Miércoles, 06 mayo 2020

Las impresoras 3D en educación: ventajas, aplicaciones y ejemplos

El uso de las impresoras 3D está cada vez más generalizado y ya es común disponer de estas máquinas no solo en empresas, sino también en hogares y centros educativos. Sin duda, el uso de impresoras 3D en educación ofrece gran potencial para alumnos y profesores. En UNIR abordamos algunas de las ventajas de su uso en las aulas.

No es fácil ni muy común encontrar una impresora 3D en nuestros centros educativos, aunque existen iniciativas experimentales que sí lo han hecho con éxito. En otros países, como Estados Unidos o Reino Unido, se van incorporando a las aulas conscientes de su potencial como recurso educativo, versatilidad y posibilidad de fomentar la participación activa del alumnado.

Si hace una década entraron en las aulas los ordenadores o las pizarras interactivas, es bastante probable que lo próximo sean este tipo de impresoras. Y serán una herramienta de apoyo a asignaturas tanto de Ciencias como de Artes o Historia.

 

 

Una impresora 3D es una máquina capaz de realizar réplicas de diseños en tres dimensiones. Su principal valor es que toman un diseño almacenado en un archivo informático y lo convierten en realidad, es decir, en una pieza o maqueta volumétrica con largo, ancho y alto.

Al funcionamiento de imprimir en tres dimensiones también se le llama fabricación aditiva. La impresión se realiza sin necesidad de moldes ni utillajes de ningún tipo. Poco a poco, la máquina va construyendo la pieza mediante la deposición de capas de material que se van consolidando y formando la estructura deseada. El proceso de construcción es capa a capa y desde abajo hacia arriba.

Una impresora 3D utiliza normalmente materiales termoplásticos que salen derretidos a través de un filamento y se endurecen al enfriarse. Los principales materiales son el filamento ABS y el filamento PLA: entre ambos acumulan el 95 por ciento de los materiales usados en este tipo de impresión.

Principales ventajas del uso de impresoras 3D en el aula

Mejoran la participación

Producen más participación en el aula porque transforman el aprendizaje en una experiencia diferente e interesante, además de algo divertido y, sobre todo, tangible. Es común que los centros las usen a modo de reunión de grupos para que experimenten con la máquina o para realizar una clase práctica en la que los estudiantes puedan debatir y aportar sus propias ideas. Por ejemplo: si se está explicando la Romanización de España, el tema resultará más atractivo y se logrará una mayor interactividad si los alumnos pueden imprimir en 3D el acueducto de Segovia.

 

 

Fomentan el aprendizaje interdisciplinar y el trabajo en equipo

Para hacer un mapa topográfico no solo hay que saber de Geografía, sino también de Ciencias o Matemáticas. El alumno tendrá que investigar y estudiar sobre varios temas para hacer su impresión en 3D, lo que fomenta la colaboración entre asignaturas. Además, el planteamiento de trabajo suele ser en grupos, lo que implica saber colaborar con los demás y respetar otras opiniones.

Captan la atención de los alumnos

Las impresoras 3D son un recurso que conecta con los estudiantes actuales (nativos digitales) y capta su interés. El hecho de que sea una clase práctica con resultados reales y rápidos consigue que los alumnos se lo tomen en serio y permanezcan atentos a las explicaciones del docente para conseguir realizar sus propias piezas. Además, son un buen recurso para hacer más livianos y dinámicos determinados temas, como la explicación de cómo se hicieron las pirámides de Guiza en Egipto.

Mejoran la enseñanza y ayudan a aclarar conceptos

Las aplicaciones educativas de estas impresoras facilitan el trabajo del profesor y esto provoca una mayor calidad de la educación. Las materias en las que más se suelen usar son las del área de Matemáticas, Ciencias, Tecnología e Ingeniería, en las que se trabaja con conceptos abstractos y términos ambiguos. Si se logra una aplicación real será más fácil asimilarlos. Sin embargo, su utilización no puede limitarse exclusivamente a las asignaturas de Ciencias; también es posible emplearlas en Geografía e Historia  —para hacer mapas topográficos, paisajes, edificios históricos…—  o en Música, para crear un instrumento.

 

 

Aumentan la creatividad y también la capacidad de solucionar problemas

Gracias a las impresoras 3D se pueden materializar ideas y proyectos en objetos reales. Esto ayuda a un cambio de mentalidad en el alumno, ya que le obliga a pensar, discernir y solventar posibles contratiempos. En muchas ocasiones, el estudiante se ve obligado a usar la creatividad y buscar sus propias soluciones para llegar al objetivo planteado. Por eso, sirven para ver errores y aprender de ellos, ya que es habitual que el alumno no sea consciente de un fallo en un proyecto determinado hasta que no lo ve ‘cosificado’.

Siguiendo un ejemplo real, reproducir la maqueta de la catedral de Burgos en un grupo de secundaria conlleva saber de Arquitectura, Historia e Ingeniería. Cada alumno tendrá que aportar lo mejor de sí y sacar lo mejor de sus compañeros. Todo por ver hecho realidad su primer gran proyecto.

No hay duda de que disponer de una impresora 3D en un centro educativo va asociado a diferentes ventajas: abre la mente de los alumnos y estos aprenden a trabajar en equipo a la vez que adquieren nuevos patrones de trabajo con el fin de transformar algo teórico en real. Se trata de un método innovador donde la clave es el papel del profesor, que es el que tiene que moderar, repartir las funciones de cada estudiante y contar con la formación adecuada para saber introducir en el aula las nuevas tecnologías.