Jorge Arana Varona
La IA, las redes sociales y la sobreabundancia de información han transformado el aula. En un Foro UNIR, expertos en educación analizaron cómo el profesorado de Secundaria puede fortalecer la comprensión lectora, la argumentación y la reflexión crítica sin renunciar al currículo oficial.

El aula de Secundaria ya no es el espacio que fue hace una década. El alumnado actual convive con estímulos constantes, información fragmentada y consumo digital intensivo. Según diversos estudios nacionales, más del 70% de los adolescentes reconoce que se informa principalmente a través de redes sociales, mientras que el tiempo medio de uso de dispositivos supera las tres horas diarias fuera del horario escolar.
En este contexto, el papel del docente se redefine. Enseñar ya no consiste únicamente en transmitir contenidos, sino en formar estudiantes capaces de analizar, argumentar y contextualizar lo que leen, escuchan o consumen digitalmente.
Así lo defendió Elena Solera, profesora de Lengua y Literatura en Secundaria y Bachillerato, durante el Foro UNIR dedicado al reto del docente en Secundaria. “Ya no podemos limitar la clase a explicar contenidos; tenemos que enseñar a pensar”, afirmó.
Junto a ella participaron Josué Villa Prieto, profesor del Máster en Didáctica de la Geografía e Historia, y Javier López Otero, director académico de los cursos de cualificación de UNIR, quienes aportaron una visión complementaria sobre formación docente y nuevas competencias educativas.
Cinco claves del Foro UNIR
- La atención fragmentada exige nuevas metodologías: “Tenemos que pelear por la atención del alumnado”, señaló Elena Solera, al describir el impacto de las pantallas en el aula.
- El pensamiento histórico ayuda a comprender el presente: “Si queremos entender el presente, nuestros alumnos tienen que comprender previamente la historia”, explicó Josué Villa Prieto.
- El pensamiento crítico es la competencia diferencial frente a la IA: “La inteligencia artificial no sustituye la capacidad crítica humana”, subrayó Javier López Otero.
- La evaluación debe centrarse en lo que el alumno sabe hacer: “La evaluación por criterios nos obliga a medir competencias reales”, recordó Solera al hablar del nuevo enfoque educativo.
- El docente necesita formación continua y transversal: “La educación actual exige perfiles capaces de conectar disciplinas”, afirmó López Otero al referirse a la cualificación docente.
Un alumnado distinto, un aula distinta
Los cambios en el perfil del alumnado son evidentes. La disminución de la atención sostenida, la dificultad para construir discursos argumentativos y el uso predominante de redes sociales como fuente informativa configuran un escenario complejo.
Solera destacó que el problema no radica en la tecnología en sí, sino en su uso indiscriminado. “No se trata de demonizar las pantallas, sino de enseñar a utilizarlas con criterio”, explicó. La clave reside en entrenar la concentración y ofrecer experiencias de aprendizaje activas.
La comprensión lectora constituye uno de los ejes centrales. Solo una minoría del alumnado alcanza niveles avanzados en esta competencia, lo que dificulta la construcción de pensamiento propio. Por ello, resulta fundamental trabajar diferentes tipos de lectura y fomentar el análisis profundo de textos.
Estrategias para enseñar a pensar
Entre las propuestas prácticas compartidas en el foro, Solera defendió la necesidad de conectar los contenidos con el entorno real del alumnado. Adaptar los clásicos a formatos actuales, incorporar música, redes sociales o debates estructurados favorece la participación.
Josué Villa Prieto insistió en que la historia ofrece un terreno privilegiado para desarrollar pensamiento crítico. Analizar conflictos actuales desde su origen histórico permite establecer conexiones y comprender fenómenos geopolíticos con mayor profundidad.
Además, se propuso trabajar la detección de bulos como herramienta transversal. La verificación de fuentes y el contraste de perspectivas constituyen ejercicios eficaces para fortalecer la argumentación.
“Si el alumnado aprende a formular preguntas y a cuestionar la información, ya hemos avanzado”, señaló Solera.
Evaluación y currículo
Uno de los debates más relevantes giró en torno a la evaluación. El nuevo marco educativo apuesta por la evaluación criterial, centrada en competencias y habilidades prácticas.
Este enfoque exige que el profesorado reformule sus métodos. No basta con comprobar memorización; es necesario observar producción oral, argumentación escrita y capacidad de análisis.
Sin embargo, los ponentes reconocieron la tensión entre innovación pedagógica y currículo extenso. La solución pasa por integrar el pensamiento crítico de forma transversal, sin añadir contenidos adicionales que saturen el programa.
“La clave está en enseñar mejor, no en enseñar más”, sintetizó Solera.
Formación docente y especialización
El foro concluyó con una reflexión clara: el cambio educativo requiere formación continua. La diversidad en el aula, la inclusión y la transformación digital obligan al profesorado a ampliar competencias.
Javier López destacó la importancia de perfiles multidisciplinares capaces de impartir varias materias y de conectar saberes. Los cursos de cualificación permiten ampliar especialidades y sumar puntos en procesos de oposición.
Josué Villa añadió que los problemas actuales no se organizan por asignaturas. El cambio climático, los conflictos internacionales o la desinformación requieren enfoques interdisciplinares.
En este escenario, la pasión por enseñar y la capacidad de adaptación se convierten en factores decisivos.
Más allá del contenido
La revolución educativa no implica abandonar el rigor académico, sino reforzarlo con herramientas adecuadas al presente. El docente del siglo XXI actúa como guía, orientador y facilitador del pensamiento autónomo.
El reto no es menor. Formar estudiantes capaces de pensar por sí mismos en un entorno saturado de información constituye una responsabilidad central de la educación actual.
Como resumió Elena Solera, el aula puede convertirse en un laboratorio de experimentación intelectual donde el error forma parte del aprendizaje y la reflexión ocupa un lugar prioritario.
- Facultad de Ciencias de la Educación y Humanidades






