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Tendencias disruptivas en la Dirección de Proyectos

Por Carlos Sánchez | Innovation Knowledge Manager en Mapfre Corporation 6-12-19

La dirección de proyectos ha cambiado radicalmente. Carlos Sánchez, Director de Proyectos de Innovación en Barrabés Next, explica cómo son las tendencias disruptivas que ayudan a los directivos a afrontar este cambio.

¿Os habéis preguntado cuánto ha aumentado la complejidad de la sociedad y de las empresas los últimos años? Y si hablamos de Dirección de Proyectos, más aún.

La complejidad, en nuestro día a día, se utiliza para caracterizar a un conjunto intrincado y difícil de comprender. Es la cualidad de lo complejo, y complejo, según la RAE, es aquello que se compone de elementos diversos.

Podríamos preguntar en Quora, pero en general la respuesta sería exponencial.  En efecto: lo que define nuestra época es la abundancia de información impulsada por la conexión. El impulso de las comunicaciones y la digitalización hacen que todo esté más conectado. ¡Y lo que nos viene con la revolución del Internet de las cosas, IoT!

Cualquier ámbito de la vida (un proyecto, una empresa, una ciudad…) tendrá más elementos y más diversos y conectados. Todo esto complica mucho su gestión.

Ya no sirven los modelos en cascada

Nuestras empresas y trabajos cada vez se orientan más a proyectos. La dirección de estos proyectos resulta, por tanto, esencial. Sin embargo, la linealidad de los modelos en “cascada”, de apenas quince años, ya no sirve:

La dirección de proyectos resulta esencial.

 

Como vemos en el gráfico anterior, la base operativa de la dirección de proyectos en el pasado era la PREDICTIVA:

  • Todo arrancaba de una planificación grande y extensa: muchísimo esfuerzo al principio
  • Con una orientación a procesos
  • Mucha documentación
  • Y fases secuenciales

Ahora bien, ¿sabemos todo lo que hay que hacer desde el principio? Acaso somos una raza de superhombres que se elevan sobre la incertidumbre y que anticipan las respuestas a los cambios, las interacciones o las reacciones de los clientes…

La respuesta está clara ¿verdad? No. Considerando nuestra respuesta nos preguntamos que está pasando en el entorno actual de gestión de proyectos. Mi trabajo en la dirección de proyectos de innovación trabajando con corporaciones y con casi un centenar de startups me permite compartir con los lectores de este blog alguna de las tendencias más radicales en la gestión de proyectos actuales.

¿Qué está pasando ahora en la Dirección de Proyectos?

En 2001, 17 críticos con el esquema en “cascada” promovieron el manifiesto Agile. Este nuevo marco de trabajo buscaba desarrollar, entregar y mantener productos complejos mejorando calidad y velocidad.

La Metodología Agile ha mejorado mucho la Dirección de Proyectos.

Fue un hito en la forma de abordar los proyectos. La convergencia de metodologías como el Scrum (1995), el Design thinking (2008) y el Lean Startup (2008), que promueven una gestión de proyectos dinámica, ágil y centrada en las personas, nos permite destacar las siguientes tendencias en la gestión de proyectos:

  • Experimentación para aprender: Debemos evitar los modelos rígidos y dependientes de planificaciones pesadas del pasado. Hoy debemos dominar las técnicas de prototipado que nos permitan visualizar conceptos y soluciones a la complejidad. Y validar dichas soluciones con los clientes.
  • Iterar, pitovar y testar: Para la dirección de proyectos, también debemos adoptar el método científico de establecer hipótesis, priorizarlas y testarlas en experimentos. E iterar o pivotar según aprendemos.
  • Velocidad y fidelidad : El entorno digital ofrece multitud de herramientas para testar rápido prototipos de la solución final (“design Tooling”), con una apariencia cuidada y simulando las interacciones de los usuarios.
  • Autonomía y gestión descentralizada: La agilidad requiere auto-organización frente a dirección. También exige que que emerjan nuevos sistemas de toma de decisión basados en el consenso, la inteligencia colectiva, la transparencia y la proactividad, como es la sociocracia.
  • Productos mínimos viables: Los decisores y/o inversores no pueden tomar una decisión compleja sobre papel. Nos exigen más realidad, menos incertidumbre. Para ello necesitamos productos simples, pero dotados de funcionalidad y atractivo suficiente para validarlos con los mismos usuarios, con métricas y tests en condiciones de mundo real.
  • Datos, datos y datos: Experimentar y apalancarnos en el entorno digital promueve una gestión de proyectos basada en el dato. Lo interesante del protagonismo del dato es el valor de la Inteligencia Artificial y de nuevas profesiones como el “Data Scientist”. 

Datos no estructurados, la gran oportunidad

Los datos no estructurados, simplificando, son aquellos que están desorganizados. Están distribuidos en un sinfín de ficheros, historiales médicos, calendarios, planificaciones…  Contienen conocimiento no aprovechable al no ser accesible y visualizable de forma inmediata y sencilla. Ahora bien, si gracias a la inteligencia artificial podemos estructurarlos, la gestión de proyectos cambiará de forma disruptiva.

Las habilidades más demandadas según el World Economic Forum son la “capacidad de resolver problemas complejos” y las “social skills (inteligencia emocional, negociación, coaching, empatía…) Clic para tuitear

Imaginemos, por ejemplo, que tomamos las planificaciones de proyectos similares al que vamos afrontar. Imaginemos también que la inteligencia artificial indexa dichos ficheros, los relaciona y aprende. Gracias a este proceso, nos puede ofrecer, de forma anticipada, una ayuda en nuestra gestión predicciones, alertas y/o escenarios de riesgo. Compañías innovadoras españolas como MeaningCloud, Newralers, Iomed o británicas como Nplan (AI- Powered Scheduling) realizan esto ya en industrias como la Salud (Healtech), las Finanzas (Fintech) o la Construcción. Por tanto, no hablamos de ciencia ficción: ¡ya está pasando!

¿Y qué podemos hacer nosotros?

Creo que debemos tener una actitud abierta, aplicando a nuestras vidas una nueva filosofía de aprendizaje: transversal y vertical. Por un lado, la complejidad de los proyectos nos demanda un conocimiento muy específico de metodologías y tecnologías disruptivas. Como decía el gran Ludwing Mies van der Rohe, “Dios está en los detalles”. Por tanto, debemos cuidar los detalles.

Pero además, esta complejidad eleva la importancia de una formación global y transversal, con foco en la habilidades blandas. Con estas “soft skills” podremos afrontar lo que se espera en los nuevos responsables de proyectos y directivos de nuestras compañías. Dicho de otro modo: estar más centrados en eliminar los impedimentos en el trabajo en proyectos y/o soportar, mentorizar o hacer coach de los equipos.

En un reciente informe del World Economic Forum sobre el futuro del trabajo, las habilidades más demandadas son “capacidad de resolver problemas complejos” y las “social skills (inteligencia emocional, negociación, coaching, empatía…).

Concluyendo, la dirección de proyectos del siglo XXI supone impulsar la visualización de lo que hacemos dentro hacia afuera. Solo así permitiremos que emerja la creatividad, que es la mejor respuesta hasta ahora encontrada a la complejidad. La creatividad facilita y permite realizar nuevas conexiones. Estas conexiones unen el conocimiento que los equipos de proyecto ya tienen con aquel conocimiento que les falta (quizás dentro de nuestras organizaciones o quizás fuera). Así lograremos considerar los detalles y las partes de la complejidad que debemos afrontar para llevar nuestros proyectos a buen puerto. “Visualizar lo conecta todo”.

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