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Raúl Troncoso: “Publicar fue entender que el texto debe sostenerse solo”

El egresado del Seminario de Escritura Poética de UNIR convierte una escritura intuitiva en un primer libro, Errabundo, donde explora el desarraigo, la memoria y la construcción de una voz propia.

Raúl Troncoso egresado del Máster Universitario en Escritura Creativa.Descubre nuestros estudios de Humanidades

Durante años, Raúl Troncoso escribió desde el impulso: textos nacidos de imágenes, emociones o ideas que aparecían sin previo aviso, pero sin una estructura clara ni una intención de conjunto. Había una necesidad de escribir, pero no todavía una disciplina que sostuviera ese impulso en el tiempo.

Ese punto de inflexión llegó con el Seminario de Escritura Poética, integrado en el Máster en Escritura Creativa de UNIR. Allí, la escritura dejó de ser únicamente un acto íntimo para convertirse en un proceso consciente, sometido a revisión, diálogo y exigencia. Lo que antes eran textos dispersos empezó a adquirir forma y dirección.

Máster Universitario en Escritura Creativa

El resultado de ese proceso es Errabundo, su primer poemario: un libro que no surge de un plan previo, sino de la construcción progresiva de una obra con unidad, ritmo y sentido. Un trabajo donde la reescritura, la duda y la mirada externa resultaron tan decisivas como la propia inspiración.

Del impulso a la estructura: construir un libro de poemas

Desde UNIR Revista hemos tenido la oportunidad de hablar con el egresado Raúl Troncoso sobre su proceso creativo, el papel del Seminario de Escritura Poética y el camino hasta la publicación de su primer poemario.

Pregunta: Antes de cursar el Seminario, ¿qué relación tenías con la escritura: disciplina constante o impulso esporádico?

Respuesta: Mi relación con la escritura ha sido constante desde la infancia, aunque con cierta intermitencia en la etapa universitaria. Escribía por necesidad, muchas veces sin un plan definido: pensamiento libre, diario personal, impulsos que surgían de una imagen o una emoción. Había creación, pero no un método. El Seminario reforzó algo clave: la escritura es un ejercicio permanente. La inspiración puede ser una chispa, pero no basta. El oficio se construye desde la exigencia y la atención al lenguaje.

R: ¿En qué momento decidiste que lo que estabas escribiendo podía convertirse en un libro y no quedarse en textos sueltos?

P: No había un plan inicial. Los textos se fueron hilvanando como si siguieran un hilo invisible. Con el tiempo empecé a notar que los poemas dialogaban entre sí, compartían un tono y una preocupación de fondo. Ahí entendí que no estaba escribiendo piezas aisladas, sino entrando en la construcción de un libro. Ese cambio implicó pensar en una obra con ritmo, respiración y sentido.

R: ¿Qué idea, emoción o conflicto articula Errabundo y cómo evolucionó durante el proceso?

P: El libro gira en torno al desplazamiento interior. Hay una tensión entre el deseo de pertenecer y la sensación de estar siempre de paso. Es un poemario de tono sombrío, que exige una lectura atenta. Durante la reescritura, fueron apareciendo con más claridad sus núcleos: memoria, desarraigo, identidad y la relación con el tiempo. Esa errancia inicial fue encontrando un cauce más orgánico.

R: ¿Qué parte del proceso te hizo dudar seriamente de terminar el poemario?

P: La revisión profunda. Escribir el primer borrador tiene algo de impulso; corregir implica cortar, mover y dejar fuera textos a los que uno les tiene afecto. Ahí surgen dudas reales: si el libro sostiene una voz, si tiene unidad, si merece la pena insistir. Terminar un libro exige atravesar esa incertidumbre y seguir trabajando incluso cuando la certeza desaparece.

R: ¿Qué cambios concretos surgieron gracias al Seminario que marcaron un antes y un después?

P: El Seminario fue decisivo para entender la arquitectura del poemario. No solo el contenido de cada texto, sino su orden, las resonancias entre poemas, los silencios y la progresión interna. Ese trabajo de estructura es lo que da unidad al conjunto.

R: ¿Hubo algún comentario que te obligara a replantear tu escritura de forma radical?

P: Más que un comentario puntual, lo importante fue entender que la poesía es, en gran medida, un acto de fe: en la palabra, en el silencio y en la intuición. También en la capacidad del poema para decir más de lo que uno mismo comprende al inicio.

R: ¿Qué errores cometías antes de formarte que ahora identificas con claridad?

P: Confiar demasiado en el impulso inicial, dar por logradas imágenes que no estaban trabajadas, confundir intensidad emocional con eficacia poética y no revisar con suficiente distancia. La formación me ayudó a entender que la experiencia personal no garantiza un buen poema. Lo decisivo es cómo se transforma esa experiencia en lenguaje.

R: Más allá de la técnica, ¿qué te aportó el entorno del Máster?

P: Una relación más rigurosa con la escritura. El trabajo sostenido aporta fundamentos teóricos y prácticos, pero también fortalece una mentalidad más exigente. Además, la exposición a la mirada de otros me ayudó a asumir la crítica como parte esencial del proceso.

R: ¿Qué diferencia hay entre “escribir bien” y “escribir algo publicable”?

P: “Escribir bien” es una categoría relativa, depende del contexto y de quien lee. Publicar implica otra dimensión: el texto deja de ser solo una exploración personal y pasa a sostenerse por sí mismo ante la lectura ajena. En mi experiencia, ahí está la diferencia fundamental.

R: Para alguien que escribe pero no se atreve a dar el paso, ¿qué le dirías?

P: Que el momento no llega cuando desaparecen las dudas, sino cuando decides avanzar a pesar de ellas. Escribir es un aprendizaje continuo, igual que leer. Lo importante es tomarse en serio el propio trabajo, revisarlo con honestidad y aceptar que exponerse forma parte del proceso. Publicar un primer libro no define a un escritor, pero sí marca un punto de inflexión.

Casos como el de Raúl Troncoso muestran que el salto de escribir por impulso a construir una obra publicable no ocurre por accidente. Requiere método, acompañamiento y un entorno que obligue a revisar, cuestionar y afinar cada decisión.

El Seminario de Escritura Poética está diseñado precisamente para eso: transformar textos dispersos en proyectos con coherencia y sentido. El resultado no es solo un libro, sino una forma más consciente y exigente de entender la escritura.

  • Facultad de Ciencias de la Educación y Humanidades

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