Víctor Pascual
La Asamblea General de Naciones Unidas se celebra en plena crisis del multilateralismo y ante desafíos que ningún país puede afrontar por sí solo. La cooperación internacional vuelve a revelarse como el gran 'superpoder' humano frente al caos.

En la magnífica y provocadora obra Sapiens: De animales a dioses, su autor Yuval Noah Harari explica que la clave de la dominación del mundo por parte de los humanos radica en nuestra capacidad única para cooperar de manera flexible con un número incontable de extraños a través de la creencia en mitos comunes e imaginaciones colectivas. Para Harari, la cooperación a gran escala y de manera flexible es el verdadero ‘superpoder’ del homo sapiens y la causa principal por la cual nuestra especie conquistó el planeta.
Esta afirmación tan reveladora evidencia una vez más que la cooperación ha sido, a lo largo de la historia, una necesidad y una constante en la evolución humana y explica, en gran medida, el grado de desarrollo que hemos alcanzado como especie; además, convengo con el autor israelí, que si no fuera por nuestra habilidad y capacidad de cooperar, el ser humano no habría logrado convertirse en la especie “más fuerte y dominadora de la Tierra”.
Esta semana en Nueva York se celebra la 81ª sesión ordinaria de la Asamblea General de las Naciones Unidas, la principal organización internacional creada en 1945, tras la 2ª Guerra Mundial, para mantener la paz y la seguridad internacional mediante la cooperación y la promoción de relaciones pacíficas entre los Estados.
Líderes de más de 130 países se reúnen en Nueva York para una cita marcada -entre otras cuestiones- por las tensiones geopolíticas, los nuevos liderazgos, el incremento del precio del petróleo, los conflictos armados, el cambio climático, las crisis humanitarias y, en especial, el papel de la inteligencia artificial.
¿Crisis, qué crisis?
Esta reunión se produce en un contexto de crisis del multilateralismo, de los organismos internacionales y, sobre todo, de las propias Naciones Unidas, por la proliferación de acciones unilaterales llevadas a cabo por los países más poderosos del planeta (véase Estados Unidos, Rusia o la propia China), al margen de la ONU, en defensa de sus intereses nacionales en sustitución del interés global.
En esta coyuntura, debemos recordar que la cooperación está en la médula espinal del sistema internacional que las grandes potencias crearon tras 1945 para superar las insuficiencias y errores del pasado y con el fin de no repetir las graves atrocidades cometidas durante la Segunda Gran Guerra Mundial. Así, lo refleja incluso el propio artículo 1.1 de la Carta de San Francisco, dos de los propósitos de las Naciones Unidas son:
3. “Realizar la cooperación internacional en la solución de problemas internacionales de carácter económico, social, cultural o humanitario, y en el desarrollo y estímulo del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales de todos, sin hacer distinción por motivos de raza, sexo, idioma o religión”.
4. “Servir de centro que armonice los esfuerzos de las naciones por alcanzar estos propósitos comunes”.
En esta misma línea se viene pronunciado el secretario general de la Organización, Antonio Guterres, el cual apela constantemente a los Estados a reforzar la cooperación multilateral, a trabajar de forma conjunta para afrontar los desafíos globales de la humanidad, lo que ha reiterado en su mensaje de bienvenida a todos los países que asisten a esta Cumbre de Alto Nivel en Nueva York: “Mi mensaje a los líderes mundiales es claro: aunad esfuerzos por la paz, por la dignidad, por la justicia y por la humanidad. Sólo mediante la cooperación internacional podemos construir un mundo mejor”.
Y es que, aunque muchos líderes mundiales se empeñen en actuar de manera contraria a estos loables principios y propósitos, en la sociedad internacional globalizada actual en la que vivimos, ningún problema ni desafío puede ser resuelto sin concertación, sin cooperación y sin recurrir a los mecanismos multilaterales y organizaciones internacionales que se han ido creando desde 1945 hasta nuestros días.
El elemento central de nuestra supervivencia
Este mismo mensaje “multilateral” de seguro será escuchado hasta la saciedad durante las intervenciones de los líderes mundiales que tomarán la palabra esta semana en la Asamblea General de la ONU; todos ellos, hablarán de la importancia de la cooperación, pero muchos de ellos sólo lo dirán como un elemento retórico o meramente estético. Pero esta no es la manera de construir un mundo mejor. El mundo necesita líderes políticos, cargos públicos, servidores públicos que de verdad entiendan que la cooperación es elemento central de la propia supervivencia de nuestra comunidad internacional.
Por el contrario, si seguimos anteponiendo nuestros instintos violentos, individualistas y unilaterales frente a la habilidad y el ‘superpoder’ humanos, que -como nos señala Yuval Harari en Sapiens– radican en nuestra capacidad para cooperar con otros de manera flexible y a gran escala, de forma clara avanzaremos hacia el caos, el desorden y la anarquía y, por ende, hacia nuestra propia autodestrucción como sociedad internacional y como especie.
(*) Víctor C. Pascual Planchuelo es director del Área de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de UNIR y profesor del Máster Universitario en Cooperación Intergubernamental y Organizaciones Internacionales.
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