Martes, 11 febrero 2020

Niños con discapacidad visual: cómo atender sus necesidades educativas en aula

El 80% de la información que recibimos es a través de la visión ¿te imaginas el reto que supone a los niños con discapacidad visual adquirir los aprendizajes escolares? ¿O que se sientan seguros en un entorno tan dinámico como la escuela? Desde UNIR te damos las pautas para abordar la discapacidad visual en el aula y estimular a tus alumnos con necesidades educativas especiales.

Sin duda, está en manos de los educadores y el centro cubrir las necesidades educativas de estos alumnos. ¿El primer requisito? Conocer a fondo las características de estos estudiantes y ofrecerles una respuesta educativa de calidad.

Tipos de discapacidad visual

Para valorar el grado de pérdida de visión se evalúan dos dimensiones: la agudeza visual y el campo visual. La agudeza visual es la precisión con la que observamos los objetos a una distancia. El campo visual es el espacio al que abarca nuestra visión (180 grados) cuando mantenemos la vista fija en un punto, es decir: la visión periférica.

 No obstante, la nueva Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11) diferencia cuatro grados de discapacidad visual en base a la agudeza visual, que se representan a través de una fracción. La clasificación sería la siguiente: 

  • – Leve (agudeza visual inferior a 6/12).
  • – Moderada (agudeza visual inferior a 6/18).
  • – Severa (agudeza visual inferior a 6/60).
  • – Ceguera (agudeza visual inferior a 3/30).

Como es de suponer, el desarrollo cognitivo y social de un niño que conserva restos visuales no es el mismo que el de uno que padece ceguera completa. Además, la estimulación sensorial previa a la escolarización es determinante para su evolución. Por lo tanto, las medidas educativas tomadas por el centro y en el aula deben ajustarse a las Necesidades Educativas Especiales (NEE) personales de cada alumno.

Las NEE de los alumnos con discapacidad visual y pautas a seguir en el aula

Imaginemos un profesor al que le vendan los ojos el primer día que imparte clase en un nuevo centro escolar. Pasillos, escaleras, gritos. Un empujón. Otro. Pupitres descolocados, mochilas en el suelo, más gritos… “Sentaos que empieza la asamblea”. “¡Profe, Marco me ha tirado el abrigo!”. Veinte alumnos, veinte sombras, o mucho peor, una pesada oscuridad envolviendo todo. ¿Quién es y dónde está Marco? ¿Qué está haciendo?

A cualquier adulto le resultaría una situación estresante, como mínimo. Nada que ver con ese entorno seguro y relajado que va a propiciar un buen aprendizaje. Ahora pensemos en el alumno con NEE: ¿cuáles son las principales necesidades que se deberían cubrir para mejorar el día a día de los alumnos con problemas de visión? 

Tener una buena organización en el aula y en el centro

Si el entorno permanece, en la medida de lo posible, estable será más fácil para el alumno orientarse y desplazarse por sí solo.

Enseñarle a ser autónomo

No solo a la hora de moverse por el centro, también en su cuidado personal o el uso del material escolar.

Desarrollar su capacidad visual

Si el niño posee restos visuales, por mínimos que sean, el educador debe aprovecharlos. La percepción visual también se puede aprender. De hecho, la ONCE cuenta con diversos programas de estimulación visual para edades tempranas, entre ellos, el programa EVO para niños de entre 4 y 13 años.

Además, en el aula ordinaria se debe cuidar la luz y la presentación de los materiales. Por ejemplo, ampliando las imágenes en las pizarras electrónicas o permitiendo al alumno que use el ordenador.

Estimular el resto de sentidos

Es fundamental la estimulación del resto de sentidos del alumno, especialmente el táctil, para que pueda absorber toda la información que le rodea. Es importante disponer de material para trabajar el tacto —por ejemplo, de fichas en relieve—: un paso previo para el aprendizaje del sistema de lectoescritura con braille.

Fomentar el juego simbólico

Los niños ciegos muestran mayores dificultades y retraso a la hora de desarrollar la capacidad de representar los objetos en su mente. Desde la escuela y en el seno de la familia es prioritario que se ayude a trabajar la imaginación. En este sentido, es recomendable ofrecer al niño juguetes que representen objetos reales e ir introduciendo algunos más abstractos. Los juegos de rol con el educador también le ayudarán a construir situaciones y diálogos ficticios. 

Potenciar el trabajo en grupo

Además de facilitar la inclusión del alumno en el aula, el trabajo cooperativo con sus iguales mejorará sus competencias sociales y sus habilidades comunicativas. El niño aprenderá a identificar las emociones de los otros por vía auditiva y a normalizar el contacto físico con sus compañeros.  

Contar con docentes cualificados en discapacidad visual

Los profesionales especializados marcan, sin duda, la diferencia en los centros donde hay alumnos con NEE escolarizados. Estos docentes garantizan el acceso a la enseñanza de