Alfredo A. Rodríguez Gómez
Trump conserva el mando de la política exterior, pero deberá ejercerlo frente a un Congreso hostil. La victoria demócrata permite frenar a la Casa Blanca, no sustituirla. Los aranceles, Irán e Israel pondrán a prueba ese equilibrio.

La noche del 3 de noviembre, la Associated Press adjudicó ambas cámaras a los demócratas antes de las tres de la madrugada, hora de Washington. El día 4, el Senado quedaba en 54 escaños demócratas frente a 44 republicanos, con Misisipi y Alaska pendientes. En la Cámara, la ventaja era amplia, aunque faltaban decenas de distritos por adjudicar. Ganaron además cinco gobernaciones, incluida Texas.
La derrota del partido presidencial en las elecciones de mitad de mandato es habitual; lo llamativo es su magnitud. JD Vance señaló una causa: “La razón por la que perdimos es la guerra”. Hablaba de Irán. Trump admitió el coste electoral, recordó que él no había sido candidato y afirmó que volvería a tomar la misma decisión.
El freno y el volante
Los demócratas ganan tres herramientas:
- El dinero: presupuestos y ley anual de defensa permiten condicionar operaciones militares, tropas en el extranjero y partidas de ayuda.
- Los nombramientos: el Senado confirma a embajadores y altos cargos.
- Las investigaciones: las comisiones podrán citar a responsables de la Administración, algo que en minoría se les negó reiteradamente.
No ganan, sin embargo, la dirección del Estado. Trump puede vetar las leyes que frenen una guerra o recorten sus poderes comerciales. Superar el veto exige dos tercios de cada cámara, fuera del alcance de ambos bloques. La noche electoral aceptó el resultado y publicó después una gorra roja con una palabra: “veto“.
El nuevo Congreso toma posesión el 3 de enero de 2027. Durante estas ocho semanas, Trump no tendrá enfrente a la nueva mayoría demócrata. La mayoría republicana saliente negocia todavía el presupuesto de 2027: si lo cierra antes del relevo, el primero con marchamo demócrata será el de 2028.
El marco institucional explica ese giro parcial. En España, un cambio de Gobierno permitió retirar las tropas de Irak en 2004. En Estados Unidos, unas legislativas no sustituyen al Ejecutivo: el Congreso puede frenar, pero el presidente conduce.
Aranceles: el arma de Trump
Aunque la Constitución atribuye los aranceles al Congreso, este ha delegado facultades en el presidente. En febrero, el Supremo decidió por seis votos a tres que la ley de poderes económicos de emergencia no permite imponerlos. El Gobierno empezó a devolver dinero a los importadores; Trump cambió de base legal en días.
Conserva otras vías, por seguridad nacional o prácticas comerciales desleales. Según la USTR en el Federal Register, la medida de la sección 301 vigente desde el 24 de julio de 2026 establece tipos del 10% o del 12,5% para sesenta economías, con exenciones.
Baker McKenzie precisa que, para la UE, ese recargo completa hasta el 10% el arancel ordinario de nación más favorecida; si este ya alcanza o supera el 10%, el recargo es cero. Hay productos excluidos y regímenes sectoriales distintos.
Estas leyes no exigen permiso del Congreso para cada arancel. Los demócratas no pueden revocarlas frente al veto, pero sí negar poderes nuevos y negociar los presupuestos. Hasta ahora, el freno más eficaz han sido los tribunales.
La Ley Graham, firmada el 18 de septiembre de 2026 con apoyo bipartidista, contempla aranceles de hasta el 500% sobre bienes rusos y de hasta el 100% sobre bienes de países sujetos a sus criterios: los cinco principales compradores de crudo o gas natural rusos, o los principales facilitadores de la evasión de sanciones petroleras. No afecta a cualquier comprador.
Holland & Knight recoge en su análisis del 23 de octubre que Trump dispensó el día 16 la aplicación de esas sanciones y aranceles. La amenaza sigue en el cajón, disponible para negociar sobre Ucrania.
Como resumió el eurodiputado Bernd Lange, el presidente debilitado, el “pato cojo” de Washington, “puede convertirse en un pato enfadado”.
Irán, Israel y Ucrania
Irán será la primera prueba. La noche anterior a la votación, fuerzas estadounidenses atacaron una instalación antiaérea en Qeshm, en el estrecho de Ormuz. Los demócratas anuncian para la primera semana de enero una resolución que obligue a terminar la guerra o pedir autorización para continuarla. El veto limita su alcance, pero pueden elevar el coste político y condicionar la financiación.
Reuters informó en Yahoo Finance de que los futuros del Brent cerraron el 4 de noviembre en 94,62 dólares por barril, un 8,7% menos. EFE situó el Ibex 35 en 19.370,9 puntos, tras ganar un 3% —563,7 puntos—. Las variaciones no prueban por sí solas una reacción al Congreso.
Un mensaje atribuido al líder supremo iraní calificó de “gravemente equivocados” a quienes esperan cambios por la alternancia en Washington.
Sobre Israel, Trump anunció en televisión el fin de la ayuda militar anual a finales de año, sin aclaraciones oficiales. Documentos del líder demócrata en la Cámara, Hakeem Jeffries, y grupos de análisis conservadores coinciden en pasar de la ayuda directa a la cooperación industrial y tecnológica. No es todavía una decisión; de materializarse, supondría un cambio profundo.
En Ucrania, un Congreso más favorable a Kiev no garantiza la ayuda: Trump ya se ha negado a gastar fondos aprobados y mantiene la negociación con Rusia.
Qué significa para Europa y para España
Europa gana interlocutores y garantías sobre la OTAN: una ley de 2023 impide la retirada estadounidense de la Alianza sin apoyo del Congreso. Pero el riesgo comercial persiste, e incluso puede crecer si Trump busca fuera la autoridad perdida en casa. Baker McKenzie recuerda que las exportaciones españolas afrontan tipos y exenciones según la mercancía.
Una guerra más corta podría abaratar el petróleo y aliviar a España; nuevos ataques durante estas ocho semanas tendrían el efecto contrario. Ningún escenario está asegurado.
Comparto la recomendación de varios analistas europeos: aprovechar estos dos años para tender puentes con el Congreso y los aspirantes presidenciales de ambos partidos para 2028. Esperar sería un error: Estados Unidos seguirá siendo imprescindible.
La derrota del partido presidencial en las elecciones de mitad de mandato es habitual; lo llamativo en este caso es su magnitud.
Un presidente frenado, no detenido
Trump sigue dirigiendo la política exterior, pero hacerlo le costará más. Preveo menos apetito por escalar en Irán, aranceles persistentes y decisiones a golpe de decreto y veto. Si la guerra termina antes de enero, recuperará margen; si continúa, el choque con el Capitolio puede marcar el resto del mandato.
(*) Alfredo A. Rodríguez Gómez es coordinador del Máster Universitario en Relaciones Internacionales y Gobernanza Global de UNIR.
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