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La detección temprana, la educación emocional y la intervención profesional son fundamentales para tratar los trastornos mentales en adolescentes.

El 14 % de los jóvenes de entre 10 y 19 años sufre algún tipo de trastorno mental, siendo la ansiedad y la depresión los más frecuentes, según datos de la OMS (Organización Mundial de la Salud). Por eso, cuidar la salud mental de los adolescentes debe ser una prioridad. Además, si estos problemas psicológicos no se tratan adecuadamente pueden persistir en la edad adulta.
La intervención psicológica con niños y adolescentes la asumen profesionales de la salud mental que cuentan con una formación especializada, como el Máster en Psicología Infantojuvenil de UNIR, un posgrado esencial para aprender a abordar los trastornos mentales más habituales en adolescentes.
La salud mental de los adolescentes en la actualidad
Diferentes estudios, como el barómetro de UNICEF de 2024, destacan la importancia de priorizar la salud mental en niños y adolescentes, ya que el 48 % de los jóvenes de entre 12 y 18 años se ha sentido presionado socialmente y un 26 % ha sufrido desánimo o tristeza.
Además, según la OMS, la salud mental de los adolescentes es un asunto prioritario que se debe proteger, ya que implica cambios psicológicos, físicos y sociales importantes que pueden repercutir en la vida adulta si no se trata a tiempo. Concretamente, el estudio del organismo internacional apunta a que un 14 % de las personas de entre 10 y 19 años padece algún tipo de trastorno mental.
Teniendo en cuenta el panorama actual, los expertos destacan que para corregir esta situación es esencial establecer una red de apoyo sólida, actuando desde los entornos más cercanos, como la familia, pero también desde las escuelas o el ámbito político, con el objetivo de fortalecer su salud mental y, por ende, facilitar su desarrollo hacia la adultez.
Trastornos mentales en adolescentes más frecuentes
Los trastornos psicológicos en niños y adolescentes más habituales son:
- Este trastorno causa preocupaciones excesivas y síntomas como irritabilidad, fatiga o problemas de sueño. Por ejemplo, el síndrome FOMO genera ansiedad o sensación de miedo a perderse algo que los demás están experimentando. El informe de la OMS recoge que el 4,4 % de los adolescentes de 10 a 14 años y el 5,5 % de los de 15 a 19 años sufre un trastorno de ansiedad.
- Depresión. Esta enfermedad provoca sentimientos intensos de rechazo al fracaso o críticas, junto con una necesidad constante de aprobación. Entre los síntomas más habituales se encuentran: dificultad para concentrarse, tomar decisiones o recordar, combinadas con una visión negativa de la vida. Se estima que el 1,4 % de los jóvenes de 10 a 14 años, y el 3,2 % de los de 15 a 19 años padecen depresión.
- Trastorno por déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). Esta patología se caracteriza por la existencia de un patrón persistente de inatención, a menudo acompañado de hiperactividad e impulsividad. Esto incluye dificultades para concentrarse, completar tareas, impulsividad y una tendencia frecuente a moverse o hablar en exceso. El 3,1 % de los adolescentes de entre 10 a 14 años, y el 2,4 % de los de entre 15 a 19 años tienen TDAH.
- Trastornos alimentarios. En esta clasificación destacan la anorexia y la bulimia, dos enfermedades mentales que se caracterizan por tener preocupaciones extremas sobre el peso corporal y la imagen personal. A menudo, las personas con estos trastornos adquieren conductas como dejar de comer, el vómito provocado y realizar ejercicio excesivo, afectando tanto a su salud física como emocional. Presenta mayor prevalencia en chicas que en chicos y afecta a un 0,1 % de los adolescentes de 10 a 14 años, y a un 0,4 % de los de 15 a los 19 años.
Los trastornos mentales en adolescentes anteriormente descritos tienen diverso origen, aunque las causas principales son: conflictos familiares, malas condiciones de vida, experiencias traumáticas, presión social y académica, sufrir algún tipo de discriminación, acoso o violencia como el bullying. Estos factores de carácter contextual pueden verse modulados o exacerbados por los cambios biológicos y hormonales de la adolescencia.

Claves para mejorar la salud mental de los jóvenes
Desde el punto de vista de la intervención psicológica existen estrategias para abordar los problemas relacionados con salud mental de los adolescentes y mejorar su bienestar mental y físico:
- Detección temprana y prevención. Identificar señales iniciales de trastornos mentales en adolescentes y jóvenes prevendrá el desarrollo de problemas en su salud mental. Además, los expertos destacan la relevancia de una intervención oportuna para evitar complicaciones graves, reducir el impacto de estas alteraciones psicológicas a largo plazo y mejorar significativamente la calidad de vida de los afectados.
- Apoyo y educación en el ámbito educativo y familiar. Conocer y comprender los riesgos y signos de alerta que afrontan los jóvenes por parte de las familias y los docentes es fundamental para prevenir problemas y garantizar su estabilidad emocional y psicológica.
- Intervención profesional. El psicólogo especializado en el ámbito infantojuvenil cuenta con un cuerpo de terapias y herramientas de intervención con una evidencia empírica creciente. Desde las bien establecidas terapias cognitivo-conductuales, hasta las terapias basadas en la mentalización y terapias de tercera generación que dotan al profesional, al menor y a su familia de herramientas terapéuticas que permiten dar respuesta a cuadros clínicos de distinta complejidad.
El trabajo del psicólogo especializado en la infancia y la adolescencia es –en colaboración con otros profesionales como los psicólogos de los centros educativos– un engranaje fundamental para trabajar en la creación de entornos más saludables tanto dentro como fuera de clase.
En esta línea, también se recomienda que la intervención profesional trabaje habilidades de regulación emocional, cruciales para la construcción de una identidad y relaciones sociales sanas. Esto redunda en el desarrollo de habilidades como la empatía y la autorregulación, así como una mejora del equilibrio psicológico. Por lo tanto, funciona como prevención frente a posibles problemas mentales.
En conclusión, la salud mental en adolescentes es un tema crucial que requiere ser abordado desde un abordaje profesional y especializado mediante la implementación de estrategias clave, como el diagnóstico temprano y la colaboración de apoyos profesionales en los centros educativos. Por otro lado, la intervención con las familias para el desarrollo de competencias parentales resulta una estrategia clave para evitar que esos problemas se desarrollen en la edad adulta y tengan consecuencias graves.






