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Hacia una definición de aprendizaje activo

¿Qué es el aprendizaje activo? ¿es sinónimo de metodología activa? En este artículo introductorio preguntamos a nueve docentes cómo interpretan ellos el concepto de aprendizaje activo y qué implicaciones tiene para el aula.

En este artículo, de carácter introductorio, preguntamos a nueve docentes cómo entienden ellos el aprendizaje activo, con la finalidad de poder diseñar un marco previo de actuación en torno a este concepto. Anteriormente, habíamos preguntando a algunos compañeros sobre las denominadas como metodologías activas.

En este sentido, creemos que la idea de aprendizaje activo es una actualización necesaria de esa propuesta previa, más amplia y acorde a la realidad de su contenido. Veamos, a continuación, las propuestas que nos han hecho llegar.

“El alumnado toma el control de sus propios procesos de aprendizaje”

Antonio A. Márquez

El aprendizaje activo es aquel en el que el alumnado pasa de un aprendizaje conceptual a un aprendizaje práctico, aplicado a situaciones concretas en las que se exijan poner en juego diferentes conocimientos, habilidades, destrezas o técnicas, junto a un conjunto de procedimientos y actitudes que le permitan resolver con éxito la tarea planteada en diferentes situaciones reales o simuladas.

Pero, además, pasa porque el alumnado tome el control de sus propios procesos de aprendizaje, planificando sus acciones, tomando decisiones, monitoreando su proceso y valorando la eficacia de sus acciones para asumirlas y aplicarlas en aprendizajes futuros, o para reajustarlas hasta alcanzar un dominio efectivo.

“El alumnado tiene que dialogar, investigar, crear y compartir”

Manoli Fernández

Para mí el aprendizaje activo es aquel en el que nuestro alumnado se ve en la situación de tener que dialogar, investigar, crear y compartir. Un aprendizaje significativo que nace de la propia motivación y construcción de los chicos y chicas promoviendo el pensamiento crítico. El aprendizaje activo pone en juego las distintas competencias y los distintos tipos de pensamiento para un desarrollo completo de nuestros jóvenes.

“Aprender se convierte en un acto de creación y movimiento”

Cristian Olivé

En el aprendizaje activo, los alumnos piensan sobre lo que aprenden, conectan lo aprendido con otras cuestiones del entorno y lo trasladan a un nuevo lenguaje. El hecho de aprender, pues, se convierte en un acto de creación y movimiento. Este aprendizaje nos acerca a una educación más integral ya que sitúa a los alumnos en el centro, aprovecha sus potenciales, los interpela y los invita a ser agentes de cambio.

A la hora de plantear una actividad que promueva el aprendizaje activo, podemos basarla en cuestiones de actualidad y relacionarla con los intereses o inquietudes de los alumnos. A partir de ahí, podemos desplegar la reflexión y el espíritu crítico mediante estímulos y con la interacción de las relaciones sociales. Es importante también integrar los conocimientos de varias disciplinas e invitar a los estudiantes a mezclar diferentes modalidades de lenguaje, ya sea el literario, el científico, el técnico, el audiovisual o el artístico, entre otros.

La actividad de aprendizaje debe favorecer, por supuesto, el autoconocimiento, la creatividad y los demás talentos de los alumnos. Además tiene en cuenta las diferencias entre ellos y, por tanto, se presenta de forma abierta, sin un único modo de resolución y con distintos grados de dificultad. Todo el proceso está previsto como un seguimiento continuado y sumativo y debe aplicar en todo momento las mejoras correspondientes según las sugerencias del alumnado.

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“El aprendizaje activo es aprender haciendo”

Profe Ramón

El aprendizaje activo es, sencillamente, aprender haciendo, es fomentar en el alumnado el pensamiento crítico involucrándolos de lleno en el proceso de aprendizaje y en la elaboración del material que usarán en dicho proceso.

“El papel del docente es clave”

Coral Elizondo

El aprendizaje activo está relacionado con el constructivismo, con la construcción activa y constructiva del conocimiento por parte del propio estudiante. Considerando que aprender no es copiar o reproducir la realidad sino construir el conocimiento, es decir integrarlo, modificarlo y establecer relaciones con los conocimientos previos, entonces hablar de aprendizaje activo es hablar de promover en el aula el aprendizaje intencional y reflexivo del estudiante por medio de los andamiajes necesarios, la instrucción directa y las interacciones sociales adecuadas.

Nunca el aprendizaje activo debe confundirse con laisser faire. El papel del docente es clave. Hattie habla de docentes evaluadores, que conocen la zona de Desarrollo Próximo y los intereses de sus estudiantes, y de docentes activadores, docentes que de forma explícita e intencionada promueven la construcción activa del conocimiento, ofreciendo los ajustes y los apoyos adecuados para que todo el alumnado pueda construirlo. Yo añadiría entonces que hablamos de docentes inclusivos, porque todo esto nos lleva a una educación centrada en la persona, a la personalización del aprendizaje que garantiza la inclusión, la equidad y la calidad.

“Un proceso de aprendizaje personal, íntimo y único”

Jose Blas García

Para hablar de aprendizaje activo es preciso ver más allá de un método de enseñanza, necesitamos entrar de lleno en la esencia de la concepción de cómo se aprende y, por tanto, como se debe enseñar.

El aprendizaje activo se centra en la persona que aprende, y para ello es necesario considerar al aprendiz como el auténtico artífice y constructor de su aprendizaje y al docente como el embaucador que le orienta e involucra en un proceso de aprendizaje personal, íntimo y único, ofreciéndole los mandos e invitándole a desarrollar su capacidad de aprender.

Un aprendizaje que tendrá lugar a través de experiencias reales o simuladas en el aula, con ejercicios de indagación e investigación, y mediante la interacción y el intercambio de ideas. Propuestas vinculadas a su realidad vital.

De este modo, el aprendizaje cobra sentido, valor  y coherencia, y por lo tanto, se convierte en fuente de motivación y de conexión entre los esquemas cognitivos propuestos en el proceso de enseñanza y las experiencias del mundo real que el aprendiz habita.

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“Es un enfoque que descoloca tanto al profesorado como al alumnado”

Garbiñe Larralde

Cuando la actividad educativa deja de centrarse en el qué enseña el docente y el foco se coloca en el cómo aprende el alumnado hablamos de aprendizaje activo. Este cambio de enfoque provoca un desplazamiento de la acción, que descoloca tanto al profesorado como al alumnado y que nos obliga a repensar nuestro papel. Es el momento de descubrirnos como profesionales del aprendizaje y de aprender a:

-diseñar andamiajes cognitivos sólidos.

-crear escenarios de aprendizaje social.

-acompañar procesos de pensamiento (crítico y creativo).

-guiar en la metacognición.

-proponer la transferencia de lo aprendido.

Todo un reto para el que tenemos ya muchos modelos de buenas prácticas, pero en el que es necesario que seguir profundizando.

“Supone replantearnos qué es aprender”

Domingo Chica Pardo

El desarrollo de metodologías activas en nuestras secuencias didácticas supone un cambio no solo en la concepción de la metodología en sí, sino también de otros aspectos como el diseño de actividades, los distintos niveles cognitivos, la evaluación…etc.

Apostar por un aprendizaje activo no significa únicamente que el alumnado sea activo académicamente; además, debe ser activo reflexionando sobre su proceso de aprendizaje, qué objetivos debe cumplir, qué planificación se le ha ofrecido y cómo ha superado las posibles dificultades.

Supone, además, replantearnos qué es aprender y construir un recorrido con ejercicios, actividades y tareas significativas en las que apliquen saberes, produciéndose una transferencia competencial de los objetivos de aprendizaje propuestos en el contexto de todos los estudiantes. Sólo así podremos ayudarles a aprender a aprender.

“Los alumno pueden estar activos sin aprender nada”

Juan G. Fernández

El aprendizaje activo es, en mi opinión, aquel que obliga al alumno a procesar e integrar lo que va aprendiendo en una red de relaciones con lo que ya sabía. Para ello no es suficiente estar activo, sino que esa actividad debe enfocarse hacia unos objetivos concretos de aprendizaje.

Los alumnos pueden estar activos sin aprender nada. Por eso, la actividad del que aprende debe abarcar procesos como la reflexión acerca de cómo lo está haciendo y qué puede hacer para mejorar; mientras que la actividad del docente implica estar atento para dar un feedback de calidad que ayude en este sentido, y vaya profundizando en la comprensión del significado de las ideas que se van trabajando.

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