Jueves, 16 agosto 2018

Cómo estimular la curiosidad de tus alumnos para mejorar su aprendizaje en el aula

La curiosidad es un impulso básico en los seres humanos, es una habilidad que necesitamos y viene de serie, pero como otras, no es igual en todos nosotros ni sentimos la misma curiosidad por todo. Suele ser un rasgo estable, pero puede aumentar y disminuir según las circunstancias y el contexto.

Ventajas de ser curioso

Si eres curioso, ¡enhorabuena!:

Aprenderás más rápido y mejor.

-Tendrás interés por muchas disciplinas.

-Mejorará tu atención.

-Desarrollarás tu memoria.

Comprenderás mejor el mundo que te rodea y a las personas con las que te relacionas.

-Afrontarás mejor tus problemas.

-Serás perseverante ante desafíos y contratiempos.

-Realizarás muchas preguntas.

-Escucharás sin juzgar.

-Mostrarás una mayor apertura a nuevas ideas.

Innovarás.

-Te adaptarás mejor a entornos cambiantes.

   Nunca reniegues de tu curiosidad, hacer preguntas es sano y positivo.

La curiosidad y el aprendizaje

Cuando los alumnos sienten curiosidad es más fácil que se interesen en un tema y aprendan. La química de nuestro cerebro se modifica cuando estamos en un estado de curiosidad.

La curiosidad es un catalizador para el aprendizaje que, en la mayoría de las ocasiones, se materializa por medio de preguntas que, a veces, pueden llegar a abrumar a los profesores. En este sentido, el uso de metodologías activas, en las que los alumnos son los protagonistas, suponen un paso importante para que los estudiantes puedan buscar respuestas a sus propias preguntas.

Ser curioso es un rasgo fundamental de alumnos con buenos resultados académicos, pudiendo resultar tan decisivo como la inteligencia.

   Un alumno curioso aprenderá con interés y entrega.

La curiosidad en el aula

Si podemos estar de acuerdo en que la curiosidad es positiva para nuestros estudiantes, debemos buscar formas para promoverla en el aula:

-Responder a diferentes inteligencias y estilos de aprendizaje.

-Trabajar por proyectos.

-Emplear metodologías activas, introduciendo la curiosidad como parte del proceso de diseño instruccional.

-Permitir que los alumnos exploren y jueguen.

-Dejar de ser los expertos y cederles la palabra, el protagonismo y el liderazgo.

-Analizar la curiosidad mediante metaaprendizaje.

-Recompensar la curiosidad y las preguntas.

-Animar a nuestros alumnos a preguntar y a ser curiosos, a que no se sientan avergonzados de esa curiosidad y necesidad de hacer preguntas.

-Crear un ambiente que promueva el diálogo y el debate.

-Recordar que la curiosidad, como el aprendizaje, es personal y diferente en cada alumno.

-Evitar dar las respuestas, hacer que sean ellos los que investiguen y reflexionen.

Conectar a los estudiantes, dentro y fuera del aula, ayudándose de las nuevas tecnologías.

-Presentar metáforas, paradojas o contradicciones provocadoras.

-Hacer referencia a la actualidad y a problemas cotidianos.

-Dejar tiempo a los alumnos para reflexionar, pensar sus respuestas, y sus preguntas, y desarrollar sus argumentos.

Si un alumno no muestra curiosidad, debemos promoverla, pues de ella surgirá la innovación

-Despertar la mente filosófica y el pensamiento crítico de nuestros estudiantes.

-Enseñar a los alumnos a ser escépticos.

-Ayudarles a descubrir nuevas culturas, sociedades, lenguas y puntos de vista.

Llevar invitados al aula a los que nuestros estudiantes puedan realizar preguntas.

Dependiendo de nuestros alumnos, buscaremos diferentes formas de aumentar su interés y motivación por el mundo que les rodea, dejando que la curiosidad les guíe hacia un aprendizaje mucho más divertido y fructífero.