Jorge Arana Varona
América Latina afronta una escalada de ataques digitales que ya afecta a ciudadanos, empresas e instituciones. En el Foro UNIR, expertos analizaron cómo evoluciona la ciberdelincuencia en la región y por qué la prevención sigue llegando tarde.

La digitalización avanza a gran velocidad en América Latina, pero la cultura de prevención no crece al mismo ritmo. Cada vez más personas usan su celular para operar con el banco, comprar por internet, transferir dinero o gestionar información personal. Esa comodidad también ha ampliado el terreno para los delincuentes digitales.
Ese fue el punto de partida del Foro UNIR dedicado a la ciberdelincuencia en América Latina, un fenómeno que ya no puede entenderse como un problema técnico aislado, sino como una amenaza cotidiana que impacta a usuarios, organizaciones y administraciones públicas.
Participaron Mirna Zárate Hernández, subdirectora de Cibercriminología contra el Terrorismo en el Centro Nacional de Estudios sobre el Terrorismo y su Financiamiento; Nahikari Sánchez-Herrero, directora del Área de Ciencias de la Seguridad de la Facultad de Derecho de UNIR; y Andrea Robles González, coordinadora académica del Máster Universitario en Victimología de UNIR.
Desde el inicio, Mirna Zárate dejó clara la idea central del encuentro: “si no conozco las formas en que estos ciberdelincuentes atacan, va a ser muchísimo más difícil prevenir”. Su planteamiento marcó el eje del foro: antes de hablar de soluciones, hay que entender cómo operan estos delitos y qué vulnerabilidades explotan.
Cinco claves del Foro UNIR
- La prevención empieza por comprender el ataque: “Si yo no conozco las formas en que estos ciberdelincuentes atacan, va a ser muchísimo más difícil prevenir”, afirmó Mirna Zárate, al defender que la cibercriminología debe estudiar tipologías, canales y patrones antes de diseñar protocolos eficaces.
- Andrea Robles recordó que “los ataques de ingeniería social se basan en manipular a las personas”, y subrayó que muchas estafas no empiezan con una falla técnica, sino con un engaño emocional basado en miedo, urgencia o confianza.
- El crimen digital no reemplaza al tradicional, lo fortalece: “La ciberdelincuencia no sustituye al crimen tradicional, pero sí lo potencia y lo transforma”, explicó Nahikari Sánchez-Herrero al analizar la convergencia entre estructuras físicas y digitales.
- “La inteligencia artificial es un acelerador”, advirtió Nahikari, al señalar que puede amplificar tanto la capacidad operativa del delincuente como los desafíos para prevenir, investigar y contener estos delitos.
- Mirna Zárate resumió el móvil más frecuente con una frase directa: “siempre van a buscar una forma de poder llegar hacia nosotros o hacia las organizaciones para obtener algo a cambio”, ya sea dinero, credenciales, datos o reputación.
Cómo atacan
Mirna Zárate centró buena parte de su intervención en describir las principales tipologías que hoy afectan a América Latina. La primera fue el phishing, al que definió como una de las puertas de entrada más persistentes del cibercrimen. Ya no llega solo por correo electrónico. También aparece por WhatsApp, redes sociales o mensajes que suplantan bancos, instituciones o comercios.
Su explicación fue muy clara: el objetivo no es solo engañar, sino explotar el momento de vulnerabilidad de la víctima. “Es muchísimo más fácil engañar a las personas”, señaló, al hablar de mensajes que apelan al miedo, la urgencia o la ansiedad para que alguien entregue datos personales o bancarios sin verificar.
Después abordó el ransomware, al que describió como un secuestro digital a gran escala. El delincuente entra al sistema, roba o cifra la información y después exige un pago para devolver el acceso. “Ya no es secuestro de personas, ya es de datos”, resumió, trasladando una idea poderosa: muchos delitos clásicos han cambiado de espacio, pero mantienen la misma lógica de extorsión.
También explicó los fraudes digitales, donde la meta sigue siendo económica. Ahí aparecen llamadas falsas de bancos, mensajes de texto, suplantaciones y accesos a aplicaciones financieras. El mecanismo cambia, pero el fin es el mismo: desviar dinero o capturar información sensible para monetizarla.
Las víctimas
Andrea Robles llevó el debate al terreno de la victimología y puso el foco en un punto decisivo: en internet muchas veces no percibimos el riesgo del mismo modo que en el espacio físico. No vemos al agresor, no sentimos el entorno hostil y, por eso, bajamos la guardia más fácilmente.
Por eso insistió en el papel de la ingeniería social. “Los ataques de ingeniería social se basan en manipular a las personas”, explicó. No se trata solo de vulnerar un sistema, sino de inducir a una persona a actuar contra sus propios intereses: compartir datos, hacer clic, descargar archivos o enviar dinero.
Robles también subrayó el papel de las fake news y de los mensajes falsos que circulan con apariencia de verdad. En muchos casos, el primer paso hacia una estafa no es técnico, sino narrativo: una historia falsa, una oferta exclusiva o una noticia alarmante que empuja a la víctima a actuar sin pensar.
Ahí su mensaje fue especialmente útil: hay que verificar fuentes, revisar páginas, contrastar información y no reaccionar únicamente desde la emoción. El delincuente digital no siempre necesita romper una barrera tecnológica. A veces le basta con construir una historia creíble.
La nueva escala
Nahikari Sánchez-Herrero aportó una mirada más estructural. Su tesis fue que la ciberdelincuencia ya no puede entenderse como un fenómeno separado del crimen organizado tradicional. Ambos mundos convergen y se refuerzan.
“La ciberdelincuencia no sustituye al crimen tradicional, pero sí lo potencia y lo transforma”, afirmó. Eso significa que estructuras dedicadas históricamente a la extorsión, el fraude o el blanqueo ahora incorporan herramientas digitales para ampliar su alcance, reducir riesgos y aumentar beneficios.
Su intervención fue especialmente relevante al hablar de la inteligencia artificial. Lejos de presentarla solo como amenaza o como solución, la definió como un factor que multiplica capacidades. “Más que un riesgo o una ayuda, es un acelerador”, explicó. Puede servir para prevenir, pero también para atacar mejor, con mayor escala y más velocidad.
Desde la criminología, añadió, esto obliga a repensar el análisis del delito. La naturaleza básica no cambia, pero sí cambian su alcance, su capacidad ofensiva y las condiciones para intervenir. El problema ya no está solo en el dispositivo o en el software, sino en la estructura criminal que aprende a operar en entornos híbridos.
Deepfakes y abuso
Uno de los momentos más impactantes del foro fue cuando Mirna Zárate explicó algunos casos recientes de deepfakes y abuso digital. Mencionó ejemplos de videos falsos de figuras públicas usados para estafas de inversión, así como casos de manipulación de imágenes de estudiantes con fines sexuales.
Su advertencia fue contundente: ya no se trata solo de correos mal redactados o páginas mal hechas. Hoy el engaño puede parecer completamente real. Se pueden recrear rostros, voces, videollamadas y escenas que dan al usuario una falsa sensación de autenticidad.
En ese punto, Zárate subrayó algo inquietante: muchas víctimas no caen por ingenuidad, sino porque lo que ven parece legítimo. El problema es que la tecnología está elevando el nivel de credibilidad del engaño y eso obliga a reforzar mucho más la prevención, la formación y la capacidad institucional de respuesta.
Lo que deja el foro
El gran valor del foro estuvo en que no trató la ciberdelincuencia como una amenaza abstracta, sino como una realidad concreta que ya afecta a América Latina en múltiples niveles. Las tres especialistas coincidieron en que el problema no es solo tecnológico. También es cultural, institucional y preventivo.
Mirna Zárate insistió en que hay que estudiar primero las formas del delito para poder responder mejor. Andrea Robles recordó que las víctimas necesitan más herramientas para reconocer manipulación y reducir su exposición. Y Nahikari Sánchez-Herrero dejó claro que el delito digital no está aislado, sino integrado en un ecosistema criminal más amplio.
En conjunto, el mensaje fue muy claro: mientras la región siga viendo la seguridad digital como un asunto secundario, los delincuentes seguirán moviéndose con ventaja. Ellos ya entendieron que el entorno cambió. La pregunta es cuánto tardaremos nosotros en actuar en consecuencia.
- Facultad de Derecho



