Miércoles, 06 marzo 2019

Innovación y colaboración docente: un ejemplo para nuestros alumnos

Voy a luchar una batalla pérdida. Desde el buenismo. Desde la ignorancia. Creo que estamos dejando escapar una gran oportunidad.

Hablamos a los alumnos de las redes, del bullying, del cyberacoso pero, en las redes, otros usuarios, adultos, profesores, y no profesores, se ven a veces humillados y ridiculizados por sus compañeros, que pasan de una crítica constructiva a una fina ironía, a un cruel sarcasmo, a una burla, anónima en muchas ocasiones, y al insulto directo en algunos casos. ¿Cuál es la finalidad?, me pregunto inocentemente. ¿No debemos enseñar a nuestros alumnos a no ser radicales? ¿A defender sus ideas sin atacar al otro? ¿A que si perdemos las formas perdemos la razón? ¿Aprovechamos las redes para desahogarnos?

Les insistimos en que sean originales y creativos, que no se dejen llevar por los amigos y que no les rían las gracias a los irrespetuosos o se convertirán en cómplices y consentidores. Pero nosotros también cambiamos cuando estamos en grupo, sea en un partido de fútbol o buscando el aplauso fácil en las redes, con un ataque feroz que muchos jalearán, compartirán y comentarán entusiasmados, respaldados por la mayoría y por la frialdad e indiferencia que intensifica la distancia. Les repetimos que no todo vale por un like, pero ¿Para nosotros sí vale todo por un retweet?

   Profesores, recuperemos la educación.

Hace poco, en un post anterior, decía que debemos recordar a nuestros alumnos que al otro lado de la pantalla hay una persona. Quizás deberíamos recordarlo nosotros también. Hay una persona, en este caso un profesor, que trabaja día a día, en el contexto que sea, e intenta poner su granito de arena de un modo positivo y constructivo, compartiéndolo con nosotros con gran ilusión.

¿Por qué nos hacemos esto unos a otros? ¿Pedimos un respeto desde fuera cuando no nos respetamos entre nosotros mismos?

Pongamos el ejemplo de Twitter, que si habéis leído algún post mío anterior sabréis que yo lo defiendo para fines educativos cien por cien. Muchos profesores no se unen a esta red por miedo a ese ataque gratuito, a ese lado oscuro y despiadado que no contribuye, para nada, a la unidad docente que tanto defienden y esgrimen algunos como necesaria bandera.

Creo que todos estamos en el mismo bando. Cada uno desde donde quiere o desde donde puede. Profesores de clases particulares o profesores YouTubers con muchísimos seguidores están para ayudar, contribuyendo a que muchos estudiantes comprendan sus materias de estudio. Llegan a los alumnos y los motivan, algo estarán haciendo bien y no se lo debemos negar. Profesores que hacen magia, que usan Twitter, usan Whatsapp o videojuegos. Profesores que flipean, que gamifican, que juegan o que forman a otros profesores. ¿Qué tiene de malo? ¿De qué tenemos miedo?

¿Y si les dan un premio? Quizás tú no lo aceptarías, y tienes unos principios diferentes, pero eso no nos hace mejores ni peores. Pienso que deberíamos criticar menos y abrazar un discurso más positivo. Todos tenemos que aprender de todos. Todos nos complementamos y nos ayudamos. Nos nutrimos de lo que nos vale y de lo que no. Pero no debemos criticar algo por ser diferente, porque le pongan un nombre cool en inglés o porque hayan obtenido un premio. ¡Qué más da! Quedémonos con la idea y con el aprendizaje que podemos extraer de su propuesta.

   Todos nos complementamos y nos ayudamos, nos enriquecemos mutuamente.

Yo soy de las que pienso, de nuevo desde mi ignorancia, que de todo se aprende, sea en positivo o en negativo. Pero que una idea a mí no me guste, no me da derecho a desprestigiarla. En algunos casos, podemos asistir a verdaderas campañas de acoso y derribo que, vistas desde la barrera, hacen sentir verdadera lástima por la persona afectada.

Aprender, conocer, respetar, escuchar, no es negativo. Dependerá de lo que hagamos con ello. Nada es blanco o negro. Lo que vale para unos, no valdrá para otros, pero eso no quiere decir que tengamos que despreciarlo, humillarlo o ridiculizarlo, dejándonos llevar por el comentario inicial de un influencer en las redes. Al menos yo no lo haré.

Todo esto me lleva a hacer una última reflexión: ¿Qué es innovación en educación?

Personalmente, considero que innovar en el aula:

-es personalizar.

-es atender a la diversidad.

-es adaptarse, al grupo, al contexto y a los recursos.

-es observar, ser creativo e improvisar.

-es probar, experimentar y combinar.

-también puede ser gamificar o flipear.

-es conectar con la comunidad.

-es una educación emocional.

¿Por qué no?

Todo cabe. Todos somos innovadores. No nos echemos piedras encima. Aprendamos unos de otros, aunque nos sintamos cómodos entre nuestras cuatro paredes.

Innovar es tener la mente abierta. Es estar siempre dispuesto a escuchar y a aprender. Venga de donde venga, patrocine quien patrocine, delante tenemos a una persona. Así podremos ver puntos de vista completamente diferentes a los nuestros, incluso opuestos, y eso nos enriquecerá enormemente. Pero parece que estás de un lado o estás de otro. Eso nunca ha ido conmigo y no voy a empezar ahora.

   Innovar es fracasar, aprender y volver a empezar.

Por si alguien tiene interés en ver propuestas innovadoras, en el programa Maneras de Educar se ofrecen breves reportajes en colegios (públicos, privados y concertados), para mostrar diferentes metodologías que se están llevando a cabo por la geografía española. Si no lo habéis visto os lo recomiendo. Podemos ver ejemplos de innovación tecnológica, pero también de innovación sostenible en lo rural, de implicación de toda la comunidad o de integración en zonas de exclusión social. Están todos disponibles online.

La educación no es una, no hay un solo camino. Pero el objetivo es el mismo. Quienes tengan otro, yo no me pararé a valorarlo, pero aún así aprenderé de ellos, tanto en positivo como en negativo. Y quien haya saltado a la fama y haya dejado la tiza y se dedique a dar charlas, bienvenido sea, no pasa nada por cambiar de trabajo o darle otra perspectiva. Digo yo. No están dando lecciones, solo están dando una charla. No se trata de sentar cátedra, se trata de contribuir y aportar.

Quizás deberíamos empezar a pensar en lo que predicamos y pedimos a los alumnos y aplicarnos el cuento.

Innovar es disfrutar de lo que hacemos. Día a día. Aprendiendo juntos. Por ellos y por nosotros, por la educación y por la buena educación.