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Cómo mentorizar a empleados, universitarios o niños (sin sobreprotegerlos)

Por Pepe Martín | CEO de Minimalism Brand 12-12-19

Para mentorizar bien, hay que decir verdades que no siempre gustan. El emprendedor y CEO de Minimalism, Pepe Martín, nos cuenta su experiencia ejerciendo de mentor de varios jóvenes con proyectos empresariales.

Mentorizar un empleado ayuda a desarrollar su carrera profesional

¿Qué es eso de mentorizar a un empleado? Bueno, quizá antes de responder a la pregunta, alguien se haya preguntado si en castellano existe la palabra ‘mentorizar’. La RAE nos saca de dudas: sí existe. Y es un término que cada vez genera más interés, como veremos a continuación.

Hace unas semanas tuve la oportunidad de participar como mentor en un evento dedicado al desarrollo y potenciación del emprendimiento organizado por Iberdola.

No es la primera vez que acudo como mentor. Tampoco es la primera vez que acudo como “alumno”. Si no recuerdo mal, la primera vez que acudí a un evento del estilo fue en un Wayra weekend (hoy iWeekend). En aquellas jornadas desarrollábamos una idea de negocio en 48 horas.

Fin de semana de mentoring

De la idea de negocio que desarrollamos poco queda. Las mínimas horas de sueños de ese fin de semana ya están recuperadas. De la caña que nos dieron en esos días, sinceramente, poco me acuerdo. Pero hay una cosa que mantengo, los contactos. De hecho, de ese evento salió mi relación con Víctor Rodado, quien hoy es mi socio en varios negocios como Minimalism Brand o Mabui Design. Y ahí radica la importancia de estos eventos sobre mentoring, el entorno y los contactos.

Nuestra función como mentores durante el fin de semana consiste en:

  • Asesorar
  • Cuestionar
  • Hacer pensar
  • Molestar
  • Ayudar (sobre todo esto)

A la hora de mentorizar, no perdamos de vista que hablamos de chicos que aún están formándose en ingenierías o en ADE y marketing. Es decir, que posiblemente sea la primera vez que se enfrentan a este tipo de situaciones.

Tu idea de negocio en 20” ante un jurado

Hay una parte clave de estos eventos: la exposición de la idea de negocio a un jurado. Normalmente se dan entre 20 segundos (posiblemente el tiempo que tendrás en la vida real para vender tu idea, captar un nuevo cliente o encontrar un puesto de trabajo) y 2 minutos. Después de la exposición, un jurado valora y realiza preguntas.

Para exponer la idea de un negocio, se dan entre 20 segundos y 2 minutos, porque la vida real no da más tiempo Clic para tuitear

Desde mi punto de vista, para montar un negocio, la idea es importante pero no lo es todo. Nos debemos centrar en una exposición clara y tranquila. Una exposición focalizada en transmitir qué y cómo puede aportar valor esa idea a cada persona del jurado o a posibles clientes. Esto es complicado para todos nosotros, imaginad para chicos entre 18 y 24 años.

Mientras estaba sentado escuchando ideas, me veía a mí mismo hace no tantos años, explicando una idea que quizá no fuera viable, con miedo y esperando una respuesta dura por parte del jurado. Personalmente, y después de haberme “pegado” con puestos de trabajos, clientes e inversores y sus respectivas preguntas, no me encajaba decirles que la idea era viable o sencilla. Así que al mentorizar me centré en cuestionar todo aquello que no tenía sentido. Una frase que me caló fue, por ejemplo: “Fabricaremos con proveedores externos, bajo demanda y a gran escala”. Lo siento, pero yo eso lo tengo que cuestionar igual que me han cuestionado a mí en incontables ocasiones.

El problema que encontré, y que va asociado al título del post, es que no todo el mundo entendió mi visión. Yo quería apretarles, cuestionarles y hacerles dudar. El porqué es sencillo: quizá fuera la primera vez que alguien les apretaba en un entorno en el que no se sintieran cómodos.

Mentorizar es dejar que se equivoquen

Meditándolo después, me di cuenta del problema que TODOS tenemos: sobreprotegemos a nuestros hijos, sobreprotegemos a los alumnos durante su formación, y sobreprotegemos a universitarios ante la realidad laboral tras terminar sus carreras. Por si fuera poco, también sobreprotegemos a empleados frente a clientes o situaciones “duras”.

Hay un problema que TODOS tenemos: sobreprotegemos a nuestros hijos, sobreprotegemos a nuestros alumnos, sobreprotegemos a nuestros empleados Clic para tuitear

La solución es sencilla: Dejad que todos ellos se expongan limitando las posibles pérdidas. Me explico:

  • Deja que tu hijo se caiga muchas veces. Que aprenda que las recompensas no son inmediatas, que cuesta ganar las cosas.
  • Deja que los universitarios se expongan. Que den conferencias a sus compañeros, explicando sus ideas en público, creando cosas fuera del ámbito universitario. Que escriban, que pinten y que hagan vídeos. Deja que se equivoquen y aprendan.
  • En una entrevista de trabajo, deja que sepan cómo les apretarán.
  • Deja que trabajen mientras estudian. Se puede, te prometo que se puede. No vale con explicarles lo bonita que es la universidad y qué cómodo se está en ella. Explícale el frío que sentirán cuando busquen un trabajo o tengan que captar clientes.
  • Y hablando de clientes, permite a tus empleados ejercer como empleados: que se expongan, que crezcan y que se sientan apreciados por tu equipo y por ti. Ojo con lo que dice Steve Jobs: “No tiene sentido contratar a personas inteligentes y después decirles lo que tienen que hacer. Nosotros contratamos a personas inteligentes para que nos digan qué tenemos que hacer.”

Hacemos un flaco favor sobreportegiendo. Cualquiera de nosotros es consciente de lo duro que es salir de la universidad, encontrar un trabajo, gestionar un equipo o montar un negocio.

Ahí fuera nadie te protege y hace frío. Dejad que se equivoquen.

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