciones penitenciarias, Asun reflexiona sobre el sistema, habla de los principales retos de su profesión, del papel que juegan las familias y de las herramientas necesarias para abordar con éxito su día a día.

La trabajadora social Asun Gutiérrez García.

¿Es posible saber lo qué quieres ser en la vida cuando tienes 15 años? Muchos de los adolescentes sueñan con ser actores o actrices, ídolos de la música o astronautas, triunfar como futbolistas o influencers, ser presentadores de televisión e incluso médicos o periodistas. Sin embargo, con esa edad, Asun Gutiérrez García decidió tomar un camino bien distinto.

Todo comenzó cuando un grupo de orientadores y consejeros educativos acudieron en 4º de la ESO a su colegio con el fin de ayudar a elegir a los alumnos un camino profesional para el futuro. En aquel momento, Asun descubrió su verdadera vocación: el trabajo social. “Me gustó la presentación que nos hicieron y conocí asignaturas como Técnicas de Investigación Social, Entrevista Aplicada al Trabajo Social o Economía, que me atrajeron mucho”, recuerda. A partir de ese día, se puso a investigar por su cuenta sobre esa profesión, incluso en la biblioteca de su pueblo, donde se pasaba horas con el objetivo de confirmar que ese era el rumbo que quería tomar.

Grado en Trabajo Social

Asun estudió Trabajo Social en la Universidad de Deusto en 2005. Desde entonces, su trayectoria ha estado marcada por la vocación y la búsqueda constante de formación. Tras completar un Máster en Intervención Familiar Sistémica en Comillas y especializarse en violencia de género, su carrera dio un giro inesperado: una vacante en la prisión de Burgos le abrió las puertas hacia un mundo nuevo.

Hoy, tras más de diez años en instituciones penitenciarias, primero en Canarias y ahora en Santoña, Cantabria, Asun se define como una profesional apasionada por su trabajo, convencida de que el papel del trabajador social es fundamental para la reinserción de los reclusos. “Somos el puente entre los internos y la sociedad”, dice.

“Nuestro objetivo principal lo marca la Constitución: las penas deben orientarse hacia la reeducación y la reinserción social”, explica, citando el artículo 25 de la Carta Magna como guía de su labor diaria. Su historia es la de una mujer que apostó por una profesión poco convencional y que, desde dentro del sistema, lucha por dignificarla.

Reinserción: “El objetivo principal de esta profesión lo marca la Constitución: las penas deben orientarse hacia la reeducación y la reinserción social”.

En una cárcel, los trabajadores sociales son los encargados de evaluar, intervenir y apoyar en el proceso de reinserción social de las personas privadas de libertad. Sus funciones incluyen la realización de diagnósticos sociales, la elaboración e implementación de planes de intervención individualizados, el trabajo con las familias, la coordinación con otros profesionales y la participación en juntas de tratamiento.

Vocación y formación

Pero si te dedicas al trabajo social no basta con tener conocimientos técnicos: “Sobre todo, tiene que gustarte el trato con las personas, sea cual sea el colectivo, y tener una amplia visión de la sociedad y las problemáticas a las que te puedes enfrentar”, afirma.

Formación: “Cuando acabas la carrera, lo más importante es continuar formándote, mantenerse informado y actualizado en todo momento”.

La vocación es clave, pero también la capacidad de mantenerse informado y actualizado en todo momento: “Cuando acabas la carrera, lo más importante es continuar formándote si te lo puedes permitir”. En su caso, dos másteres y varios traslados fueron parte de su aprendizaje: “Vivir en otro lugar, con otras costumbres, educa y madura a las personas, no tengo ninguna duda”, sostiene.

Consejos para futuros profesionales y salidas laborales

Asun Gutiérrez García anima a viajar y a trabajar en diferentes ámbitos a quienes se plantean estudiar Trabajo Social. “Viajar lo considero vital, porque te lleva a cuestionar tu propio sistema de valores”, asegura. También recomienda no centrarse en un único colectivo: “Es importante trabajar en todos los ámbitos que se pueda, también el aprendizaje continuo y, de cara al futuro, decidir si opositar, eso sí, con la conciencia clara de a lo qué te puedes enfrentar”.

Abrir la mente: “Viajar cuando eres joven lo considero vital, porque te lleva a cuestionar tu propio sistema de valores. Educa y madura a las personas”.

El panorama laboral de los trabajadores sociales es muy amplio, pero no siempre es todo lo equitativo que sería deseable. “Ahora mismo creo que donde más salidas hay es en residencias y ayuda a domicilio, sectores por lo general mal remunerados y faltos de reconocimiento”, se lamenta.

En su caso, su llegada al ámbito penitenciario se produjo de forma casual. “Cubrir una baja en el Centro Penitenciario de Burgos fue una experiencia que me gustó tanto, que hizo que el esfuerzo por opositar mereciese la pena”, recuerda.

Su función principal hoy es ser el nexo entre los internos y sus familias, además de coordinar también recursos externos. Asun explica que con los familiares siempre hay que tener mucho cuidado con lo que se dice y cómo se dice. “Yo suelo apuntarme lo que les he contado, ya que uno es dueño de lo que cuenta, no de lo que entiende la otra persona”, asegura.

El problema añadido de la salud mental

Uno de los proyectos en los que participa esta trabajadora social es el Programa de Atención Integral a Enfermos Mentales (PAEIM), un plan penitenciario dirigido a reclusos con trastornos mentales graves, que busca en España fomentar su autonomía, mejorar su tratamiento y facilitar su rehabilitación social mediante un enfoque multidisciplinar y la coordinación con los recursos comunitarios, preparando para la vida en libertad y reduciendo el impacto de la enfermedad.

Esta especialista considera que “las patologías mentales están bastante desatendidas y sufren un estigma social, que se agrava todavía más si van unidas a las palabras prisión o cárcel. Por desgracia, están en auge ya no solo en los centros penitenciarios, si no también en la calle”.

El PAIEM está compuesto por un equipo multidisciplinar y su misión es conseguir la futura reinserción de los reclusos-pacientes. Lo peor viene cuando esta persona sin un entorno social adecuado se tiene que preparar para su vuelta a la sociedad. “Solemos encontrarnos con entornos familiares muy quemados, personas enfermas de largo recorrido u otras que ni siquiera han sido diagnosticadas y están totalmente fuera del sistema sanitario. Lamentablemente, en el momento de salir de prisión, si no cuentan con un apoyo constante es muy fácil que abandonen su tratamiento. La carencia de centros, de recursos y de apoyos que tiene este colectivo va en aumento y cada vez afecta a una población más joven”, revela.

El papel de la Junta de Tratamiento

En este contexto, para esta especialista, el diagnóstico social es una herramienta poderosa, aunque aún poco trabajada en la formación académica. “Siempre hago la similitud con los médicos: uno va al médico y le cuenta síntomas para que le diga qué tienes; y con el trabajo social debería pasar lo mismo”, señala. Este diagnóstico, que se va actualizando durante la condena que cumple el recluso, permite diseñar acciones concretas.

Según explica, el trabajador social tiene, además, un papel vital en la Junta de Tratamiento de cualquier prisión, un órgano colegiado presidido por el director del centro y formado por profesionales (psicólogos, médicos, educadores, etc.) con la misión de definir y supervisar el programa de reeducación y reinserción de los internos.

Tender puentes: “Los trabajadores sociales de prisiones somos el puente entre los internos y la sociedad”.

Este organismo establece una clasificación inicial, la progresión o regresión del grado (tercer grado, libertad condicional), la concesión de permisos de salida y otras medidas para su adaptación social, con el objetivo de que respeten la ley al salir de prisión. “En este entorno, los trabajadores sociales somos el enlace entre el interno y su medio social y familiar, y nuestro voto vale tanto como el de psicólogos y juristas”, afirma.

La formación continua es indispensable

Según explica Asun, la formación debe ser permanente, porque, “con el tiempo, todos nos desactualizamos, y si al principio crees que lo sabes todo, luego ves que las leyes cambian y estás obligado a ponerte al día”, destaca. En este sentido, la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias ofrece cursos, aunque no siempre accesibles, y los colegios profesionales son otra fuente de aprendizaje. Pero también quiere poner en valor la formación continua que ofrecen instituciones como UNIR.

La Universidad Internacional de La Rioja imparte el Grado en Trabajo Social, un programa oficial de cuatro años, en formato online, que capacita de forma activa y práctica en el diagnóstico de problemas y el diseño de políticas que favorecen el avance social. UNIR impulsa los conocimientos y habilidades en campos como la dependencia, la familia, la prevención, la educación, la justicia, así como en el peritaje o la exclusión social.

Trabajo de campo: “El diagnóstico social, evaluar la situación familiar, laboral, educativa, sanitaria y económica de cada interno es esencial”.

La importancia de los indicadores

Hoy existe una carencia enorme de formación en trabajo social, sobre todo a la hora de realizar los diagnósticos. En este contexto, evaluar la situación familiar, laboral, educativa, sanitaria y económica de cada interno es esencial. “Simplemente teniendo en cuenta las líneas del diagnóstico social debería conocerse a la persona de forma integral. Nos sirve como punto de partida a la hora de elaborar acciones concretas, siendo, por lo tanto, una herramienta cambiante a lo largo de toda la condena, lo que hace que podamos evaluar qué acciones vamos llevando a cabo con la persona y así ir modificando la clasificación de los indicadores“. Unos parámetros que habitualmente tienen que ver con:

  1. Convivencia / apoyo familiar
  2. Apoyo Social.
  3. Hábitos laborales consolidados / no consolidados.
  4. Formación. Finalizada/ no finalizada.
  5. Medios económicos.
  6.  Salud.

Un día ‘normal’ de trabajo

Su día a día no es fácil: entrevistas complejas, noticias difíciles de comunicar y la carga emocional son parte habitual de su trabajo. “Aunque me gustaría decir que todos los días son maravillosos, no es así… Los hay, como pasa en todas las profesiones, que son para olvidar, pero también tengo muchas jornadas muy interesantes, tranquilas y productivas”, admite antes de subrayar una cuestión clave: “Al tratar habitualmente con personas que, por regla general, únicamente nos cuentan problemas, es muy importante tener bien cargada tu propia mochila personal”.

Asun confiesa que algunos días viene de casa con mejor talante que otros, ya sea porque ha descansado, porque es viernes o simplemente porque ha salido el sol. “La carga diaria de problemas y la acumulación de gestiones pendientes -una noticia que sabes que tienes que comunicar o porque hay que tratar un tema que va a ser complicado de asimilar- puede hacer que, en un momento dado, piense en la hora de salida, pero otros, ocurre todo lo contrario”. Sin duda, un trabajo duro, pero también apasionante desde el punto de vista humano.

Esta trabajadora social resume su filosofía en una idea: el trabajo social es más que una profesión, es una forma de entender la vida. Requiere vocación, sacrificio y una mirada amplia sobre la sociedad. “Viajar, aprender y adaptarse son esenciales para crecer como profesional y como persona”, destaca. Su historia es la de alguien que eligió un camino poco convencional y que, desde dentro del sistema penitenciario, trabaja cada día para que la reinserción sea una realidad. Un contexto muy complicado en el que la formación es a la vez su lanza y su escudo.


Contexto y funciones principales

  • Ámbito de actuación: Las intervenciones se desarrollan tanto dentro como fuera de los centros penitenciarios, e incluso con personas en régimen de libertad condicional.
  • Proceso de oposición: Para acceder a este puesto de trabajo, es necesario superar oposiciones específicas para el cuerpo de Trabajo Social en Instituciones Penitenciarias.
  • Salario: En España, el sueldo medio ronda los 1.800 euros mensuales, aunque puede variar según complementos, antigüedad y responsabilidades.
  • Diagnóstico social: Evaluar la situación social, familiar, laboral, educativa, sanitaria y económica de cada interno.
  • Planes de intervención: Diseñar y seguir programas individualizados para abordar necesidades en áreas como formación, empleo, salud, vivienda y relaciones familiares y sociales.
  • Apoyo a internos y familias: Actuar como nexo entre el interno y su entorno social, y trabajar con las familias para facilitar la reinserción.
  • Coordinación: Colaborar con otros profesionales (psicólogos, educadores, médicos) para llevar a cabo, muy importante, intervenciones multidisciplinares.
  • Participación en juntas de tratamiento: Formar parte de los equipos que toman decisiones sobre permisos, clasificación de grado y libertad condicional.
  • Apoyo a la salida de prisión: Preparar a los internos para su liberación con el fin de evitar la reincidencia.
  • Facultad de Artes y Ciencias Sociales

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