Jorge Arana Varona
En la última edición del Foro UNIR, la docente de la universidad y expertas en educación emocional analizaron cómo integrar el bienestar en las aulas y responder a las nuevas demandas sociales desde un enfoque preventivo y colaborativo.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud y UNICEF, alrededor del 14% de los adolescentes presenta algún tipo de trastorno mental. La ansiedad, la depresión y los problemas de conducta aumentan en todo el mundo, mientras los sistemas educativos intentan adaptarse a una realidad cada vez más compleja. En este contexto, la educación emocional deja de ser complementaria para convertirse en una necesidad estructural.
Así lo planteó Carmen Gallego, doctora en Educación y docente de UNIR, al abrir el Foro UNIR dedicado a las tendencias y nuevas demandas sociales en educación emocional. “El bienestar no es un extra; es la base del aprendizaje y de la participación social”, afirmó, apoyándose en datos de la OCDE, la UNESCO y la OMS.
Junto a ella participaron Susana Pellico, directora de EMOOTI, e Isabel Solana, directora académica del Máster Universitario en Educación Emocional de UNIR, quienes coincidieron en que la salud mental juvenil exige respuestas coordinadas desde dentro y fuera de las aulas.
Cinco claves del Foro UNIR
- La salud mental es un reto global: “No es una crisis local; es una crisis global emergente”, señaló Carmen Gallego al referirse al aumento de trastornos en población infantil y adolescente.
- El bienestar influye en el rendimiento académico: “El clima escolar influye más que muchos factores estructurales”, explicó Gallego.
- El docente necesita formación específica: “El profesorado no puede asumirlo todo sin herramientas adecuadas”, advirtió Isabel Solana, defendiendo la profesionalización del bienestar escolar.
- La prevención debe comenzar en la escuela: “El profesor detecta; el especialista interviene”, afirmó Susana Pellico.
- La educación emocional es transversal: “No es una asignatura aislada; debe integrarse en todas las áreas”, insistió Solana.
Una prioridad estructural
Los informes internacionales coinciden en señalar que las competencias socioemocionales no solo mejoran la convivencia, sino que predicen el rendimiento académico y la satisfacción vital. Además, pueden enseñarse y evaluarse con instrumentos estandarizados.
En Europa, el bienestar ya se contempla como indicador clave de calidad educativa. Sin embargo, la implementación sigue siendo desigual. La figura del coordinador de bienestar escolar, aunque presente en algunos países, aún carece en muchos casos de formación especializada y recursos suficientes.
“Educar no es solo enseñar contenidos; es acompañar”, recordó Gallego, destacando la necesidad de liderazgo distribuido y coordinación entre escuela, familia y comunidad.
Familia, comunidad y prevención
Uno de los debates centrales fue el papel de las familias. Las expertas coincidieron en que la educación emocional no puede recaer únicamente en la escuela. El trabajo debe ser colaborativo y sistémico, incorporando a padres, orientadores, psicólogos y agentes comunitarios.
Pellico subrayó la importancia de generar espacios de escucha dentro del centro educativo para detectar señales de alarma tempranas. “Muchos conflictos pueden abordarse si se identifican a tiempo”, explicó.
Asimismo, se destacó que el docente necesita saber delimitar su rol: acompañar, detectar y derivar cuando sea necesario. La intervención especializada en casos complejos no puede recaer exclusivamente en el aula.
Educación emocional en la era digital
Las nuevas generaciones crecen en entornos digitales hiperconectados. Las redes sociales, la inteligencia artificial y la exposición constante influyen en su identidad y bienestar emocional.
Gallego propuso aprovechar estas herramientas como recursos pedagógicos: analizar videoclips, debatir series o trabajar pensamiento crítico a partir de contenidos digitales puede facilitar la conexión con el alumnado.
“La educación emocional también debe adaptarse a los lenguajes y formatos que los estudiantes ya manejan”, explicó.
Cuidar al docente para cuidar al alumnado
Un aspecto clave del foro fue el autocuidado docente. La sobrecarga profesional y emocional afecta directamente a la calidad del acompañamiento educativo.
Solana defendió la necesidad de que el profesorado cuente con formación en regulación emocional y estrategias de autocuidado. “Sentirnos bien es condición para hacer sentir bien”, afirmó.
La profesionalización del bienestar escolar pasa, por tanto, por formar agentes educativos capaces de diseñar programas, evaluar competencias socioemocionales y liderar procesos de mejora continua.
Un desafío colectivo
El Foro UNIR concluyó con una idea compartida: la educación emocional no es una moda ni una tendencia pasajera, sino una respuesta estructural a las demandas de una sociedad compleja.
La coordinación entre agentes, la prevención temprana y la formación especializada aparecen como ejes fundamentales para construir una educación más humana, resiliente y adaptada al presente.
Como sintetizó Gallego: todos tenemos un papel activo en este objetivo común.
- Facultad de Ciencias de la Educación y Humanidades






