Miércoles, 16 septiembre 2020

Retraso del lenguaje y del habla: cómo se manifiesta y cómo abordarlo en el aula

Uno de los objetivos de la escuela, desde el ciclo de Infantil, es que los alumnos adquieran buenas habilidades comunicativas. El lenguaje es un proceso estrechamente vinculado con el desarrollo cognitivo y el aprendizaje: un instrumento que permite conocer el entorno, adaptarse a él y mejorar las competencias sociales. Sin embargo, no todos los niños tienen la misma evolución a la hora de desarrollar la capacidad de hablar y algunos muestran un retraso significativo respecto a sus iguales. Veamos en qué consiste el retraso del lenguaje y del habla, y cómo se pueden abordar en el trabajo del aula.

¿A qué llamamos retraso del lenguaje?

Hablamos de retraso en esta área cuando un niño presenta un desarrollo tardío en todos los niveles del lenguaje: fonológico, morfosintáctico, semántico y pragmático. El niño manifiesta principalmente serias dificultades de expresión oral y, menos acusadas, en la comprensión lingüística.

También puede darse el caso de que el alumno solo muestre inmadurez a nivel fonético, por lo que estaríamos hablando de retraso del habla. Es importante señalar que estos trastornos asociados a la adquisición del lenguaje no tienen por qué ser síntoma ni están asociados a problemas del neurodesarrollo y/o auditivos.

 

 

Características del alumnado con retraso en el lenguaje y habla

Es bastante habitual que con niños pequeños sea la propia familia la que dé la voz de alarma en la escuela o en la consulta pediátrica, preocupada porque su hijo de tres años apenas habla o se expresa con mayor inmadurez que sus amigos de la misma edad. En este sentido, el profesorado es una figura clave a la hora de detectar y valorar si ese retraso en el lenguaje es significativo y requiere de apoyos escolares en esta competencia. ¿Qué señales indican un retraso del lenguaje y del habla?

A nivel fonológico

  • – Un claro retraso en la producción del habla. El niño no produce sus primeras palabras antes de los dos años. A los tres no construye oraciones, solo une dos palabras.
  • – Su pronunciación es deficitaria, más infantil a la esperada para su edad: omite consonantes, especialmente las finales; acorta patrones de las palabras. Por ejemplo: dice “engo hambe” por “tengo hambre”; “una mosa”, en lugar de “mariposa”.
  • – Y sustituye con mucha frecuencia algunos fonemas en las palabras complejas, en las polisílabas.

A nivel morfosintáctico

  • – Puesto que el niño no habla hasta edad tardía, abusa del uso de la mímica para comunicarse. Cuando quiere algo, señala con el dedo en lugar de intentar pronunciar la palabra del objeto deseado.
  • – Abusa de lenguaje telegráfico: no utiliza determinantes ni preposiciones.
  • – Muestra dificultades para el uso de los pronombres especialmente la primera persona (yo).
  • – Y si formula oraciones, estas son muy simples y/o no respeta el orden gramatical.

 

 

A nivel semántico

  • Su vocabulario es pobre e infantil respecto a su edad cronológica. Dice “pipí” o “guagua”, en lugar de “pájaro” y “perro”. Desconoce las familias semánticas. Por ejemplo, utiliza la palabra “gorro” para referirse a “sombrero, gorra, visera”…
  • Puede mostrar pequeñas dificultades de comprensión, especialmente cuando el enunciado es largo o más complejo.
  • Es muy habitual que recurra a muletillas y frases hechas.

A nivel pragmático

  • – Tiene problemas en la comunicación social, es decir, le cuesta interaccionar con los demás a través del lenguaje, formular preguntas o expresar sus necesidades o emociones. En muchos casos, lo evita y muestra poca iniciativa a la hora de participar en el aula o hablar en público.
  • – Además, cambia de tema de conversación con frecuencia o desconecta durante la escucha.
  • – Le cuesta un gran esfuerzo expresar ideas o describir situaciones. Es frecuente que su discurso sea incoherente.
  • – Y cuando utiliza el lenguaje oral, es con la intención de denominar objetos o conseguir algo que necesita. En escasas ocasiones habla durante el juego o con el objetivo de integrarse en el grupo.

Cómo trabajar los trastornos de adquisición del lenguaje desde el aula

El papel de la escuela infantil es fundamental en la prevención de los problemas del lenguaje. Normalmente los niños con retraso significativo en el lenguaje y el habla son diagnosticados en el último ciclo de Infantil y en los primeros cursos de Primaria. En estos casos, es necesario que el centro tome medidas pedagógicas acordes con las necesidades educativas especiales del alumno. Esto conlleva adaptaciones curriculares y programas específicos llevados a cabo por el especialista en Educación Especial del centro.

 

 

De acuerdo con la evaluación del equipo de orientación se determinará el diseño de dicho programa y la necesidad de apoyo dentro y fuera de la escuela por un logopeda. Los objetivos de estos programas son mejorar las habilidades lingüísticas y sociales del alumno. Por lo tanto, se trabaja principalmente la expresión verbal: nominar palabras que conoce y aprender nuevo léxico, completar historias, describir oralmente situaciones, construcción de oraciones, articulación fonética… También se entrenan otros procesos cognitivos vinculados al lenguaje como la atención y concentración, la comprensión auditiva, la clasificación de palabras y campos semánticos.

Es fundamental durante este proceso que el equipo orientador y el especialista cuenten con la colaboración de la familia del alumno y, muy concretamente, con su maestro. De hecho, en el marco del aula ordinaria, el docente necesitará utilizar estrategias pedagógicas que potencien el aprendizaje e inclusión del niño con dificultades en el lenguaje. Aquí algunas recomendaciones generales para trabajar con el alumno en el aula:

  • 1. Uso de apoyos visuales para la realización de tareas: mostrar tarjetas y carteles con fotos donde se describen las rutinas de clase, presentar al estudiante esquemas para realizar los ejercicios…
  • 2. Fomentar el juego social, puesto que un alumno con dificultades comunicativas suele padecer baja autoestima y es más vulnerable al aislamiento respecto al grupo.
  • 3. Hablar con el alumno despacio, con oraciones claras y sencillas. Cuando el maestro formule una pregunta, también debe animarle a que construya una oración y no limite su respuesta a monosílabos o palabras sueltas.
  • 4. Es importante también que el maestro premie los logros del alumno cuando habla en clase y que evite corregirlo delante de sus compañeros para evitar burlas. Si el niño se equivoca al pronunciar o construir una oración, es mejor que se le repita de manera correcta para que detecte por sí mismo dónde cometió el error.
  • 5. Cuando se trabaje con el alumno el discurso —por ej., pidiéndole que cuente sus vacaciones o qué hizo la tarde anterior— es necesario que el educador le ofrezca una serie de instrucciones para que el niño aprenda a organizar sus ideas antes de expresarlas ya sea verbalmente o por escrito.

Como vemos, el papel de la escuela es esencial en el tratamiento de los problemas del lenguaje. De hecho, los trastornos del lenguaje son los problemas del desarrollo más frecuentes en el alumnado con NEE; y sin intervención educativa, estos alumnos también sufrirán serias dificultades en la adquisición de la lectura y escritura. Eso, sin mencionar el malestar emocional que genera al niño. Por lo tanto, la escuela cumple otras dos funciones cruciales: la de detectar precozmente un posible retraso o alteración en el lenguaje y la prevención de estos problemas en los primeros años de escolarización.