Miércoles, 03 julio 2019

5 competencias de Inteligencia Emocional para aplicar en el trabajo

Pasamos más de la mitad de nuestra vida adulta en el trabajo. La actividad laboral nos ocupa más horas que la suma de todas las demás que realizamos. Y si el tiempo dedicado a trabajar es “tiempo perdido”, “tiempo muerto” o “tiempo inconsciente”, la mayor parte de nuestra vida habrá sido desperdiciada, inactiva o inconsciente.

El trabajo puede presentar desafíos y oportunidades para alcanzar logros. Para ello, el mejor entorno es aquel en el que las personas se sientan respetadas, escuchadas, valoradas, apoyadas y dignas, donde se les confíe una tarea importante y estimulante que les permita actuar en alineamiento con sus valores y al mismo tiempo contribuir al cumplimiento de la misión de la organización.

Sin embargo, la clave está en la actitud, aquella con la que se vaya cada día a trabajar. La realización personal será más fácil de lograr si somos conscientes de la responsabilidad que tenemos con nosotros mismos y observamos un propósito significativo que vaya más allá de la satisfacción inmediata. De esta forma el dinero llegará como consecuencia.

Cómo aplicar la Inteligencia Emocional en nuestra vida laboral

Cualquier iniciativa implica un riesgo, y es ahí donde entra la confianza. La integridad nos permite afrontar esos riesgos, ella nos ofrece la seguridad de saber que hemos puesto todo por nuestra parte, y que aun cuando nuestras acciones no fueron suficientes para lograr el resultado deseado, han sido las necesarias para conservar la dignidad y la autoestima. Y esta seguridad nos permite disfrutar la vida en plenitud y paz.

La Inteligencia Emocional nos brinda las actitudes y las herramientas que harán posible que desarrollemos las competencias para sentirnos plenos y contributivos. Todas ellas ya existen en nosotros, se trata tan solo de activarlas conscientemente:

1. Autoconsciencia:

Para poder estar en contacto con las emociones, reconocerlas, aceptarlas y que sirvan de guía para conseguir nuestros objetivos.

La autoconsciencia nos permite tener una valoración adecuada de nosotros mismos (autoestima) y eso favorece la transparencia y la autoconfianza que, a su vez, propiciará la asunción de la responsabilidad y de logro.

2. Autorregulación:

Para ser capaces de modular nuestras emociones, modificar nuestros comportamientos y conseguir nuestras metas, adaptándonos al contexto y promoviendo el bienestar tanto individual como social.

La regulación es necesaria para poder expresar las emociones equilibradamente, sin inhibirlas y sin desbordarse. Esto implica examinar con atención las ventajas e inconvenientes de alinearse o no con el estado emocional.

Algunas preguntas claves para trabajar esta habilidad:

• ¿Qué tengo que hacer/decir, para alcanzar el resultado esperado?
• ¿Cuál sería la estrategia a seguir para obtener el efecto que necesito?
• ¿Cómo plantearía mi actuación para manejar los estados emocionales de la otra persona?

3. Automotivación:

Para generar estímulos que nos lleven a una meta que queremos lograr.

Conseguir desarrollar la automotivación requiere de un trabajo personal importante para poder afrontar dificultades como el fracaso, la pereza, el cansancio, y ser capaces de elegir los pensamientos adecuados a fin de sentir el éxito que esperamos.

Hay tres tipos de automotivación basados en recompensas diferentes: intrínseca, extrínseca y trascendente.

Hay tres tipos de automotivación basados en recompensas diferentes: intrínseca, extrínseca y trascendente. De esto hablaremos otro día.

4. Gestión de las relaciones:

Relacionarnos es parte de nuestra naturaleza. Para ello necesitamos dos claves fundamentales:

Actitudes:

– Empatía, ponernos en el lugar del otro.
– Escucha activa, atender en 360 grados: lenguaje, cuerpo y emoción.
– Proactividad, pasar a la acción.
– Autenticidad, ser lo que somos desde el corazón.

Técnicas:

– Comunicación productiva, capacidad fundamental para dar a conocer a los demás lo que pensamos, lo que sentimos y lo que somos.
– Asertividad, respeto y valoración por nosotros y por los demás.
– Feedback, una habilidad fundamental en la gestión y construcción de nuestras relaciones.
– Preguntas, porque son estimulantes, provocan movimiento interno y pueden generar creatividad y por consiguiente cambio. Hacer preguntas poderosas es una técnica que se aprende. Si queremos ayudar a una persona a que se desarrolle, será muy útil utilizarlas. En cuanto a nuestras relaciones, las preguntas nos permiten saber cuál es el estado de ánimo de los demás, evitar interpretaciones al obtener las respuestas.

5. Gestión del cambio:

Muchas veces, los procesos de cambio generan estados emocionales de desequilibrio, que a su vez provocan tensión, enfado, incertidumbre, desconfianza.

Una reacción normal es la resistencia, la queja e incluso la negación. Nuestra mente rechaza la posibilidad de relacionarnos con dos realidades opuestas que entran en conflicto, y esto nos permite mantenernos coherentes con nosotros mismos.

Necesitamos proteger nuestra identidad y nuestra seguridad, y por eso, cuando se produce una resistencia al cambio, se está produciendo una etapa normal de transición entre la realidad que vivimos y la que está por llegar.

 Cuando se produce una resistencia al cambio, se está produciendo una etapa normal de transición entre la realidad que vivimos y la que está por llegar.

Estos son algunos de los escenarios más comunes durante un proceso de cambio:

• Negociaciones.
• Resolución de conflictos.
• Alineamiento de puntos de vista.
• Logro de objetivos.

En un contexto de este tipo, la inteligencia emocional se hace imprescindible para reconocer sentimientos propios y ajenos, generar automotivación, distinguir las diferentes etapas del cambio y generar relaciones de calidad con los compañeros y con los alumnos.

Ello hará que las personas sean capaces de activar la empatía y vean las cosas desde la perspectiva ajena, rompiendo así bloqueos, alimentando la tolerancia y ayudando a gestionar las diferencias para asegurar un cambio efectivo.

La Inteligencia Emocional es un factor elemental a la hora de interactuar con otras personas.

Aplicando los principios teóricos, el alumno aprende en la práctica a conocerse y a gestionar sus propias emociones primero, y luego a tratar las diferentes situaciones que se generan gracias a las emociones que actúan en las decisiones de cualquier ser humano.