Miércoles, 11 septiembre 2019

Cómo los hogares inteligentes ayudan a mejorar el medio ambiente

Cuánta razón tenía el escritor y científico británico Arthur C. Clarke al decir que “cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es totalmente indistinguible de la magia”.

Un hogar inteligente (smart home) es aquel que es capaz de hacer cosas por sí mismo gracias a la automatización y la conectividad. Se trata, en pocas palabras, de un hogar que “siente” lo que pasa dentro de él, y que “conoce” y “entiende” a quienes viven dentro, lo que le permite adaptarse a sus costumbres y necesidades. El resultado es un aumento en la seguridad, la calidad de vida, el respeto al medio ambiente y la eficiencia energética.

De la novela de Dick a la realidad

No obstante, para entender cómo funcionan este tipo de hogares en el día a día, nada mejor que Ubik (1969), la novela de ciencia ficción de Philip K. Dick que describe un mundo de objetos inteligentes donde se puede interactuar hasta con la cafetera. Dicho lo cual, es lógico que surjan las preguntas: ¿estamos frente a un nuevo lujo para las familias de mayor nivel adquisitivo? ¿Se trata de una nueva moda para los más “techies”?

La temperatura media global ha subido 1º C por encima de la era preindustrial, y todos sabemos que este calentamiento se está sintiendo en fenómenos tan alarmantes como el deshielo del Ártico y el aumento de la contaminación. Sin embargo, tenemos unas cuantas razones más para estar preocupados.

Los cálculos dicen que si la temperatura llegase a subir un 2% se podrían llegar a perder el 16% de las plantas

Los cálculos dicen que si la temperatura llegase a subir un 2% se podrían llegar a perder el 16% de las plantas de la tierra, lo que tendría un impacto muy negativo sobre la cantidad de alimentos disponibles para una población que no para de crecer.

Hacia dónde llevamos el planeta

Una tragedia de especial virulencia, como siempre, para los países más pobres dado que, por ejemplo, la región de África subsahariana podría ver sus cultivos de maíz reducidos hasta en un 90%. ¿Nos vamos haciendo una idea de hacia donde estamos llevando el planeta?

A esto deberíamos añadirle la muerte del 18% de los insectos, un 5% de las aves y un 8% de los vertebrados. Y me consta que, en este momento, alguien podría pensar: ¿Los insectos? ¿Esos bichos tan molestos en verano y primavera…? ¿Motivo de tristeza? ¡Pues sí! Porque detrás de su desaparición podría estar la nuestra.

Dicen que las abejas y las plantas son la simbiosis perfecta. Las abejas colectan néctar y polen de las plantas para alimentarse, y a su vez se encargan de la polinización. En concreto les debemos la polinización del 75% de la flora silvestre y del 40% de nuestras frutas y verduras, por lo que si algún día desapareciesen irían detrás muchas de las plantas que ellas mismas se encargan polinizar.

Lo dijo Albert Einstein: “si la abeja desapareciera del planeta, al hombre solo le quedarían 4 años de vida”. ¿Un pronóstico un poco exagerado? No seré yo quien lleve la contraria a un genio, pero sí que aprovecharé el momento para recordar que las abejas están en peligro, desorientadas, aturdidas y débiles por los efectos del cambio climático.

El desafío está planteado: ¿tienen futuro los hogares inteligentes y las viviendas que consumen menos energía y que más respetan el medioambiente?

En un escenario así, ¿tienen futuro los hogares inteligentes? ¿las viviendas que consumen menos energía y que más respetan el medioambiente?  La solución al calentamiento global no llega solo de medidas como la restricción del tráfico, el reciclaje o las multas a las empresas contaminantes.

Se calcula que cerca del 19% de las emisiones de gases contaminantes son de origen doméstico, por lo que reducir el consumo energético y la contaminación causada por los hogares, con este tipo de tecnologías que traen consigo un aumento de la eficiencia energética de hasta un 27%, no es un privilegio, me temo que puede ser vital.