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La violencia hospitalaria en pacientes: cómo prevenirla y abordarla

La OMS advierte de que “la violencia constituye un importante problema de salud pública evitable y prevenible”.

Un paciente acude a un centro hospitalario porque tiene problemas de salud y necesita ayuda. Habitualmente, el profesional sanitario está dispuesto a ofrecer la mejor atención. Sin embargo, la violencia hospitalaria en pacientes existe.

Hay que tener en cuenta que esta violencia ejercida por los profesionales sanitarios –aunque no es muy frecuente– merma los derechos de integridad física y psíquica de los pacientes, su dignidad e intimidad, su derecho a la salud, así como el respeto a su persona; aspectos todos ellos que un profesional del ámbito de la salud debe evitar.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la violencia como “el uso deliberado de la fuerza física o el poder, ya sea en grado de amenaza o efectivo, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones”.

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La violencia en el entorno sanitario constituye uno de los mayores riesgos junto con el consumo de tabaco, de alcohol y de drogas, y el VIH. Ante una agresión, ya sea física, psicológica o verbal, el paciente ve alterada su esfera laboral y personal y, por supuesto, su salud. Así, la violencia constituye un importante problema de salud pública que es evitable y prevenible.

¿Qué podríamos considerar como un maltrato a los pacientes en los hospitales? Según Chapell y Di Martino, “aquellas situaciones en las que existe una percepción de mala calidad de servicios o de mala atención, no satisfacción de necesidades de un cliente, proveer de servicios que están muy lejos de las expectativas del usuario, cuando se abusa o se recibe un trato injusto”.

Casos de violencia hospitalaria en pacientes

En el hospital, el paciente se encuentra mal, no duerme bien, debe estar lejos de su familia, no puede trabajar ni cumplir con sus responsabilidades… Es decir, se ven afectados todos los ámbitos de su vida. Por ello, se considera que en el caso de la violencia a pacientes en hospitales, la hospitalización en sí podría ser la causa de la pérdida del control para ejercer esa violencia. Al margen de esto, existen diferentes tipos de maltrato durante la atención que reciben por parte del profesional sanitario.

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En primer lugar, estaría la esfera psicológica y podrían considerarse una agresión:

  • La atención inadecuada.
  • Los abusos emocionales.
  • El trato frío.
  • Una peor atención por razones de sexo, raza o religión.
  • La carencia de empatía.
  • Las actitudes intimidantes.
  • Los gritos.
  • No informar adecuadamente al paciente de sus afecciones.
  • No informar del tratamiento que va a recibir.

En cuanto a la violencia física, esta puede producirse durante los procedimientos, exploraciones y tratamientos:

  • Con formas bruscas, cruentas e invasivas.
  • Con retraso en las atenciones a la hora del aseo.
  • No tomando medidas para evitar el dolor.
  • No respetando sus creencias.
  • Prívándolo de agua o alimentos de forma continuada.
  • Imponiendo restricciones físicas injustificadas.

Claves para hacer frente a este problema

Los profesionales de la salud pública y sus colaboradores parten de la sólida convicción, basada en pruebas científicas, de que tanto la conducta violenta como sus consecuencias pueden prevenirse, tal como recoge el primer informe mundial de la OMS sobre la violencia y la salud. De esta manera, debe ser clave centrar la atención del paciente en su bienestar y dignidad durante la estancia hospitalaria.

Prevenir la violencia a los pacientes es posible implementando una serie de medidas que incluyen la formación de los profesionales en cuanto a la seguridad del paciente, informarlos sobre sus derechos, humanizar las relaciones para lograr una adecuada comunicación, fomentar la empatía y el respeto, así como agilizar los procesos asistenciales para evitar largas horas de espera y, con ello, la agitación de determinados pacientes o familiares.

A nivel individual, el citado informe de la OMS considera que las estrategias se centran fundamentalmente en fomentar actitudes y comportamientos saludables durante las estancias hospitalarias y en modificar las actitudes y comportamientos en los individuos que ya se han hecho violentos o corren el riesgo de atentar contra sí mismos.

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A su vez, sostiene que en el ámbito de la salud pública las intervenciones deben clasificarse en tres niveles de prevención. Esto redundará en una mayor eficacia:

  • Prevención primaria: actuaciones dirigidas a prevenir la violencia antes de que ocurra.
  • Prevención secundaria: medidas centradas en las respuestas más inmediatas a la violencia, como la atención prehospitalaria, los servicios de urgencia o el tratamiento de las enfermedades de transmisión sexual después de una violación.
  • Prevención terciaria: intervenciones centradas en la atención prolongada después de actos violentos, como la rehabilitación y la reintegración, los intentos por aminorar los traumas o las discapacidades de larga duración asociadas con la violencia.

En última instancia, no hay que olvidar que el maltrato sobre los pacientes en el ámbito hospitalario impacta sobre su propia salud, ya dañada por la enfermedad, aparte de perjudicar la imagen y reputación de los servicios sanitarios y la confianza de la ciudadanía en el profesional sanitario.

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