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Actividades para trabajar conductas disruptivas en secundaria

No es fácil lidiar con alumnos conflictivos, por ello en UNIR planteamos una serie de actividades para trabajar conductas disruptivas en secundaria.

Los profesores se exponen, en su día a día, a diferentes problemas de conducta por parte de los alumnos, tanto dentro como fuera de las aulas. Estos comportamientos se pueden trabajar de diversas maneras, pero siempre hay actividades para trabajar conductas disruptivas en Secundaria más efectivas que otras. Con estas acciones se busca minimizar la falta de respeto, las interrupciones y comportamientos inadecuados de los alumnos conflictivos. 

¿Qué son las conductas disruptivas?

Nos referimos a ellas cuando hablamos de patrones de comportamientos inapropiados que perjudican el buen funcionamiento del aula. Algunos de esos comportamientos son no realizar las tareas, alterar el orden de la clase, entorpecer las relaciones con el resto de los compañeros, faltas de respeto al profesor o no acatar las normas establecidas (como llegar siempre tarde o consultar el móvil en clase). 

 

 

Un ejemplo práctico de conducta disruptiva sería un alumno que no deja de hablar en clase, que insulta a sus compañeros, que es agresivo con el resto, que no colabora con el ritmo del grupo o que pierde el control con facilidad. Este tipo de comportamiento está originado por un desajuste en el desarrollo evolutivo que le impide crear y mantener relaciones sociales con normalidad. Siempre hay que tener en cuenta que detrás de toda conducta disruptiva hay una razón y que los factores psicológicos normalmente son los que provocan esa actitud. Sentimientos de abandono, falta de normas en el hogar, familias desestructuradas, casos de malos tratos, autoestima baja… pueden originar el comportamiento disruptivo. 

La conducta disruptiva puede aparecer de forma ocasional en la infancia, pero hay casos en los que se prolonga y se convierte en un serio problema. No existe el plan perfecto para erradicar comportamientos inadecuados; sin embargo, sí hay una serie de consejos y actividades que nos pueden ayudar a controlar estas conductas. 

 

 

Actividades para minimizar las conductas disruptivas

Autocontrol de adulto

Lo que puede buscar un adolescente cuando se comporta de forma inapropiada es la atención y el enfado de los que le rodean. Lo que tenemos que evitar es que nos manipule, no entrar en discusión, mantener la tranquilidad y dirigirnos hacia ellos de forma calmada y sin levantar la voz. Hay que interactuar suavemente, manteniendo la distancia y evitando el contacto físico, sin agarrar o retener. De esta forma, el alumno conflictivo verá seguridad en el adulto que le impone las medidas correctoras con un tono no amenazante pero sí firme. 

Reglas de convivencia conocidas por todos los alumnos

Deben ser visibles por todos, en forma de cartel, y debe quedar claro qué se permite y qué no. Es recomendable que los propios alumnos se impliquen en elaborar dichas normas para que no las vean como una imposición. 

 

 

Comunicación y debate en grupo

Tiene que haber reflexión grupal para que todos expongan sus opiniones, vean diferentes puntos de vista y aprendan a llegar a consensos. El objetivo último es que los escolares aprendan a solucionar juntos los problemas. 

El alumno con conducta disruptiva debe recibir la atención adecuada. Si percibe que le hacemos más caso del que se debe, la conducta irá en aumento. Si el alumno conflictivo obstaculiza continuamente el transcurso de la clase, una posibilidad es que abandone la clase unos minutos (en los centros educativos se habilita un aula específica para ello).

Otra forma de reducir una conducta disruptiva es verbalizar expectativas positivas, es decir, contarle lo que esperamos de él. No solo ayuda, sino que además es un refuerzo positivo.

Lo mejor es siempre dar ejemplo. Desde bien pequeños, los escolares han de ver cómo nosotros también cometemos errores y pedimos disculpas cuando nos equivocamos. Si el alumnado observa esto, lo imitará. 

Como hemos dicho, siempre hay que tener en cuenta que los adolescentes son adolescentes y que detrás de esa conducta disruptiva hay una causa. Aplicar la inteligencia emocional es vital en estos casos. Además, los profesores deben contar con el apoyo y asesoramiento de otros profesionales, como los orientadores, y la implicación de las familias; la convivencia escolar requiere del compromiso de todos.

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