Martes, 30 junio 2020

Funciones del educador social en pisos tutelados

Aquellas sociedades preocupadas por el bienestar del conjunto de sus ciudadanos tratan de crear diferentes redes de detección y respuesta a las dificultades que en ella acontecen. Es por tanto esencial atender y visibilizar las funciones de los educadores sociales en los pisos tutelados, recursos que acogen a personas para su plena convivencia en un ambiente seguro y de cuidado que dé respuesta a sus necesidades más básicas.

Aunque en algunos de estos espacios se atiende a adultos que por sus dificultades así lo requieren (aquellos con diversidad funcional intelectual o problemas de salud mental graves), lo más habitual es que acojan a menores desprotegidos que han sufrido negligencias, violencia y/o abandono.

El educador se convierte de esta forma en una suerte de mentor, de figura que sostiene y acompaña en el proceso de crecimiento y bienestar. Actuará como modelo y a la vez escudo ante los miedos más profundos pero palpables.

Se debe, por ello, prestar especial atención a su separación respecto de las figuras de apego, no cayendo en la creencia de que el ejercer una separación protectora es por sí misma sanadora. Esta amplitud de miras en torno a la común herida que supone el abandono exigirá una intervención reflexiva y en continua revisión personal, institucional y social.

La principal función del educador social en estos pisos vendría entonces a ser el acompañamiento diario para el desarrollo integral de la persona. Este debe posibilitar el crecimiento conforme a su propia naturaleza, en un ambiente educativo que ampare su plena integración social y cultural. Se comprometerá también a garantizar el cumplimiento de sus derechos y deberes como ciudadano.

 

 

Funciones personales y orientadoras

  • – Propiciar, a través del desarrollo de habilidades emocionales, una identidad plena acompañada de una autoestima y autoconcepto que asegure su salud mental.
  • – Establecer unos hábitos de higiene y cuidado personal básicos —alimentación, estética— adecuados a su edad y facultades.
  • – Asegurar una educación sexo-afectiva.
  • – Favorecer el desarrollo espiritual en aquellos que así lo demanden.
  • – Atender con escucha activa a sus necesidades de comunicación respetando su privacidad.
  • – Propiciar una formación educativa continua —reglada o no— atendiendo a las necesidades culturales, artísticas y creativas de diversa índole.
  • – Fomentar la práctica deportiva que potencie su salud física y mental.

Funciones comunitarias

  • – Desarrollo de habilidades sociales que permitan una interacción altruista y generosa con el objetivo de integrarse y mejorar la realidad social.
  • – Atención a las dinámicas grupales creadas en el recurso para favorecer que constituyan una fuente de crecimiento para cada una de las personas convivientes en un ambiente de seguridad y bienestar.
  • – Impulsar una integración adecuada en el espacio educativo, laboral y comunitario.
  • – Asegurar el contacto familiar y acompañar durante el mismo en la medida que constituya una fuente de bienestar a corto, medio y largo plazo.
  • – Fomentar un ocio creativo a través de la herramienta del juego como forma de expresión saludable tratando de hacerlo extensible en el establecimiento de amistades.

Funciones de gestión (institucional/equipos de trabajo)

  • – Elaboración, revisión y evaluación de planes de intervención individualizados para su puesta en práctica.
  • – Cuidado del recurso-hogar y la extensión de dicha responsabilidad a las personas que allí convivan.
  • – Colaboración con las autoridades judiciales —fiscalía de menores en su caso— de forma que la supervisión externa asegure el bienestar personal, grupal e institucional.
  • – Coordinación con el resto del equipo psicosocioeducativo del recurso propiciando un ambiente crítico, amable y seguro para la discusión sobre la evolución y necesidades de las personas atendidas.
  • – Colaboración activa con los profesionales educativos y de actividades no escolares en las que participen.
  • – Atender a las necesidades de derivación para el tratamiento por parte de otros profesionales especializados.
  • – Promover la gestión autónoma de todo tipo de documentación legal.

En este intento de atender con rigurosidad las diferentes funciones de los educadores sociales en los pisos tutelados no olvidamos la tan apreciada y necesaria creatividad. Este recurso es junto al humor lo que irá cimentando el vínculo con la persona, posibilitando la transgresión de la desconfianza por la que habitualmente se encuentran o paralizados o bien en actuación irreflexiva.

Esta propuesta,además,no rehúye las posibles mejoras y adaptaciones futuras ante una realidad líquida y diversa, pero intenta abordar las necesidades básicas humanas fruto de su deseo de crecimiento, libertad y trascender. Las funciones señaladas son fiel reflejo de la enorme responsabilidad que soportan los educadores sociales durante su práctica —muchas veces denostada— y que viene abanderada por el intento de acompañar a seres humanos en el camino de formarse como personas libres sujetas así a una conciencia social y ética en su convivencia actual y futura.