Jueves, 13 junio 2019

Cómo enseñar a los alumnos a manejar sus emociones en el aula

Es mucho más importante el ser que el saber. De nada vale que los niños tengan una gran cantidad de conocimientos si no saben manejar sus emociones, esto es, contar con recursos relacionados con la inteligencia emocional. Y para aprenderlos se necesitan las herramientas de enseñanzas necesarias.

Siempre digo en mi blog, y en todos los espacios en los que desarrollo mi trabajo, que existen unas TIC que optimizan los procesos de aprendizaje y que son muy diferentes a las que conocemos: Ternura, Interés y Cariño. Son la base de todo proceso educativo.

Cuando un adulto está bloqueado emocionalmente, está bloqueado intelectualmente, y a nuestros alumnos les ocurre lo mismo. Los docentes debemos cocinar de manera creativa lo que nuestros alumnos necesitan en cada momento, para convertir el sistema educativo en un bufé libre y no en un plato de lentejas, y de esta manera conseguir que cada uno coma lo que requiere.

Una openclass muy necesaria

Hace poco UNIR, la Universidad en internet, organizó una openclass en el colegio Montesclaros de Madrid llamada ‘Emociones y cerebros en contextos educativos’. En el encuentro participamos Aitor Álvarez, director del Máster Oficial en Neuropsicología Online de Unir; David Prados, director del colegio; Ana Blanco, orientadora del centro y yo.Durante la reunión conversamos sobre cómo están cambiando los procesos de aprendizaje. Hasta hace una generación no se contemplaba ni de lejos la opción de enseñar a los estudiantes a gestionar las emociones que inevitablemente empiezan a sentir. Afortunadamente, en la actualidad, la educación emocional es un punto que cada vez va cobrando mayor peso en los colegios.

Hasta hace una generación no se contemplaba la opción de enseñar a los estudiantes a gestionar las emociones,

Los profesionales de UNIR explicaron cómo han ido incluyendo la educación emocional en todos los cursos, para que los niños desde temprana edad vayan conociendo lo que empiezan a sentir y sepan cómo manejarlo.

Lo hacen de forma continuada en la medida que avanzan de curso. El objetivo es que sean capaces de ir manejando pequeños conflictos propios de la edad. Como señaló David Prados, “al final, lo puramente académico se sostiene en una base que tiene que ver con algo mucho más emocional que racional”.

Si no hay emoción, no hay aprendizaje

Hay una frase de José María Toro muy cierta, que dice que de nada sirve que los alumnos sepan colocar Neptuno en el universo si no saben colocar sus emociones.

Para ello se requiere que los profesores sean los primeros que sepan gestionar las suyas y que transmitan lo aprendido a los alumnos. Las emociones transportan aprendizajes. El docente debe provocar experiencias que le diga al alumno que aprender es placer, disminuyendo actividades repetitivas y sustituyéndolas por experiencias enriquecedoras.

Hay factores que no se deben perder de vista para lograr estos procesos:

  • – El papel fundamental del cuerpo y el movimiento para aprender y expresar emociones.
  • – La importancia del ejemplo, puesto que lo primero que aprenden no es matemáticas ni lengua, sino el ejemplo que damos.
  • – Querer al alumno. Pero hablo de un querer en la actitud, que los alumnos, la familia y los compañeros sepan que estamos allí cuando haga falta. Un alumno no aprende si sabe que no es apreciado u observado desde la lejanía, y esto es muy importante.

Cómo enseñar a gestionar emociones

En el colegio Montesclaros se nota al recorrerlo cómo han incorporado el aprendizaje emocional en sus programas educativos. Director y orientadora explicaron que, a través de juegos, visualizaciones, actividades plásticas, respiraciones y meditación, e incluso masajes, se introducen conceptos y herramientas útiles.

A través de visualizaciones, actividades plásticas, respiraciones y meditación el alumno aprende a conocer y gestionar sus emociones.

Comienzan a los 2 años trabajando cada emoción, la maestra los guía con dinámicas en las que se recrean situaciones y aprenden a ponerles un color que la identifique, a hablar sobre cómo se sienten al percibirla y qué pueden hacer para trabajarla.

En primero de Infantil, por ejemplo, pintan con color negro el monstruo del miedo en una sala a media luz, mientras explican lo que van pensando. En segundo de Infantil, trabajan la calma como emoción con un monstruo de color verde. Aprenden a hacer respiraciones para sentirse tranquilos y tienen un rincón de la calma en el aula.

Las dinámicas van cambiando en la medida que avanzan de curso. En cuarto de Primaria ven, entre otras actividades, un cómic en el que sus personajes viven situaciones que cualquiera de los pequeños puede experimentar en el colegio. Luego se discute sobre las posibles soluciones. Ya en primero de secundaria realizan actividades de juegos de rol. Se reúnen por mesas, se plantean situaciones difíciles y comunes a cualquier estudiante y se buscan las correcciones.

El resultado que obtienen es que el alumno está más concentrado porque a nivel psicológico está más tranquilo, maneja mejor las emociones y toda la atención que tiene la dirigen al aprendizaje, como explicó Ana.

Educar es emocional

Nos hemo ido dando cuenta y ya es evidente: los mayores problemas que tienen los alumnos no son curriculares, sino vitales, productos de su interacción con los demás. Por eso la educación emocional debería tener el mismo peso que la cognitiva.

Los mayores problemas que tienen los alumnos son vitales, producto de su interacción con los demás.

Educar es más emocional que curricular, y estos conocimientos que aprende en el aula luego los trasladará al resto de su vida generando adultos más sanos; no obstante, los resultados pueden verse al poco tiempo en las aulas, ya que los niños mejoran su capacidad de aprendizaje.

La inteligencia emocional es la base de toda enseñanza y de un óptimo desarrollo psicológico, por eso es necesario que tanto docentes como alumnos la desarrollen, e internalicen la teoría y la práctica a fin de que haya una fluidez en los procesos. Los docentes muchas veces estamos saturados con tantas metodologías, aparatos tecnológicos y técnicas diversas. Pero innovar no es saturar, y es necesario que tengamos el espacio suficiente para aplicar la creatividad. Para mirar a los ojos a nuestros alumnos y ver sus emociones puesto que muchas veces no saben verbalizar lo que sienten. Más vale poco para aplicar que mucho para adornar.