Lunes, 30 octubre 2017

Movimientos oculares y resultados académicos: el desarrollo visual es mejorable y practicable

Pilar Martín Lobo, directora del Máster Universitario en Neuropsicología y Educación, y Mª Carmen García Castellón, profesora de ese mismo máster, optometrista, explican en esta openclass (véase el vídeo insertado) en primer lugar el procesamiento del sistema visual. Señalan cómo la luz entra en el ojo para llegar al cerebro tras una necesaria interpretación. El campo de visión no es tan amplio como imaginamos: el cerebro rellena la parte que no vemos con nitidez y nos ofrece la sensación de que estamos viendo 180º, aunque no sea real, un aspecto frecuentemente empleado por los magos en sus trucos.

En las aulas hay que asegurarse de que los niños tengan el sistema visual desarrollado. Puede haber alumnos que están utilizando una parte del cerebro y otros no. Se pueden realizar pruebas diagnósticas o, en muchas ocasiones, las propias posturas corporales de los estudiantes dan claves al respecto. En todo caso, el desarrollo del sistema visual es mejorable, desarrollable y practicable.

Al leer los ojos se mueven a pequeños saltos, de grupo de palabras en grupos de palabras, aunque no somos conscientes. Los movimientos oculares afectan a la lectura. Las dos ponentes han realizado una amplia investigación al respecto, con más de novecientos sujetos. Concluyen que los alumnos con peores movimientos oculares obtienen peores resultados de comprensión lectora, cometen más errores al leer y en consecuencia baja su rendimiento escolar. Tras la aplicación de un programa específico, la mejora resulta sustancial. Estas mejoras son aplicables a niños con problemas de atención y otras dificultades.

“El desarrollo del sistema visual es mejorable, desarrollable y practicable”.

“Los alumnos con peores movimientos oculares obtienen peores resultados de comprensión lectora”.

Una diferencia importante que debe ser señalada es entre oftalmólogo y optometrista. El primero es un médico encargado de patologías visuales, mientras que el segundo estudia cómo se mueve el ojo, cómo enfoca y cómo acomoda (la capacidad de enfocar de lejos y de cerca). Si para la lectura se trabaja con los músculos externos del ojo, para el enfoque se trabaja con los músculos internos. Resulta complicado trabajar de forma consciente estas musculaturas, debido a que forman parte de unos movimientos involuntarios, pero es posible. Como ejercicio para los músculos externos, por ejemplo, se intenta dibujar números con los ojos; para los músculos internos, se realizarán cambios de enfoque.

Por la postura corporal de sus alumnos o el modo de leer y aproximarse a los textos, los docentes pueden detectar si es un problema de lentes correctoras, que será más fácilmente descartable, u otro funcional, como no enfocar adecuadamente. Si el profesor tiene conocimiento de neuropsicología visual podrá dar indicaciones a sus alumnos e intentar apoyarles en los procesos que necesiten mejorar, aunque siempre es aconsejable, indudablemente, contar con equipos multidisciplinares.

De este modo, en educación infantil el beneficio es claro, puesto que los niños están aprendiendo a leer, pero luego las ventajas no cesan, ya que posteriormente los alumnos leen para aprender, por lo que resulta fundamental mover bien los ojos y acomodar; además de la importancia de conocer diferentes métodos de estudio, mapas conceptuales o similares. Que el alumno siga una ruta visual supone que no tendrá que leer todas las letras o sílabas para seguir un texto, lo que facilita la lectura y la hace más dinámica. Sin embargo, si el alumno no tiene un buen desarrollo visual usará una ruta auditiva, o indirecta, lo que ralentizará su lectura, comprensión y aprendizaje.

Para evaluar los procesos visuales, se toman en consideración la motricidad ocular, la acomodación, la visión del color, la estereópsis y la convergencia, o capacidad de los ojos de fusionar imágenes. Precisamente la disparidad de la fijación, o espacio que queda entre una y otra imagen, es la que permite calcular distancias y leer con más fluidez. Y es que la lateralidad no solo es manual, sino también visual, auditiva y podal. Si es homogénea, hay un mayor sentido espacial y unos mejores resultados en matemáticas: hay una relación directa entre aprendizajes como el matemático y un buen desarrollo de la lateralidad.

Como decíamos, por la posición corporal podemos intuir el tipo de problema de funcionamiento visual al que podríamos estar haciendo frente. Así estaremos en condiciones de ayudar a los niños, mediante juegos y actividades que les resultan divertidas, a mejorar sus capacidades y competencias visuales, ya que no se trata únicamente de que la imagen llegue de forma adecuada a la retina, sino de que tengan lugar todos estos procedimientos asociados para hacer el aprendizaje más sencillo.

También hemos indicado que mediante programas y ejercicios, los músculos del ojo pueden mejorar, al igual que otros aspectos del sistema visual. Las investigadoras cuentan cómo ellas mismas lo han aplicado y han notado la diferencia, sobre todo en alumnos más mayores, que parecen haber sido conscientes de su mejora, lo que se transforma en un aumento de la autoestima, de la motivación y, consecuentemente, del rendimiento escolar. Se hace mediante paquetes de actividades, aplicables en consulta, en el aula, como prevención o reuniendo a niños con dificultades de aprendizaje.

Concluyendo: la primera revisión será oftalmológica; posteriormente se evaluará la funcionalidad para poder aplicar las medidas necesarias. Los seres humanos somos muy visuales y quizás no somos muy conscientes de la relevancia de un sentido, la vista, que damos por hecho, pero al que los docentes debemos otorgarle la importancia que se merece y sus implicaciones en la mejora de los alumnos.