El Máster en Atención Temprana y Desarrollo Infantil de UNIR resalta el papel familiar en la calidad de vida de los pequeños

Familia, escuela y comunidad. Son los tres pilares, sobre todo el primero, que contribuyen a favorecer la calidad de vida de los niños que, entre los 0 y 6 años, presentan o pueden presentar un retraso en su desarrollo. Situación por la que, según el Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad (CERMI), en 2017 fueron atendidos 46.309 niños y niñas, lo que supone el 1,35% de la población infantil en esa franja de edad. Sin embargo, indicaban que la población diana debería cubrir un 10,25% de la infancia en esa etapa vital, por lo cual se apreciaba una gran necesidad de apoyo a las familias.

Precisamente esa es la principal innovación sobre la que pivota el nuevo Máster Universitario en Atención Temprana y Desarrollo Infantil de UNIR. Un título con el que los alumnos se convertirán en expertos de la atención temprana para que, dentro de un equipo transdisciplinar y por medio de actividades y rutinas habituales para los pequeños, favorezcan su desarrollo global.

“El objetivo final es que cada familia tome las riendas de la vida de su hijo y mejore la calidad de vida de todos ellos. Porque nunca debemos olvidar que todas las familias tienen grandes capacidades y potenciales que tenemos que sacar a relucir. Cuando una familia es protagonista del proceso de toma de decisiones, tiene una sensación de autoeficacia“, constata convencida Mónica Gutiérrez, directora del Máster. Se trata de que el profesional en Atención Primaria trabaje mano a mano con la familia, fomente su confianza y conozca el día a día del niño para poder desarrollar iniciativas según sus necesidades motoras, perceptivo cognitivas, socio comunicativas y hábitos de autonomía.

Este es uno de sus enfoques diferenciadores. Y es que en la actualidad prima el modelo de tratamiento ambulatorio, el realizado en un centro especializado. Al contrario de lo que ocurre en Estados Unidos, Australia o Canadá, donde el enfoque familiar lleva años funcionando. Y ahora es el turno de España, donde la atención temprana aterrizó en los años 70. Medio siglo después, vive un proceso de desarrollo y búsqueda de nuevas perspectivas. “Se trata de un momento de cambio muy ilusionante en el que la familia y los entornos donde vive el niño vuelven a ocupar el lugar que nunca debieron dejar“, remarca Gutiérrez.

El motivo de su revalorización ha sido la constatación de que los pequeños están preparados para aprender “en su entorno natural y con sus personas de referencia, muchos centros y profesionales están en proceso de transformación y otros ya han nacido con un enfoque centrado en estas cuestiones”.

De esa forma, psicólogos, pedagogos, maestros, logopedas, fisioterapeutas, pediatras, neuropediatras o educadores sociales pueden formar parte de esos equipos transdiciplinares que, ya desde el nacimiento o incluso desde la concepción de los niños, diagnostican y evalúan sus necesidades. Pero también realizan labores de prevención y divulgación, tan importantes en lo que a atención temprana se refiere, e incluso ofrecen apoyo más allá de los seis años de edad, porque las necesidades de los menores también evolucionan y se transforman.

“Sabemos que el progreso del niño ya no está asociado con el tratamiento del problema detectado, sino con las capacidades y oportunidades que promueven su participación en su casa o centro educativo”, constata la docente de UNIR. Motivo por el que conviene aprovechar “las oportunidades de aprendizaje que nos proporcionan los diferentes momentos y actividades del día a día del niño y su familia. En definitiva, se trata de proporcionar apoyos y recursos para asegurar y mejorar la evolución personal del menor, “reforzando las competencias de la familia y fomentando la inclusión social de la familia y del niño”.