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En Foro UNIR, tres especialistas analizaron cómo influyen los hábitos digitales y la IA en el alumnado, y propusieron medidas para trabajar desde el centro, como reforzar la lectura, la atención, el pensamiento crítico y revisar la evaluación.

Los 7 puntos claves del Foro UNIR
- PISA como punto de partida: Sus resultados permiten detectar dificultades, pero no explican por sí solos sus causas. Las expertas propusieron llevar el análisis a lo que ocurre cada día en las aulas.
- Entrenar la comprensión lectora: Leer con frecuencia, trabajar dificultades concretas y aumentar progresivamente la complejidad de los textos ayuda a desarrollar una comprensión más profunda.
- Recuperar la atención: La lectura crítica requiere detenerse en los enunciados, recordar información y hacer inferencias. Las actividades deben ayudar al alumnado a sostener ese esfuerzo.
- Acompañar los hábitos digitales: Conviene observar cómo se usa la tecnología, establecer momentos sin interrupciones y distinguir entre un uso intensivo y uno problemático.
- Atender al bienestar emocional: El estrés, la ansiedad u otras dificultades pueden repercutir en la concentración y la conducta. Comprender esas situaciones forma parte de la respuesta educativa.
- Evaluar el proceso ante la IA: Mostrar qué se sabía al principio, qué se consultó, cómo se verificó y qué se elaboró personalmente ofrece más información que valorar solo el trabajo final.
- Prevenir junto a las familias: Centros y hogares pueden compartir criterios sobre lectura y tecnología. El diálogo temprano ayuda a acompañar al alumnado antes de que surjan problemas.
Los resultados de PISA ofrecen una fotografía del aprendizaje, pero no explican por sí solos qué ocurre en cada aula ni señalan una única causa de las dificultades. Esa fue una de las ideas centrales del Foro UNIR ‘Informe PISA: ideas para mejorar el aprendizaje desde el aula’, que abordó la comprensión lectora, la atención, el bienestar digital y el uso de la inteligencia artificial. Las expertas coincidieron en la necesidad de enseñar a leer con profundidad, revisar cómo se evalúa y reforzar la colaboración entre centros y familias.
El encuentro, conducido por la periodista Ana Gugel, contó con Elena del Pilar Jiménez Pérez, presidenta de la Asociación Española de Comprensión Lectora y directora de la revista científica Investigaciones sobre Lectura; Arantxa Basterra, doctora en Educación y Sociedad del Conocimiento y docente universitaria especializada en bienestar y riesgos digitales; y Àngels Soriano Sánchez, coordinadora académica del Experto en IA en Educación de UNIR. Jiménez abrió el foro con una ponencia sobre ‘La tecnología como mediadora de la competencia lectora: de la IAg a los informes PIRLS y PISA’, las tres especialistas participaron después en una mesa redonda y Basterra cerró la sesión con propuestas de prevención.
Comprensión lectora y tecnología: cómo recuperar la lectura profunda
En su intervención inicial, Jiménez pidió interpretar los resultados de PISA como una señal para actuar, sin convertirlos en una búsqueda de culpables. La lectura, explicó, se desarrolla hoy en un entorno de mensajes breves, titulares y estímulos continuos. El reto consiste en adaptar la enseñanza a esos hábitos sin renunciar a la comprensión sostenida que exige un texto complejo.
La especialista defendió que las herramientas digitales pueden ayudar si responden a un propósito pedagógico. Como ejemplo, presentó una aplicación desarrollada por su equipo de investigación que permite detectar dificultades concretas de comprensión y proponer lecturas acordes con el nivel alcanzado. El entrenamiento específico, señaló, debe conducir al hábito lector. Por eso, recomendó combinar el trabajo sobre preguntas y tipos de textos con oportunidades frecuentes de leer por interés y de progresar a partir de los avances de cada estudiante.
Jiménez subrayó que la motivación, por sí sola, no basta para consolidar ese progreso: “Tenemos que inculcar en nuestro alumnado que el compromiso y el esfuerzo son necesarios para que avance el proceso de enseñanza y aprendizaje”. También propuso comenzar con lecturas accesibles cuando existen dificultades, observar cuándo se pierde la concentración y aumentar gradualmente la duración y la complejidad de los textos. La escritura, incluida la escritura a mano, debe acompañar ese proceso y tener sentido en distintas asignaturas.
Para despertar el interés por los libros, la ponente planteó aprovechar los espacios digitales que el alumnado ya conoce. “Las redes sociales pueden ser una herramienta maravillosa. Las he utilizado en el aula porque me han ayudado a conectar con mi alumnado”, explicó. Mencionó el contenido sobre lectura que se comparte en esas plataformas como una posible puerta de entrada al trabajo en clase, siempre que se utilice con un objetivo didáctico y se enseñe a reconocer también sus riesgos.
La ponente amplió la responsabilidad educativa más allá del profesorado. Las familias pueden compartir lecturas y acompañar los hábitos tecnológicos en casa; los centros necesitan tiempo y margen para probar estrategias; y las Administraciones deben facilitar una respuesta sostenida. Para Jiménez, mejorar la competencia lectora exige cooperación entre quienes intervienen en el aprendizaje, además de enseñar a cada alumno a dedicar a los textos el tiempo que necesita para comprenderlos.
PISA, atención y bienestar digital: un problema con varias causas
La mesa redonda incorporó otras perspectivas a la lectura de los datos. Basterra recordó que el rendimiento no puede atribuirse a un solo factor y pidió considerar el entorno híbrido en el que crecen los adolescentes. Para entender su relación con las pantallas, propuso examinar qué hacen con ellas: “Deberíamos ser cautos con las palabras y saber diferenciar entre un uso intensivo de la tecnología, un uso problemático y una adicción”. Una misma herramienta puede servir para consultar materiales o aprender, mientras que determinados hábitos pueden dificultar la concentración.
Jiménez situó la atención en el inicio de la lectura crítica: si un estudiante pasa por alto parte de un enunciado, difícilmente podrá interpretar o cuestionar su contenido. Junto con la memoria y la inferencia, la consideró una capacidad que debe trabajarse de manera deliberada. Puso como ejemplo la revisión en voz alta de pruebas ya terminadas: al escuchar de nuevo una pregunta, algunos alumnos descubren información que habían omitido en una primera lectura apresurada.
Arantxa Basterra, doctora en Educación y Sociedad del Conocimiento y docente universitaria especializada en bienestar y riesgos digitales.
Basterra relacionó esa prisa con la costumbre de recibir estímulos inmediatos y de alternar varias tareas. Sugirió establecer rutinas de estudio que limiten interrupciones, como silenciar la mensajería cuando se realiza una actividad que requiere concentración. Al mismo tiempo, advirtió de que la atención no depende únicamente de las pantallas. La ansiedad, el estrés y otras dificultades emocionales pueden afectar a la manera de aprender y manifestarse incluso en conductas disruptivas cuya causa conviene explorar.
Desde esa perspectiva, defendió una formación docente ajustada a las realidades actuales del aula. El profesorado necesita herramientas para comprender los riesgos digitales, atender al bienestar del alumnado y diseñar actividades acordes con sus formas de aprender. Para la especialista, los resultados de una evaluación internacional cobran utilidad cuando impulsan preguntas concretas sobre la experiencia cotidiana de los estudiantes y las medidas que pueden tomar los centros.
IA en educación: evaluar el proceso de aprendizaje
Soriano centró su aportación en un cambio que afecta directamente a la enseñanza: un estudiante puede pedir a la inteligencia artificial una respuesta o incluso un trabajo terminado. Si la evaluación se fija solo en ese resultado, resulta difícil saber qué ha comprendido. “Seguir evaluando únicamente un producto final no tiene sentido porque no evidencia el proceso de aprendizaje. La IA puede dar al estudiante una respuesta sencilla”, explicó. La alternativa es pedir al alumnado que muestre los pasos seguidos y las decisiones que ha tomado.
La coordinadora académica propuso comenzar cada actividad con una pausa: qué sabe el estudiante sobre el tema y qué ha aprendido antes de consultar una herramienta. Después tendría que explicar qué información acepta, cuál descarta, dónde la contrasta y qué aporta de elaboración propia. “Tenemos que poner la IA al servicio del pensamiento crítico y pedir al alumnado que explique qué acepta de sus respuestas, cómo lo comprueba y qué aporta por sí mismo”, resumió. Dejar constancia escrita de ese recorrido permite al docente acompañar el aprendizaje.
Como actividad adaptable a distintas edades y materias, Soriano planteó examinar con el alumnado textos generados por IA para buscar afirmaciones falsas o sesgos. La clase podría comparar sus impresiones iniciales con lo que consigue verificar. Así, la herramienta se convierte en objeto de análisis y en una oportunidad para practicar la lectura, la escritura y la comprobación de la información, además de ayudar al estudiante a reconocer cómo construye su propio criterio.
Àngels Soriano Sánchez, coordinadora académica del Experto en IA en Educación de UNIR.
Jiménez coincidió en que leer críticamente exige detenerse y prestar atención antes de aceptar una respuesta. En su reflexión final, añadió que las familias también necesitan orientación para acompañar el uso de las nuevas tecnologías y dialogar con los docentes antes de que aparezca un problema. La mejora de las notas, sostuvo, no agota el objetivo educativo: importan igualmente la salud emocional, la convivencia y la capacidad de relacionarse con los demás.
La prevención digital empieza antes de que aparezcan los problemas
En el cierre del foro, Basterra trasladó esa reflexión a medidas preventivas. Recomendó trabajar los riesgos digitales desde los centros, ofrecer formación a las familias y revisar hábitos cotidianos desde edades tempranas. “Prevenir es apostar porque no aparezcan problemas. Intentemos también, como padres o futuros padres, no utilizar la tecnología como chupete digital”, señaló. La experta llamó a buscar otras formas de acompañar y atender a los menores, en vez de recurrir automáticamente a una pantalla.
El Foro UNIR dejó así una propuesta de trabajo compartida: fortalecer la lectura y la atención de forma gradual, cuidar el bienestar digital y emocional, enseñar a comprobar la información y evaluar cómo se llega a una respuesta. PISA puede ayudar a detectar dificultades, pero las soluciones requieren observar al alumnado, ajustar las prácticas del aula y mantener un diálogo constante entre docentes, familias e instituciones.
Los mensajes principales de las ponentes
Elena del Pilar Jiménez Pérez:
- “Tenemos que inculcar en nuestro alumnado que el compromiso y el esfuerzo son necesarios para que avance el proceso de enseñanza y aprendizaje”.
- “Las redes sociales pueden ser una herramienta maravillosa. Las he utilizado en el aula porque me han ayudado a conectar con mi alumnado”.
Arantxa Basterra:
- “Deberíamos ser cautos con las palabras y saber diferenciar entre un uso intensivo de la tecnología, un uso problemático y una adicción”.
- “Prevenir es apostar porque no aparezcan problemas. Intentemos también, como padres o futuros padres, no utilizar la tecnología como chupete digital”.
Àngels Soriano Sánchez:
- “Seguir evaluando únicamente un producto final no tiene sentido porque no evidencia el proceso de aprendizaje. La IA puede dar al estudiante una respuesta sencilla”.
- “Tenemos que poner la IA al servicio del pensamiento crítico y pedir al alumnado que explique qué acepta de sus respuestas, cómo lo comprueba y qué aporta por sí mismo”.
- Facultad de Ciencias de la Educación y Humanidades






