Lunes, 07 septiembre 2020

El principio de buena fe en abogacía, ¿a qué se refiere?

El ejercicio de la abogacía requiere un conocimiento profundo de las normas y la comprensión de los principios que vertebran todo el ordenamiento jurídico. A continuación, analizamos uno de los principios generales del derecho: el principio de buena fe. En UNIR, abordamos en qué consiste este concepto y en qué contexto se emplea.

El concepto de buena fe significa realizar una acción o acto jurídico de acuerdo a las exigencias morales y éticas que rigen el sistema normativo de una comunidad; es decir, que las acciones de una persona estén en línea con lo que la sociedad considera un acto honrado y leal.

Como principio general del derecho, establece el deber de actuar acorde a esas exigencias morales a la hora de ejercitar un derecho o cumplir con un deber. Al ser un principio general, su ámbito de aplicación es el ordenamiento jurídico al completo y su aplicación es imperativa, es decir, no debe ser probada y se presume en tanto no se declare judicialmente su inexistencia.

 

¿Cuál es su definición jurídica?

Apunta en dos direcciones, la vertiente subjetiva y la objetiva o ética, que ayudan a definir el perímetro de su significado y trascendencia para la aplicación normativa.

Vertiente subjetiva

La buena fe se refiere al “estado mental” de la persona que ejercita un derecho o cumple un deber: creer que se está actuando de manera adecuada. Por ejemplo, supongamos que para que la compraventa de un coche se realice de forma correcta el vendedor deba entregar dos juegos de llaves, pero solo trae uno. Él pensaba que era suficiente, que era un detalle menor y que al no disponer de más copias de las llaves el nuevo dueño se encargaría de realizar nuevos juegos según los necesitara. Sin embargo, se trata de un error de forma para cerrar el contrato y estaría incumpliendo, aunque con buena fe, su deber.

Vertiente objetiva

El foco se pone sobre la propia acción realizada: que para el ejercicio de un derecho o cumplimiento de una obligación se requiera un comportamiento específico y que con su mera realización se dé por satisfecha la necesidad de actuar con buena fe. Por ejemplo, que a la hora de vender un bien (un coche, un teléfono móvil, una casa…) el vendedor actúe de forma honrada y no oculte vicios o defectos que, de conocerlos, hicieran que el comprador desistiera de la compra.

 

El principio de buena fe en el Código Civil

Aunque deontológicamente se observa esta clásica diferenciación entre vertiente subjetiva y objetiva, la doctrina mayoritaria aboga por entender el principio de buena fe de forma unitaria y orientada al análisis de la propia acción más que de la intención, en línea con lo que dice el propio Código Civil en su artículo 7: “Los derechos deberán ejercitarse conforme a las exigencias de la buena fe”.

Este precepto del Código Civil se enmarca en el capítulo que establece la eficacia general de las normas jurídicas, es decir, establece que el principio de buena fe tendrá aplicación transversal al resto del código y sobre otras normas especiales que regulan las relaciones entre privados y de estos con la Administración como, por ejemplo, el Código de Comercio o las normas laborales que regulan de forma específica preceptos del derecho común.

Así, a lo largo del propio Código Civil encontramos numerosos artículos en los que la buena fe es una de las condiciones para que una persona pueda reclamar un derecho que le haya sido vulnerado o solicitar su cumplimiento: desde la consolidación de la nacionalidad española después de una década de “posesión y utilización continuada con buena fe”, hasta para que el matrimonio o el divorcio tengan validez.

 

Ejemplos de aplicación del principio de buena fe

Para comprender mejor el alcance de este principio y cómo se aplicaría, se puede acudir a los preceptos del Código Civil que regulan las obligaciones del vendedor de un bien. Los contratos de compraventa tienen que cumplir unos requisitos y están sujetos a unas obligaciones que protegen al comprador que obra de buena fe.

Continuando con el ejemplo de la compra venta de un coche, ¿qué ocurriría si una persona vendiese un mismo bien a varios compradores? Según el Código Civil, si fuera mueble (un coche, un teléfono, un televisor), la propiedad se transferiría a la persona que primero hubiese tomado posesión del bien con buena fe. Por otro lado, si se tratase de un inmueble, la propiedad sería del que primero lo hubiese inscrito en el Registro o, en su defecto, del primer comprador que hubiese tomado posesión del bien (el comprador que se instalará en la casa que ha adquirido, por ejemplo).

La norma protege al que obra de buena fe. Las acciones legales que correspondan en un caso así se iniciarán contra el vendedor y se podrá alegar que actuó con mala fe, pues era consciente de que vendía un mismo objeto a varias personas sin que estas lo supieran.