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Breve guía sobre los tumores infantiles

A pesar de su baja incidencia, el cáncer infantil es la primera causa de muerte por enfermedad entre los 0 y los 14 años en todo el mundo, destacando la leucemia (30 %) y los tumores del sistema nervioso central (22 %).

En España se diagnostican cada año alrededor de 1.100 casos de tumores en niños menores de 14 años, unos 1.600 si se tiene en cuenta a los adolescentes.

Su índice de supervivencia se sitúa en el 81 % a los 5 años, con nulas o mínimas secuelas en la mayoría de los casos, según asegura la Sociedad Española de Hematología y Oncología Pediátricas (SEHOP) tomando como referencia los últimos datos de 2021 del Registro Español de Tumores Infantiles de la Sociedad Española de la Sociedad Española de Hematología y Oncología Pediátricas (RETI-SEHOP).

En comparación con Europa y Estados Unidos, en España la incidencia del cáncer infantil por tipos de tumores es muy similar, siendo los tumores infantiles más comunes las leucemias (30 %), aquellos cánceres de las células de la sangre; los tumores de sistema nervioso central (22 %), que incluyen los tumores cerebrales y de columna; y los linfomas (13 %), que son las neoplasias de las glándulas o de los ganglios linfáticos. Además, según ratifica el RETI-SEHOP, los últimos datos recogidos indicaron que desde los años 90 no hay crecimiento de la incidencia.

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Origen del cáncer infantil y secuelas

Actualmente, se desconoce el origen de la mayor parte de los tumores en niños, aparte de que estos no se pueden prevenir, pero tampoco contagiar. A día de hoy, sí existe cierta relación entre el síndrome de Down y otras anomalías genéticas.

En concreto, el cáncer infantil engloba a una multitud de enfermedades con sus particulares características y con un comportamiento diferente entre sí; no es una única enfermedad. Eso sí, todos los tumores infantiles tienen algo en común: surgen a raíz del crecimiento anómalo de células capaces de invadir otros órganos.

Leucemia, el tumor infantil más común

La leucemia es el tumor infantil más común. Se trata de una enfermedad sistémica que tiene lugar por un crecimiento anormal e inmaduro de los glóbulos blancos o leucocitos en la médula ósea y por el torrente sanguíneo. Estas células tienen un papel muy importante a la hora de combatir las infecciones, por lo que estos menores no son capaces de hacerles frente en gran parte de los casos.

Existen varios tipos de leucemia:

  • Leucemia linfoide aguda (LLA): engloba las tres cuartas partes de todas las leucemias infantiles e implica el crecimiento anormal de un tipo de glóbulos blancos inmaduros llamados linfoblastos.
  • Leucemia mieloide aguda (LMA): crecimiento anormal de otro tipo de glóbulos blancos llamados mieloblastos y monoblastos.

Para diagnosticar este tipo de cáncer son habituales los análisis de sangre, así como la aspiración y la biopsia de médula ósea, aparte de la punción lumbar.

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Los tumores infantiles sobre el sistema nervioso central

Los segundos tumores en niños más frecuentes son aquellos que afectan al sistema nervioso central o SNC, es decir, los tumores cerebrales y de la columna vertebral, caracterizados por un crecimiento de tejido nervioso anormal. Así, las células anormales ocupan un espacio en la médula espinal o en el cerebro pudiendo llegar a afectar al comportamiento del menor, al movimiento o, incluso,a los pensamientos.

En concreto, hay cuatro grupos de tumores cerebrales frecuentes en niños, en función de las células cancerosas implicadas: ependimomas, tumores neuroectodérmicos primitivos, gliomas del tronco encefálico y astrocitomas.

Para diagnosticar los tumores del SNC suelen realizarse biopsias, punciones lumbares y pruebas de imagen como TAC o RM.

El linfoma también afecta a los glóbulos blancos

El linfoma es un cáncer del sistema inmunitario que afecta a los tejidos linfáticos. Se caracteriza por el crecimiento de glóbulos blancos anormales e inmaduros en los ganglios linfáticos y en otras glándulas del cuerpo, como las amígdalas o el timo. También las células del linfoma pueden encontrarse en otros órganos como el hígado o el bazo, así como en la médula ósea.

Otra de sus características es que estas células cancerosas terminan desplazando a las células del tejido linfático sanas, de forma que estos pacientes no pueden defenderse frente a las infecciones.

Principalmente se recogen dos tipos de linfomas:

  • Linfoma de Hodgkin: más común en adolescentes y suele presentarse con síntomas graduales y persistentes como fatiga, fiebre y pérdida de peso.
  • Linfoma no Hodgkin: sus síntomas evolucionan con más rapidez que en el anterior, habiendo a su vez varios subtipos (linfoma linfoblástico, linfoma de células B maduras; y el linfoma anaplásico de células grandes) que se tratan de forma diferente.

Las pruebas comunes que se usan para diagnosticar el linfoma incluyen pruebas diagnósticas de imagen como la TAC o la RM, o bien exploraciones mediante PET, análisis de sangre, biopsias y punciones lumbares.

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La importancia de planes de seguimiento y las secuelas

Ante el extraordinario aumento en el índice de supervivencia experimentado en las últimas décadas, desde la SEHOP inciden en la importancia de poner en marcha un plan de seguimiento a largo plazo, adaptado a cada caso en función de las particularidades del diagnóstico y del tratamiento, para detectar precozmente las secuelas que vayan apareciendo y poder garantizar la calidad de vida de estos pacientes.

Las secuelas dependerán de varios factores, como el diagnóstico, el tratamiento recibido o la localización del tumor. Las más frecuentes afectan al sistema endocrino y al aparato reproductor, aparte de los problemas cardíacos causados por la toxicidad que pueden provocar algunos tratamientos que, junto con el sedentarismo, la hipertensión y la obesidad, pueden favorecer la aparición de enfermedades coronarias.

No hay que olvidar las consecuencias psicológicas que pueden derivarse tras un tumor en niños, no solo para los propios menores sino también para las familias, en quienes impactan notablemente estas enfermedades.

Actualmente, la oncología pediátrica trabaja para intentar minimizar los efectos secundarios de los tratamientos y garantizar la calidad de vida de los pacientes; sin olvidar que las secuelas, tanto físicas como psicológicas, pueden manifestarse incluso años después de haber superado la enfermedad, de ahí que sea fundamental la formación del profesional sanitario con posgrados como el Máster en Hematología y Oncología Pediátrica de UNIR. Según datos de la Asociación Española de Pediatría (AEP), se estima que 1 de cada 500 adultos puede ser superviviente de un cáncer infantil.

 

 

 

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