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Fiscalidad internacional: los precios de transferencia en tiempos de COVID 19

En marzo de 2020, el mundo dejó de ser lo que era y entró en confinamiento. España declaraba el estado de alarma el sábado 14 y nuestro mercado pasó de estar en continuo movimiento, con cierres de contratos y planes de expansión, a verse paralizado. ¿De qué manera ha impactado esta situación en las transacciones intragrupo? ¿Cómo afecta a los precios de transferencia y las condiciones que se habían acordado para llevarlas a cabo?

En marzo de 2020, el mundo dejó de ser lo que era y entró en confinamiento. España declaraba el estado de alarma el sábado 14 y nuestro mercado pasó de estar en continuo movimiento, con cierres de contratos y planes de expansión, a verse paralizado. Las cadenas de producción de bienes y servicios echaban el freno, con todas las pérdidas que eso conllevaba. La economía se asomaba a un abismo que no había vivido antes. ¿De qué manera ha impactado esta situación en las transacciones intragrupo? ¿Cómo afecta a los precios de transferencia y las condiciones que se habían acordado para llevarlas a cabo?

Poner el foco en optimizar los transfer prices, ayudará a las empresas a reducir riesgos y garantizar una solvencia de sus activos. Para ello, deberán analizar las acciones que tienen que llevar a cabo a corto y largo plazo, poniendo el foco en la complejidad que esto puede acarrear. Valoramos esta situación con Francisco Disla, socio de PwC, Tax & Legal Services en España y colaborador del Máster Universitario en Fiscalidad Internacional de UNIR, así como Estela Benítez, mánager de precios de transferencia en PwC.

Oportunidad para el cambio

Desde la Segunda Guerra Mundial, en el mundo, solo ha habido un entorno de creación de riqueza, de generación de beneficios y de que las multinacionales buscasen la expansión y la conquista general de mercados. Con la llegada de la COVID-19 se produce una disrupción tanto en la producción de bienes y servicios como en el desarrollo de las economías.

Las distintas agencias financieras apuntan que la contracción del PIB, tanto en las economías desarrolladas como subdesarrolladas, es de más de 2 dígitos. En España, en la crisis de 2008 la caída fue del 5% mientras que ahora hablamos de un 12%, lo que supone un impacto reseñable tanto en la creación de empleo como en la puesta en marcha y sostenimiento de compañías. Ha sido ahora cuando las empresas se han visto obligadas a reformular sus objetivos a corto y largo plazo para mantener su negocio, o incluso cambiar su estrategia para minimizar los riesgos y maximizar los beneficios.

A corto plazo

Replanteamiento relaciones contractuales intragrupo

En el actual escenario de crisis sanitaria se nos plantea una cuestión, ¿debemos cumplir con los contratos que tenemos firmados dentro del grupo? ¿Quién debe asumir los riesgos? Francisco Disla tiene la respuesta: “Debemos seguir funcionando como si la relación fuera con terceras partes. Esto conlleva dos situaciones que debemos tener en cuenta. Por un lado, en situaciones de “fuerza mayor”, en las que tenemos una dispensa cuando ocurre un hecho imprevisible o de inevitable ocurrencia, como puede ser un terremoto o un huracán. La normativa común estipula que el contrato queda en suspenso y aquello que las partes no puedan cumplir pueda existir una excepción que permita que la parte más perjudicada no tenga que indemnizar a la otra.

No ocurre lo mismo con la doctrina ‘rebus sic stantibus’ que implica un desequilibrio entre las obligaciones que tienen que cumplir cada una de las partes de un contrato como podría ocurrir, por ejemplo, en el sector de la automoción: si la empresa que debe suministrarle las piezas cierra, se incumple el contrato y el caso debería resolverse en sede judicial para que se reestablezcan las obligaciones entre ambas partes”.

Por otro lado, Disla también recomienda otras dos revisiones importantes: los reembolsos de los gastos producidos por la COVID-19 (decidir quién los debe asumir), así como los posibles cargos intragrupo (replantearse los gastos entre empresas del mismo grupo por el apoyo a la gestión). En este último caso podría generarse, por ejemplo, nuevos tipos de transacciones a largo plazo que habrá que tomar en consideración. 

Crisis de comparabilidad

En el mundo de los precios de transferencia hay una comparación constante sobre qué márgenes se pueden conseguir, qué precios se pueden marcar para una mercancía, cuáles pueden ser los royalties por la cesión de una marca… Para ello, siempre se comparaba con contratos anteriores para saber los márgenes en los que se deben mover las empresas, pero eso ha sufrido un cambio con la llegada de la COVID-19:

“Ahora existe una incertidumbre brutal sobre qué comparabilidad se puede hacer para establecer el precio de nuestros servicios, qué ajustes se pueden establecer en la compraventa de nuestras mercancías”. Por ello, Disla recomienda sentarse a analizar la política actual de los transfer prices para considerar cuál es la mejor opción.

Gestión de urgencia de la caja

Es de las principales decisiones que se ha tomado dentro del mundo empresarial, mantener la liquidez suficiente como para poder afrontar los gastos más inmediatos. Una gestión adecuada de esta liquidez puede ayudarnos a salir de esta crisis. En este contexto, las empresas se replantean toda su estructura de financiación, tal y como explica Estela Benítez, de PwC:

“No saben si dejar todo como está o pedir más dinero. En el caso de las multinacionales cuentan con la ventaja de tener más recursos y pueden acudir no solo a la financiación externa, sino también a la interna. Por lo tanto, hay que sentarse y revisar si los términos y condiciones con las que estaba operando la financiación siguen funcionando igual o deben variar. Todos estos cambios en mi financiación externa tendrán un reflejo inmediato en la interna. Es el principio básico de los precios de transferencia, que cualquier operación que yo haga debe estar alineada con lo que haga un tercero independiente”.

También es interesante considerar el nivel de endeudamiento. No bastaría solo con reconsiderar los términos e intereses de nuestra financiación, hay que plantearse si un tercero independiente nos daría un préstamo según los ratios financieros: “Si un banco no te lo da, una empresa de tu grupo no debería hacerlo, no sería financiación sino capital. Y no podrías tener gastos en consecuencia”, apostilla Benítez.

A largo plazo

Globalización vs Nacionalización

El mundo era global, no existían fronteras para el mercado o, al menos, se trataba de un comercio que estaba regulado en base a unos principios aceptados por todos, pero nos hemos contraído en favor de nuestra nación, destaca Disla: “Producíamos en cualquier país y las mercancías podían llegar en 24 horas o como mucho una semana a cualquier parte del mundo. Con la llegada de la COVID-19, los países recobran su soberanía, se reestablecen restricciones y un replanteamiento de los modelos de negocio globales. Aquella producción que se había externalizado vuelve a los países de origen”.

 

Modelos de negocio flexibles

Existe un desequilibrio en cuanto a la expansión de la crisis sanitaria que ha afectado a todos los mercados. El cerramiento de fronteras y la imposibilidad de exportar los productos ha provocado que mercancías que tenían que viajar se hayan depositado en almacenes a la espera de llegar a destino. Por lo tanto, las empresas se han visto obligadas a buscar otras soluciones para afrontar esas pérdidas a largo plazo, por no poder recibir la mercancía.

En este sentido, Disla considera importante “revisitar nuestra cadena de suministro y reestructurarla para seguir siendo competentes”.

Digitalización

Sin duda ha sido una prueba de fuego para las grandes multinacionales, poder trabajar sin la presencia física de los trabajadores. Conseguir sostener en el tiempo un modelo en el que se pueda plantear esta forma de teletrabajo mientras se mantiene un nivel óptimo de producción será, sin duda, todo un punto a favor para las compañías.

En esta línea, un estudio de Gedeth Network en colaboración con la Universidad de Sídney sobre la digitalización del trabajo, apunta que el 78% de las empresas encuestadas considera este punto como la principal lección aprendida de la crisis de la COVID-19. Por otro lado, un 44% valora el tener que haberse enfrentado a la exploración de nuevos mercados y canales para reinventarse.

 

Presión fiscal global múltiple

En este ámbito, los países han vuelto a recuperar la soberanía en cuanto a gravar las bases imponibles y los beneficios que obtienen sus compañías. Sobre la mesa, Disla destaca la situación que está en debate en el seno de la OCDE sobre la modificación de la tributación de la fiscalidad internacional en los trabajos de Pilar I y Pilar II: “En el Pilar I, pretende que se considere una base imponible global y se reparta en 3 partes y que estas bases apliquen donde se genere valor, mientras que el Pilar II lo que pretende es una tributación mínima de las multinacionales. Ahora todo está paralizado. El borrador que se publicó a finales de 2019 y ha habido una prórroga de estos trabajos hasta noviembre de 2020”.

Como habéis podido comprobar, en el mundo de los precios de transferencia, cuando hay un cambio brusco en la sociedad es importante replantearse todo el sistema y dar respuesta a los problemas que surgen en el camino. Saber mantenerse a flote pasará por cuestionarse la manera en la que actuamos y ser consecuente con las decisiones.

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