Lunes, 25 marzo 2019

Humor en el aula: no te lo tomes a broma

Si en un post anterior hablábamos de cómo etapa tras etapa educativa, lamentablemente, el aprender haciendo iba dejando paso al aprender estudiando, algo parecido sucede con el humor y con la diversión. Parece que año tras año, las risas y el buen humor van dejando paso al estrés y a la seriedad, propios de la vida adulta, en una especie de espiral de responsabilidades sin fin, como si una clase aburrida fuera garante de un mayor y mejor aprendizaje. Personalmente, creo que es más bien al contrario.

Ventajas del buen humor en el aula

Veamos algunas de las posibles ventajas de introducir el humor en el aula:

-Cuando una idea va unida al humor se retiene con más facilidad y durante más tiempo.

-Se favorece la creatividad, mediante la búsqueda de dobles sentidos. Se potencia la imaginación y la originalidad.

-Relacionado con lo anterior, se enriquece nuestra relación con el lenguaje, con el que muchas veces se realiza juegos de palabras para contar chistes.

-Se entienden mejor otros puntos de vista diferentes a los nuestros, riéndose de planteamientos radicales y distorsionados. Se plantea una visión crítica y divertida de la realidad, desarrollando la empatía.

-Proporciona cercanía entre profesor y alumnado.

-La risa es fuente de energía emocional, positivismo y buen ambiente. Sirve para desestresarse y relativizar los problemas y obstáculos.

-Se facilita la comunicación.

-Supone una fuente de motivación para la realización de tareas, activando el interés de los alumnos.

-Se enriquecen los procesos de aprendizaje, convirtiendo la docencia en una experiencia amena y entretenida.

El humor parece una de esas soft skills necesarias para la convivencia, una competencia que podemos y debemos intentar desarrollar en nuestros alumnos para convertirlos en personas más equilibradas. En muchos momentos de la vida, no nos queda más que intentar tomárnoslo con humor, con buen humor, que del otro ya tenemos bastante.

El buen humor del docente

Quizás, tendríamos que plantearnos si el buen humor nace o se hace, puede ser complicado pedir a un docente que haga chistes o que libere su sentido del humor. Creo que ni se puede pedir ni se debe. Cada profesor tiene su propio estilo y no podemos forzarlo.

Veamos algunas ideas para introducir el humor en las clases, siempre dependiendo de tu personalidad:

-Ríete de ti mismo y de tus fallos. Eso te acercará a tus alumnos y les hará sentir que no pasa nada por equivocarse.

-Añade detalles de humor como viñetas para el debate, citas humorísticas o exámenes preparados de forma personalizada.

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-Que los alumnos puedan llevar o crear sus propios chistes y compartirlos con los compañeros. Pueden ser generales o relacionados con la asignatura: chistes de inglés, de matemáticas, de historia, etc.

-¿Es aquí la academia de inglés?

-If, If, between, between

-Crea el día de los disfraces, de los gorros raros, de ir en pijama, o algo similar.

-Incluye algún toque de humor en exámenes o actividades (por ejemplo una opción graciosa o sin sentido en un examen tipo test).

-Si los alumnos están copiando apuntes sin parar, di algo que no tenga sentido, a ver cuántos levantan la cabeza.

-Si estás hablándoles del examen u ofreciendo una lista imposible de nombres y fechas, diles que eso entra en el examen, y luego les dices que es una broma, y descargarán mucha tensión (hazlo solo en caso de que realmente vaya a ser una broma).

-Cuando un alumno te diga que has explicado algo muy bien o que le ha gustado mucho tu clase, dile que “ya sabes que tienes un diez por decir eso” o si contradicen algo que tú has dicho, diles que tienen un cero, o que les tienes fichados. Siempre con una sonrisa, claro.

-Si te equivocas en algo, diles que lo has hecho a propósito, a ver si se daban cuenta, pues tú nunca te equivocas, ya que eres perfecto.

-Introduce en clase frases o menciones de personajes populares o de programas de la televisión, les hará conectar el aprendizaje con su realidad más cercana y les traerá de vuelta al aula, desde sus pensamientos, con una sonrisa.

Esos son algunos ejemplos que yo misma llevo a cabo y siempre consiguen rebajar el estrés de la clase y hacerla más divertida y relajada. Eso también supone que los alumnos van a atreverse a hablar más, a preguntar más, harán sus propias bromas, con menos miedo y las clases serán más fluidas y participativas.

Claves para introducir el buen humor en el aula

Recuerda los siguientes puntos:

-Se trata de reírnos con alguien pero no de alguien.

-La sonrisa es contagiosa.

-No debemos forzar el humor, pero podemos intentarlo y ver qué pasa.

Si no sabes por dónde empezar, puedes comenzar a reflexionar con Mafalda o con otras viñetas de humor.

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Y para terminar, dejo algunas preguntas para la reflexión:

¿No sería mejor la vida si nos tomásemos las cosas con un poquito más de humor?

¿Se puede enseñar el sentido del humor? ¿Cómo?

¿Hasta dónde llega la libertad en el humor y en las bromas? ¿Dónde ponemos los límites?

Esta última cuestión ya supondría un artículo diferente pero, sin duda, puede ser un buen punto de partida para debatir sobre la libertad de expresión.

En la educación, como en la sociedad en general, hay mucho humor, pero no siempre es buen humor. Quizás sea el momento de no tomárnoslo a broma.

Más información

Para que veas que el humor en la educación no es un chiste, puedes echar un vistazo a estos dos estudios que se presentan como ejemplo:

Barrio de la Puente, J. L. y Fernández Solís, J. D. (2010). Educación y Humor: una experiencia pedagógica en la Educación de Adultos. Revista Complutense de Educación. Vol. 21, Nº2 (2010) 365-385.

Muñiz Hernández, L. (1998). Humor y Educación. Primer Seminario Internacional de Educación. Santiago de Chile.