¿Se enseña y se entiende bien la Historia?

¿Por qué la Historia es una asignatura ardua para los estudiantes de Secundaria? ¿Por qué se considera un conocimiento de escasa utilidad cuando resulta de suma importancia para comprender el presente y construir el futuro? Para intentar dar respuesta a estos interrogantes, Carmen Escribano Muñoz ha trabajado durante cuatro años en un proyecto que ha fructificado en una alabada tesis doctoral. La profesora de la Facultad de Educación de UNIR ha defendido el resultado de su esfuerzo que, con el título de “Enseñar a enseñar el tiempo histórico: ¿Qué saben y qué aprenden los futuros docentes de Secundaria?”, ha obtenido un reconocido sobresaliente.

Y es que, en un  mundo donde los token, las app, los hashtag, hosting, plugin, gif y CSS acaparan el interés, las conversaciones, informaciones y el mercado laboral, las Humanidades han quedado algo más relegadas en nuestro día a día. Ahora, la asignatura de Historia despierta poco interés entre los estudiantes y “no se tiene en cuenta que influye en las decisiones del futuro y nos enseña a comprender mejor el presente”, ha reconocido Escribano.

Para ahondar en esta cuestión, ha centrado su estudio en el campo didáctico de las Ciencias Sociales y en la formación inicial del profesorado de Secundaria. En concreto, en la percepción que los estudiantes de profesor tienen sobre el tiempo histórico –término que hace referencia al aprendizaje procedimental para desarrollar una conciencia histórica– en base a lo que se les ha enseñado. Y en cómo aplicarán, en su tarea docente, las ideas concebidas.

Concepto de profesor humanista

El análisis del material que las diferentes comunidades autónomas imparten en la asignatura de Historia en Secundaria y de los programas de Máster en la especialidad de Geografía e Historia de una decena de universidades, junto con las respuestas que han aportado 34 alumnos de tres  universidades –entre ellas UNIR– han sido las principales bases para crear un marco conceptual.

En él, se reflejan los aspectos que recordaban los docentes de sus clases escolares, la enseñanza recibida, los conceptos que tienen en la actualidad y la programación que, como profesores, elaboraban a la hora de transmitir sus conocimientos. “Su concepto es de una enseñanza de la Historia participativa, constructivista y humanista, donde sean profesores que ayuden a sus alumnos a desarrollar un  pensamiento crítico y a tener una conciencia histórica y social”, ha descrito la doctoranda.

Reproducción de patrones

Pero dicha teoría cambia en el momento en que llegan al aula. Entonces, vuelven a reproducir los patrones y contenidos interiorizados a lo largo de su formación académica, más tradicional y conductista en lugar de crítica y constructivista. “Su representación social no coincide con lo que ponen en práctica en el aula”, ha reconocido Escribano, quien ha concluido su estudio con algunas sugerencias para reconducir esta situación.

Entre ellas, ha abogado por incidir en que la enseñanza de la Historia debe ser impulsora de conciencia histórica, social y ciudadana, y por abordar contenidos donde el presente sea tanto el punto de partida como el final. También ha propuesto que se promuevan iniciativas didácticas que estimulen la confianza del docente en la enseñanza, que se utilice la literatura referente como recurso didáctico, que se incorporen en los estudios del Grado orientaciones pedagógicas y didácticas y se facilite la experiencia de aprendizaje.

El tribunal, compuesto por los doctores Antoni Santisteban Fernández (Universitat Autónoma de Barcelona), Antonio Ernesto Gómez Rodríguez (Universidad de Málaga), Delfín Ortega Sánchez (Universidad de Burgos), Raquel Gil (UNIR) y Alicia León Gómez (UNIR), ha sido unánime a la hora de calificar su trabajo como “excelente” y ha destacado su “gran aportación a un tema sobre el que todos sabíamos pero que ahora ha fundamentado con argumentos académicos y científicos que nos ponen frente a un espejo donde mirarnos”.

Políticas educativas

Más contundente incluso se ha mostrado el catedrático Joan Pages Blanch, director de la tesis junto a Enrique Gudín, al señalar que la docente de UNIR “ha dado con el obstáculo principal para entender por qué el alumnado y la ciudadanía no saben ni entienden la Historia, y eso pone en evidencia que la hemos enseñado muy mal, no les hemos dado las herramientas para saber manejar y leer la actualidad en los tiempos correctos”.

La clave, según él, se halla en el profesorado, pero los responsables “son las políticas educativas que moldean a los docentes y las universidades, que creen que para enseñar basta con saber, y eso no es suficiente”. Por eso, ha invitado a “revisar, a la luz de lo que se está viendo, la formación de los docentes, que ahora se basa en conocimientos factuales y no en aquellos que permiten interpretar esos hechos y, si uno no lo domina, no lo puede enseñar”.