Una Graduación repleta de alegría y emoción protagoniza en Logroño el décimo aniversario de UNIR

En una fecha tan especial como la de este año, en el que se celebra su décimo aniversario, UNIR se ha volcado con su Graduación. Una ceremonia que ha protagonizado en Logroño numerosos momentos de expectación, nervios, diversión (por qué no), alegrías, sonrisas -y sí, también alguna que otra lágrima-, amén de la consabida satisfacción por alcanzar el sueño cumplido. Lo esperado en un acto de semejante calado. Pero es que en esta ocasión, además, ha estado revestida de sorpresas, simbolismo y mucho corazón. En definitiva, que la emoción se ha palpado, y mucho, en la logroñesa plaza de toros de La Ribera.

El recinto ha acogido a nada menos que 3.500 personas, la gran mayoría familiares y amigos de los 750 alumnos, ya egresados, de Grados y Postgrados oficiales que han querido vivir de primera mano este momento y conservarlo en su memoria para la posteridad. Si bien, son casi 15.500 los que, residentes en todas las partes del Globo, se gradúan en esta ocasión. Y precisamente desde una quincena de países, además de desde diversos rincones de España, se han desplazado hasta Logroño. Todo un ejemplo del ADN internacional de UNIR, escenificado hoy en asistentes llegados de Alemania, Holanda, Argentina, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Guinea Ecuatorial, Irlanda, México, Paraguay, Perú, Reino Unido, República Dominicana, Suiza, Uruguay.

Culturas, costumbres y creencias diversas con un nexo común. El de haber logrado, a fuerza de constancia y desvelos, la meta buscada. La felicidad irradiaba en las caras de los presentes, que han disfrutado de las voces de los 50 integrantes del coro de la C.L.A. Pepe Eizaga, formación que al igual que UNIR se halla de aniversario (aunque en su caso cumplen 90 décadas) y con la que este año comparte el honor de haber sido galardonados con la Medalla de La Rioja. Puro simbolismo.

Su música ha amenizado a quienes han seguido también de manera virtual a través del streaming y del Facebook Live un evento donde se han desglosado los 15 Grados y 57 Másteres que han cursado los ya egresados de la Facultad de Educación (293), la de Derecho (154), la de Empresa y Comunicación (141), la Escuela Superior de Ingeniería y Tecnología (76), la Facultad de Salud (57) y la de Ciencias Sociales y Humanidades (29).

A unos y a otros se ha dirigido el rector de UNIR, D. José María Vázquez García-Peñuela, quien, en un día tan propicio para el tema, ha hablado precisamente de los sentimientos y su incidencia en la sociedad actual, la cual ha definido como “hipersentimental, hay un bombardeo que nos anima a darle una primacía en nuestras vidas a los sentimientos y los estados de ánimo, que son transitorios”. “A todos nos gusta tener buenos sentimientos y sintonizar afectivamente con quienes nos rodean. Pero en la vida de las personas la falta de equilibrio suele tener consecuencias negativas”, ha razonado. Y es que, ha añadido, “en el corazón humano, anidan los sentimientos nobles y oros menos confesables, como los celos, envidia o venganza”.

Por ese motivo, si bien ha indicado que “no somos puro raciocinio”, también ha matizado que el sentimental exacerbado “es una persona con déficit serio de equilibrio humano”. La virtud, como siempre, se halla en el punto medio. Y ahí radica la importancia de ser personas “ecuánimes y serenas. La serenidad comporta el no tomar decisiones precipitadas, poco sopesadas, sobre la base de lo que sentimos en un momento dado, sino que deben tomarse inteligentemente, con nuestra razón, que será la que espolee a la voluntad para hacer frente al esfuerzo continuado”.

Sus reflexiones han obtenido un caluroso recibimiento, al igual que las palabras de la docente, historiadora e investigadora Elvira Roca, que ha impartido la lección magistral “El conocimiento de la historia en la formación superior” y durante la cual ha conminado a los egresados a “revertir sus conocimientos en la sociedad para ser útiles, porque el país en el que vivimos nos da muchas cosas y normalmente no solemos apreciarlo”.

Tras coincidir en que “es legítimo sentirse orgulloso de uno mismo cuando concluye sus estudios universitarios y este es un momento estupendo para hacerlo”, ha querido recordarles que usen sus conocimientos “en beneficio de todos, no solo de uno mismo; la sociedad tiene derecho a exigirles sentido de la responsabilidad y recibir este título os compromete a ello, porque las élites de un país determinan cuál será el futuro de este”.

El turno de alzar la voz de los estudiantes ha llegado poco después, en palabras de dos de sus representantes. El primero en intervenir ha sido Carlos Escario Bajo, del Grado en Ingeniería Informática, orgulloso de que, por primera vez, alguien de la Escuela Superior de Ingeniería y Tecnología “hable en un foro de esta envergadura”. Motivo por el cual ha tenido un recuerdo para un profesor de la ESIT, quien durante una clase “nos enseñó que la labor de un ingeniero no es la de juntar piezas de otros, ingeniería era soñar con algo que parece imposible, imaginarlo, pensar cómo sería si fuese real y con ingenio, tesón, lápiz y papel, convertir el sueño en realidad”.

Todo un símil del logro que hoy les ha juntado en esta Graduación, y para el que tanto él como todos sus compañeros han contado con “muchas manos y corazones que nos han estado sujetando todos estos años”. Desde los profesores, a los que ha agradecido “por la exigencia, por corregirnos, por su aliento y por prestarnos su conocimiento”, a las familias, de las que ha destacado “su complicidad silenciosa y su apoyo moral y económico”. También ha hecho hincapié en la recompensa que ha supuesto la complicidad de los compañeros desde la distancia y les ha permitido “dominar nuestra voluntad en los instantes de flaqueza”.

Convincentes motivos con los que se ha dirigido a los espectadores presenciales y virtuales, animándolos a “comenzar el mismo camino, si os decidís a dar el paso, os acompañaremos y estaremos a vuestro lado porque si nosotros hemos podido, vosotros también”.

Su compañero del Máster en Fiscalidad Internacional, Jon Iturrioz Karkokli, ha resaltado el inicio hoy de “un nuevo capítulo y os animo a usar el mismo espíritu, pasión, compromiso, tenacidad y capacidad de aprendizaje y perseverancia que habéis demostrado”. Cualidades necesarias para el viaje que todos los egresados de UNIR emprenden y “depende de cada uno de nosotros hacer realidad nuestros sueños, seguir avanzando y conseguir nuestros objetivos”.

La gratitud también se ha hecho palpable en el discurso final del presidente del Gobierno de La Rioja, José Ignacio Ceniceros, al señalar que UNIR “es una pieza básica del sistema educativo riojano que contribuye a la internacionalización de La Rioja y a la proyección de la imagen de nuestra comunidad”.

“La Universidad Internacional de La Rioja que hoy nos convoca”, ha abundado, “tiene un pasado del que enorgullecerse y un futuro de éxito” y ha manifestado su gratitud y la de todos los riojanos a los responsables, profesores, tutores y empleados de UNIR por su “gran labor y porque con independencia del lugar de procedencia de sus titulados y la función que desempeñen, el nombre de La Rioja estará siempre en sus vidas a través de su Universidad Internacional”.