Jueves, 04 julio 2019

Las claves de la comunicación interpersonal

Una llamada telefónica, una conversación entre amigos o una reunión de trabajo son algunos ejemplos de comunicación interpersonal. Aunque las personas practican a diario este tipo de comunicación, ya que es algo ineludible, no siempre se reflexiona sobre su importancia. Tampoco sobre los problemas que pueden surgir si no se realiza correctamente.

Así, es fundamental conocer sus claves para fomentar que las relaciones interpersonales se den de una manera positiva, ya que afecta a todos los aspectos de la vida humana.

La comunicación interpersonal es el proceso por el cual los seres humanos intercambian sentimientos e información mediante mensajes verbales y no verbales. De hecho, el 80% de la comunicación es no verbal. Y aunque pueda parecer demasiado obvio, es importante aclarar que cada persona tiene sus propias expectativas, motivaciones e interpretaciones de la comunicación.

La comunicación interpersonal engloba categorías como la comunicación escrita, los gestos o la lectura de labios. También incluye algunas menos evidentes como son el baile y las expresiones faciales que dan pistas muy valiosas sobre las emociones.

Buenas prácticas de la comunicación interpersonal

La comunicación interpersonal, tanto verbal como no verbal, se da de manera natural. Sin embargo, hay una serie de habilidades que se pueden poner en práctica para mejorarla.

– Saber escuchar.

Sin duda es el elemento crucial de la comunicación. Tal y como expresaba el psicólogo estadounidense Melvin L. De Fleur, “la escucha eficaz es una de las habilidades de comunicación más fundamentales”. De hecho, al escuchar no solo se reafirma el entendimiento del mensaje sino también el apoyo que el emisor recibe del receptor mientras se expresa.

Pero hay algo a lo que pocos se resisten: permanecer callado mientras se escucha. Para superar esta barrera, se debe dejar hablar al interlocutor y concentrarse en él. La clave está en hacerle ver que hay un interés en lo que dice y, para lograrlo, hay que dirigir el cuerpo hacia él y mirarle a los ojos.

– Evitar hacer juicios de valor

Por naturaleza, el ser humano tiende a construir su propia opinión del interlocutor en base a sus creencias, valores o forma de vida. Esto conduce a que, en el momento de la escucha, se emitan prejuicios que pueden distorsionar el mensaje.

No extraiga conclusiones precipitadas sobre el interlocutor y no olvides que todo prejuicio implica un error por falta de conocimiento.

De hecho, los expertos hablan de una tendencia inconsciente a tratar con simpatía a quienes resultan agradables a la vista y, por el contrario, a ser más fríos con quienes parecen más desagradables. El modo más sencillo de evitar esto es no extraer conclusiones precipitadas sobre el interlocutor y no olvidar que todo prejuicio implica un error por falta de conocimiento.

– Practicar la asertividad

La asertividad es la capacidad de transmitir a una persona opiniones, creencias o sentimientos de forma eficaz y sin sentirse incómodo. Por ello, llevar a la práctica esta habilidad aumenta la posibilidad de conseguir lo que se desea. Además, la persona asertiva se siente más satisfecha consigo misma y le permite conservar una relación de confianza con los otros. Por tanto, aumenta su autoestima.

En el lado opuesto de la asertividad se encuentran la agresividad y la pasividad, conductas que dificultan una comunicación tranquila y eficaz. El comportamiento asertivo es mucho más que exigir de los demás el respeto de nuestros derechos o impedir que los demás nos manipulen. En un sentido social, ser asertivo consiste en comunicar a otros quiénes somos, qué hacemos o qué esperamos.

– Fomentar la empatía

La capacidad de ponerse en el lugar del otro, la empatía, es otra de las claves para que la comunicación interpersonal de sus frutos. Un ejemplo claro se da en las entrevistas de trabajo. Así, si el entrevistador no actúa con empatía, es difícil que el candidato muestre sus fortalezas y aptitudes. Si además, tratamos con respeto y tolerancia a la otra persona, la comunicación será mucho más fluida y enriquecedora.

– Atender a la comunicación no verbal

Aprender las señales no verbales, comunes en todas las personas, es una herramienta muy valiosa para comprender a tu interlocutor. El tono de voz, las expresiones faciales, los gestos y el lenguaje corporal son algunas de las señales que se emiten durante la comunicación. Estas ayudan a entender emociones, sensaciones e incluso a percibir si la persona está mintiendo.

En este sentido, algunos investigadores explican que cuando alguien no dice la verdad tiende a mirar hacia arriba y hacia la izquierda. En cambio si la persona no recuerda algo o no está segura de estar en lo correcto, bajará los ojos y mirará a derecha.

Obstáculos que hay que evitar

En el lado opuesto a estas prácticas, existen ciertas barreras que dificultan el proceso comunicativo. Conocerlas e identificarlas también ayudará a mejorar la comunicación entre individuos. Algunos de estos obstáculos son:

– Emotividad

Las reacciones emocionales, especialmente las negativas, pueden influir en cómo se entiende el mensaje y también repercute en los siguientes mensajes. Por ejemplo, cuando el médico comunica una noticia negativa al paciente, sin una adecuada preparación emocional, automáticamente dejará de escuchar el resto del mensaje.

– Ruido

Ciertos elementos que rodean el momento comunicativo pueden generar incomodidad física o distracciones visuales. Uno de los más comunes es el ruido.

– Exceso de afectividad

No calcular bien las señales de acercamiento afectivo y corporal pueden llevar a errores de comunicación. A veces, con la intención de empatizar con la otra persona, se cae en un acercamiento desproporcionado que puede incomodar al individuo.

No calcular bien las señales de acercamiento afectivo y corporal pueden llevar a errores de comunicación.

Así, actitudes como el tuteo, coger de la mano o simplemente acercarse en exceso, pueden turbar la tranquilidad de la persona e incluso violentarla.

La sonrisa que nunca falla

Por último, y no por ello menos importante, hay un elemento que tiene un poder extraordinario a la hora de comunicar: la sonrisa. En muchas ocasiones se utiliza como un gesto de pacificación.

Por débil que parezca, la sonrisa es un amortiguador importante, por ejemplo, frente a la agresión. Además, el acto de sonreír puede suavizar un rechazo, comunicar una actitud amigable y animar a los demás a que te devuelvan esa sonrisa.

Por tanto, aunque las circunstancias no sean favorables, no dejes nunca de sonreír.