Martes, 30 junio 2020

Atención temprana y logopedia: ¿qué papel juega el logopeda en Atención Temprana?

El desarrollo de un niño está vinculado a las interacciones que se producen entre este y la sociedad que le rodea, y el desarrollo del lenguaje es clave para realizar satisfactoriamente esta interacción. Por esta razón, es de suma importancia detectar cualquier déficit o trastorno que pueda surgir en esta etapa, fundamentalmente entre los 0 y 6 años, que es cuando puede realizarse una atención o intervención temprana. ¿Quieres saber más sobre cómo se complementan Atención Temprana y Logopedia? En UNIR abordamos su relación y las ventajas de combinar ambas disciplinas.

La Atención Temprana es el conjunto de acciones orientadas a la prevención e intervención en niños menores de 6 que se encuentran en situaciones de riesgo o presentan alguna necesidad o discapacidad, ya sea de forma temporal o permanente. La Logopedia, por su parte, es una disciplina que estudia los trastornos relacionados con la comunicación, previniendo, evaluando, diagnosticando y tratando las alteraciones del lenguaje, del habla, de la voz, de la audición, de la deglución y de la comunicación, así como las dificultades en la lectoescritura.

 

 

La relación que existe entre la Atención Temprana y la Logopedia es muy estrecha, puesto que el lenguaje oral forma parte de la manera de comunicarse con los demás desde el mismo momento del nacimiento: con el primer llanto o las primeras palabras del bebé, cada persona comienza a compartir sentimientos y a convivir dentro de su cultura y sistema social.

Patologías e intervención desde la Atención Temprana y la Logopedia

Tanto la detección precoz de las dificultades del habla y del lenguaje, como el tratamiento posterior a la edad más temprana posible, permite paliar estas situaciones y obtener, en muchos casos, resultados positivos.

Las patologías más comunes que suelen presentarse en la edad infantil son las relacionadas principalmente con los trastornos del lenguaje, en las que los niños presentan un retraso en el desarrollo del mismo tanto a nivel de expresión como de comprensión, sin que existan razones como alteraciones sensoriales, motrices o mentales.

Otras patologías frecuentes son las que tienen que ver con los trastornos en la articulación de fonemas, ya sea por malformaciones o por un uso incorrecto de los órganos articulatorios, como no pronunciar la “r”. También entrarían dentro de este apartado los trastornos del habla cuando existe alteración en la fluidez. La disfemia o tartamudez, por ejemplo, afecta al 1 % de la población mundial. Esta alteración comienza, generalmente, en la primera infancia, entre los dos y cinco años. Gracias a la Atención Temprana se ha conseguido que más del 80 % de los niños afectados pierdan el tartamudeo antes de llegar a la adolescencia.

 

 

Además de estos casos, hay situaciones en que los niños se enfrentan a problemas del habla a una edad temprana, como resultado de otras patologías que afectan al sistema nervioso central, a los órganos bucofonadores o a los sentidos, como la parálisis cerebral, la sordera o el labio fisurado y el paladar hendido. La intervención temprana en este tipo de trastornos asociados a otras alteraciones es fundamental para la buena evolución del menor. En estos casos, los logopedas rara vez trabajan solos y casi siempre formarán parte de un equipo transdisciplinar, en el que discuten junto a la familia, los objetivos de la intervención y desarrollan juntos un plan de actuación.

La figura del logopeda en la Atención Temprana

Como se ha comentado, la comunicación efectiva es fundamental para el desarrollo humano y juega un papel crítico durante los primeros años de vida, ya que, sin la capacidad de comunicarse con claridad, se pierde o dificulta el acceso a muchas de las experiencias educativas. Los logopedas pueden intervenir para abordar esos problemas desde el origen con intervenciones que apoyan la calidad de vida de los niños y sus familias.

El trabajo de colaboración que se establece en la Atención Temprana desde la logopedia, ayuda a obtener mejores resultados.

Una de las cualidades del logopeda en la Atención Temprana es que tiene que ser experto en el diagnóstico, puesto que trabaja con una población que carece de las herramientas para comunicar lo que sienten o experimentan. Por tanto, un logopeda debe apoyarse en la familia y juntos buscar elementos claves del desarrollo, como por ejemplo:

— Apreciar la presencia o ausencia de sonidos comunes en bebés, así como sus primeras palabras.
— Cómo son los patrones en los que un niño mueve sus labios y lengua.
— Escuchar las dificultades de formación de sonidos desde los inicios de la comunicación oral.

Trabajar en la Atención Temprana requiere formación teórica y práctica, aparte de otras cualidades como la empatía y la facilidad para trabajar en equipo. Una correcta evaluación, diagnóstico e intervención serán claves a la hora de dar respuesta a las necesidades transitorias o permanentes que presente un niño. El Máster Universitario en Atención Temprana y Desarrollo Infantil de UNIR no solo posibilita adquirir contenidos académicos, sino también las habilidades necesarias para intervenir con niños de 0 a 6 años.