Ainhoa García Rivero
El grupo extremeño canta sobre la importancia de los pueblos, a los que ha puesto en el centro de su modelo de marca. Y cuando eso ocurre, la experiencia del cliente deja de ser un concepto de marketing para convertirse en algo real, vivido y recordado.

En un contexto donde muchas marcas buscan diferenciarse a través de discursos grandilocuentes o experiencias digitales sofisticadas, el grupo de música extremeño Sanguijuelas del Guadiana (Casas de Don Pedro) ha optado por algo mucho más poderoso: la coherencia. Coherencia entre lo que cantan, lo que defienden y lo que hacen. Y eso, desde el punto de vista de la customer experience (CX), es una de las decisiones más estratégicas que puede tomar una marca (porque sí, un grupo de música también es una marca).
Desde sus canciones, el grupo ha puesto en valor la vida en los pueblos, la identidad local, las raíces y el orgullo de lo cotidiano. No como una pose estética, sino como una vivencia real. Esa misma filosofía es la que ahora se materializa en El Kiosko de los Sanguijuelas, un punto de venta físico situado en el pueblo donde se criaron: no es solo una tienda, es una extensión natural de su universo de marca.
Del ‘storytelling’ al ‘storydoing’
Muchas marcas hablan de cercanía, comunidad o autenticidad. Pocas lo llevan a la práctica. El Kiosko de los Sanguijuelas representa un claro ejemplo de storydoing: convertir el relato en acción.
Este espacio funcionará como punto de venta físico para la gente del pueblo, almacén y centro logístico para la tienda online y generador de empleo local.
Desde la óptica de la customer experience, esto tiene un impacto directo: el cliente no solo compra productos, participa de una historia real. La experiencia ya no empieza ni termina en la web o en un concierto; continúa en un espacio físico cargado de significado.
CX no es solo servicio, es coherencia
La experiencia del cliente no se construye únicamente con buenos procesos, rapidez en los envíos o atención amable. Se construye, sobre todo, cuando las marcas consiguen que cada punto de contacto refuerce el mismo mensaje.

En este caso: las canciones hablan de pueblo, la marca actúa desde el pueblo, la logística nace en el pueblo y el empleo se queda en el pueblo. Esa coherencia genera confianza, credibilidad y vínculo emocional, tres pilares fundamentales de una CX sólida. El cliente percibe que no hay contradicción entre lo que se dice y lo que se hace, y eso eleva la experiencia de forma natural.
Un universo de marca que se puede habitar
Uno de los grandes logros de esta iniciativa es que Sanguijuelas del Guadiana está creando un universo de marca habitable. No es solo una banda que vende merchandising, sino que es un ecosistema donde la música tiene un contexto, los productos tienen origen y el consumo tiene impacto.
Para quien compra online, saber que su pedido sale de un pequeño pueblo no es solo un dato logístico: es la confirmación de que lo que Sanguijuelas del Guadiana canta es real. Que detrás de cada camiseta o disco hay un lugar concreto, unas personas concretas y una forma de entender la vida que no se queda en las canciones.
Para quien entra físicamente al Kiosko, esa coherencia se vuelve aún más palpable: la música deja de ser solo algo que se escucha y se transforma en algo que se toca, se ve y se vive. La marca ya no es un concepto abstracto, sino una presencia cercana, humana y compartida.
La CX como motor cultural y social
Desde una visión avanzada de la CX, las mejores experiencias no son solo eficientes, sino significativas. El Kiosko de los Sanguijuelas no mejora la experiencia únicamente porque acerque el producto, sino porque refuerza un propósito compartido entre marca y clientes.
En un mercado saturado de mensajes vacíos, esta apuesta demuestra que la CX puede construirse desde lo local, que la coherencia es una ventaja competitiva y que el propósito bien ejecutado se convierte en experiencia.
Sanguijuelas de Guadiana no solo canta sobre la importancia de los pueblos. La está poniendo en el centro de su modelo de marca. Y cuando eso ocurre, la experiencia del cliente deja de ser un concepto de marketing para convertirse en algo real, vivido y recordado. Porque, al final, las mejores marcas no se limitan a vender; crean lugares a los que pertenecer.
Hoy no solo las empresas tradicionales compiten en términos de experiencia de cliente. Los proyectos culturales como este demuestran que la gestión de la experiencia abarca también el diseño de relaciones significativas entre marca y público, una competencia que se trabaja en profundidad en formación especializada como el Máster en Innovación en la Experiencia de Cliente de UNIR, que capacita para liderar iniciativas centradas en clientes, medir experiencias y fomentar culturas organizativas customer-centric.
(*) Ainhoa García Rivero es coordinadora del Máster Universitario de Innovación en la Experiencia del Cliente.
- Facultad de Economía y Empresa






