Ainhoa Arana Cuenca
La profesora de la Facultad de Educación de UNIR, galardonada con el Premio EDUCA ABANCA, habla de enseñanza y aprendizaje, de profesores y alumnos, de la IA en el aula, de acompañamiento y de una profesión que tiene en la innovación con sentido su mejor guía.

La docente y formadora Mireia Portero Aylagas ha sido reconocida como la Mejor Docente de España 2025 en la categoría de Educación No Formal en los últimos Premios EDUCA ABANCA, uno de los galardones educativos con mayor prestigio de España, considerados los Goya de la educación por el rigor y la exigencia de su proceso de selección.
Portero ha alcanzado la máxima puntuación nacional de su categoría, con 112 puntos, situándose en el primer lugar del ranking estatal y convirtiéndose, además, en la única docente galardonada de Cataluña en esta edición. El reconocimiento se ha concedido tras un proceso altamente competitivo, con más de un millar de candidaturas procedentes de todo el país, presentadas mayoritariamente por alumnado y familias, lo que refuerza el valor social y educativo del premio.
Los Premios EDUCA ABANCA se basan en un sistema de evaluación exhaustivo, que analiza múltiples dimensiones de la práctica docente. Entre otros aspectos, el jurado valora la calidad percibida por el alumnado, el impacto educativo real, la innovación pedagógica, la transferencia del conocimiento, la proyección social de la docencia, la formación continua y la transmisión de valores. Este modelo de baremación convierte el galardón en uno de los más completos y exigentes del panorama educativo español.
El jurado destacó especialmente la trayectoria de Mireia Portero en el ámbito de la educación no formal y la formación del profesorado, así como su capacidad para generar impacto educativo más allá del aula. Su trabajo se centra en el acompañamiento a docentes y equipos educativos en procesos de transformación pedagógica, apostando por una innovación con sentido, aplicable, contextualizada y sostenible en el tiempo.
Su enfoque profesional se caracteriza por el uso de metodologías activas, con especial énfasis en la competencia digital docente, la inteligencia artificial aplicada a la educación, la gamificación y el aprendizaje basado en proyectos (ABP). Una manera de entender la innovación educativa que parte de la realidad de los centros, del contexto del profesorado y de la necesidad de convertir el aprendizaje en una experiencia significativa, inclusiva y transferible.
Este reconocimiento consolida a Mireia Portero como un referente nacional en innovación educativa y educación no formal, y pone en valor el papel del profesorado comprometido con la mejora continua y la reflexión pedagógica. Su trayectoria no solo destaca por la excelencia en la práctica educativa, sino también por su apuesta constante por las metodologías activas y la innovación como motor de aprendizaje.
En esta entrevista, Portero comparte con la comunidad educativa de UNIR Revista sus claves pedagógicas, el significado de este reconocimiento y su visión sobre la formación docente, incluyendo su participación en el nuevo Máster en Metodologías Activas de Enseñanza-Aprendizaje.
Trayectoria y visión docente
Pregunta: ¿Qué ha significado para ti recibir el premio a Mejor Docente de España 2025 y en qué medida crees que refleja tu trayectoria profesional?
Respuesta: Recibir el reconocimiento como Mejor Docente de España 2025 ha sido, sobre todo, una confirmación de que el camino recorrido tiene sentido. No lo viví únicamente como un logro personal, sino como un reconocimiento a una manera de entender la educación basada en el compromiso, la reflexión constante y la mejora continua. Que este premio parta en gran medida de la valoración del alumnado y de las familias le otorga, además, un valor especialmente significativo.
“No he vivido el premio únicamente como un logro personal, sino como un reconocimiento a una manera de entender la educación basada en el compromiso, la reflexión constante y la mejora continua”.
Creo que el galardón refleja bien mi trayectoria porque pone en valor una forma de innovar que no busca el impacto superficial, sino la transformación real y sostenible de las prácticas educativas. A lo largo de los años he apostado por una innovación con sentido, conectada con el contexto de los centros y con las necesidades reales del profesorado y del alumnado, tanto en el aula como en la formación docente.

Este reconocimiento también visibiliza el trabajo que se realiza en ámbitos como la educación no formal y la formación del profesorado, espacios fundamentales para acompañar procesos de cambio pedagógico. En ese sentido, lo entiendo como un impulso para seguir trabajando desde la coherencia, la responsabilidad y la convicción de que una educación de calidad se construye desde la reflexión pedagógica y la acción.
P: Desde tu experiencia, ¿qué elementos han marcado tu manera de entender la enseñanza y han favorecido una conexión real con el aprendizaje del alumnado?
R: Mi manera de entender la enseñanza se ha construido a partir de la experiencia directa en el aula y del diálogo constante con el alumnado. Escucharles, observar cómo aprenden y partir de sus intereses y necesidades reales ha sido clave para generar una conexión auténtica con su proceso de aprendizaje. Cuando el alumnado siente que lo que ocurre en el aula tiene sentido para su vida, el aprendizaje deja de ser impuesto y se convierte en significativo.
Otro elemento fundamental ha sido la reflexión pedagógica continua. Cuestionarme qué hago, por qué lo hago y para qué, me ha permitido evolucionar como docente y alejarme de modelos rígidos para avanzar hacia prácticas más flexibles, inclusivas y centradas en la persona. Esta reflexión se ha visto enriquecida por el trabajo en equipo, la formación permanente y el acompañamiento a otros docentes, que me han ayudado a ampliar la mirada y a aprender también desde otras realidades educativas.
Finalmente, entender el aprendizaje como una experiencia activa ha marcado profundamente mi práctica. Metodologías que fomentan la participación, la autonomía, la colaboración y la transferencia a contextos reales favorecen una implicación mayor del alumnado y una relación más profunda con el conocimiento. Cuando el alumnado se siente protagonista, acompañado y reconocido, la conexión con el aprendizaje surge de manera natural.
“Entender el aprendizaje como una experiencia activa ha marcado profundamente mi práctica. Cuando el alumnado se siente protagonista, acompañado y reconocido, la conexión con el aprendizaje surge de manera natural.
P: ¿Qué papel desempeñan hoy las metodologías activas y la tecnología educativa en su práctica docente cotidiana?
R: En mi práctica docente cotidiana, las metodologías activas y la tecnología educativa no son un fin en sí mismas, sino medios al servicio del aprendizaje. Desempeñan un papel fundamental en la medida en que me permiten diseñar experiencias educativas más significativas, participativas y conectadas con la realidad del alumnado.
Las metodologías activas facilitan que el alumnado asuma un rol protagonista, tome decisiones, colabore y reflexione sobre su propio proceso de aprendizaje. A través de enfoques como el aprendizaje basado en proyectos o la gamificación, el aula se convierte en un espacio donde se investiga, se crea y se aplica el conocimiento a situaciones reales, favoreciendo la motivación y la transferencia de lo aprendido.
La tecnología educativa, por su parte, actúa como un elemento potenciador cuando se integra con sentido pedagógico. Bien utilizada, permite personalizar el aprendizaje, diversificar las formas de evaluación, favorecer la inclusión y ampliar los límites del aula. En los últimos años, además, la incorporación reflexiva de herramientas de inteligencia artificial está abriendo nuevas posibilidades para el acompañamiento, la retroalimentación y el desarrollo de la competencia digital, tanto del alumnado como del profesorado.
“La incorporación reflexiva de herramientas de inteligencia artificial está abriendo nuevas posibilidades para el acompañamiento, la retroalimentación y el desarrollo de la competencia digital, tanto del alumnado como del profesorado”.
En definitiva, metodologías activas y tecnología se entrelazan en mi práctica como aliados para generar aprendizajes más profundos, conscientes y relevantes, siempre desde una mirada crítica y contextualizada que pone en el centro a las personas y al sentido educativo de cada decisión pedagógica.
El premio y su impacto
P: ¿Qué reacciones ha percibido en el alumnado y en su entorno profesional tras este reconocimiento? ¿Ha influido de algún modo en su forma de abordar la docencia?
R: Las reacciones han sido, sobre todo, muy emotivas y cercanas. Por parte del alumnado, he percibido orgullo, ilusión y una sensación compartida de reconocimiento al trabajo realizado conjuntamente. Muchos lo han vivido como algo propio, lo que refuerza la idea de que el aprendizaje es un proceso compartido y que los logros educativos se construyen en comunidad.
“Muchos de mis alumnos han vivido el premio como algo propio, lo que refuerza la idea de que el aprendizaje es un proceso compartido y que los logros educativos se construyen en comunidad”.
En el entorno profesional, el reconocimiento ha generado mensajes de apoyo, reflexión y diálogo pedagógico. Compañeros y compañeras lo han interpretado como una oportunidad para visibilizar prácticas educativas que apuestan por la innovación con sentido, el acompañamiento docente y la mejora continua. En ese sentido, el premio ha abierto conversaciones muy enriquecedoras sobre el papel del profesorado y sobre cómo seguir transformando la educación desde dentro de los centros.
En cuanto a mi forma de abordar la docencia, el premio no ha supuesto un cambio de rumbo, pero sí un refuerzo de la responsabilidad con la que entiendo mi profesión. Me impulsa a seguir siendo coherente con mi manera de enseñar, a cuidar aún más la reflexión pedagógica y a acompañar con mayor conciencia los procesos de aprendizaje, tanto del alumnado como del profesorado. Lo vivo como un estímulo para continuar aprendiendo, seguir cuestionándome y creciendo, siempre con la mirada puesta en una educación de calidad, inclusiva y con impacto real.

P: A tu juicio, ¿qué competencias resultan hoy imprescindibles para el profesorado ante los retos educativos del siglo XXI?
R: Ante los retos educativos del siglo XXI, considero imprescindible que el profesorado desarrolle un conjunto de competencias que van más allá del dominio de contenidos. En primer lugar, la competencia pedagógica y didáctica sigue siendo la base: saber diseñar experiencias de aprendizaje significativas, inclusivas y coherentes con los objetivos educativos y el contexto del alumnado.
La competencia digital docente es también clave, entendida no solo como el uso de herramientas, sino como la capacidad de integrarlas de forma crítica, ética y pedagógica en los procesos de enseñanza-aprendizaje. En este sentido, resulta fundamental saber seleccionar recursos, evaluar su impacto y aprovechar el potencial de la tecnología -incluida la inteligencia artificial- para personalizar el aprendizaje y mejorar la evaluación y la retroalimentación.
“Resulta fundamental saber seleccionar recursos, evaluar su impacto y aprovechar el potencial de la tecnología (incluida la inteligencia artificial) para personalizar el aprendizaje y mejorar la evaluación y la retroalimentación”.
Otra competencia esencial es la capacidad de reflexión y adaptación. El profesorado necesita analizar su práctica, cuestionarla y ajustarla a realidades educativas cambiantes, trabajando desde la flexibilidad y la mejora continua. A ello se suma la competencia colaborativa, ya que el trabajo en equipo, el aprendizaje entre iguales y la construcción colectiva del conocimiento son claves para afrontar los desafíos actuales de los centros educativos.
Finalmente, destacaría la dimensión humana y ética de la docencia. La empatía, la comunicación, el acompañamiento emocional y la transmisión de valores siguen siendo elementos imprescindibles para conectar con el alumnado y educar personas críticas, comprometidas y capaces de desenvolverse en una sociedad compleja y en constante transformación.
El Máster en Metodologías Activas
P: Próximamente formarás parte del claustro del Máster en Metodologías Activas de Enseñanza-Aprendizaje. ¿Qué valor diferencial aporta este programa a la formación docente actual?
R: El valor diferencial del Máster en Metodologías Activas de Enseñanza-Aprendizaje reside en su enfoque claramente práctico, reflexivo y orientado a la transferencia directa al aula. No se trata únicamente de conocer metodologías, sino de comprender cuándo, cómo y por qué aplicarlas, siempre desde una base pedagógica sólida y contextualizada.
Este programa aporta una visión integrada de las metodologías activas, conectándolas con la evaluación, la atención a la diversidad, la competencia digital docente y la realidad organizativa de los centros educativos. Además, promueve una formación basada en la experiencia, donde el profesorado en formación puede diseñar, implementar y analizar propuestas reales, alejándose de modelos teóricos descontextualizados.
Otro aspecto diferencial es el acompañamiento por parte de un claustro con experiencia directa en el aula y en la formación docente. Esto permite ofrecer una mirada cercana, realista y honesta sobre los retos de la innovación educativa, poniendo el foco en una innovación con sentido, sostenible y alineada con las necesidades actuales del profesorado y del alumnado.
El máster responde a una demanda real del sistema educativo: formar docentes capaces de tomar decisiones pedagógicas fundamentadas, críticas y coherentes, y de transformar su práctica desde el conocimiento, la reflexión y la acción.
P: ¿Qué expectativas tienes respecto al impacto de este máster en la práctica profesional del profesorado que se forme en él?
R: Mis expectativas respecto al impacto de este máster son que suponga un punto de inflexión en la práctica profesional del profesorado que se forme en él. Aspiro a que no solo adquieran conocimientos sobre metodologías activas, sino que desarrollen la capacidad de tomar decisiones pedagógicas conscientes, fundamentadas y adaptadas a su contexto educativo.
Espero que el máster contribuya a que el profesorado gane seguridad y criterio profesional, y que se sienta acompañado en el proceso de revisar, transformar y mejorar su práctica. Que aprendan a diseñar experiencias de aprendizaje significativas, a evaluar de manera coherente y a integrar la tecnología con sentido pedagógico, siempre poniendo en el centro al alumnado y al propósito educativo.
Asimismo, confío en que este programa tenga un impacto más allá del aula individual, generando docentes capaces de liderar procesos de innovación en sus centros, de trabajar de forma colaborativa y de impulsar una cultura de reflexión y mejora continua. En ese sentido, el verdadero éxito del máster será que sus participantes se conviertan en agentes de cambio educativo, comprometidos con una enseñanza de calidad, inclusiva y sostenible en el tiempo.
“El verdadero éxito del Máster en Metodologías Activas de Enseñanza-Aprendizaje será que sus participantes se conviertan en agentes de cambio educativo, comprometidos con una enseñanza de calidad, inclusiva y sostenible en el tiempo”.
P: Para quienes desean especializarse en metodologías activas, ¿qué consejo les darías a la hora de innovar con sentido pedagógico?
R: A quienes desean especializarse en metodologías activas les aconsejaría, ante todo, que no pierdan de vista el sentido pedagógico de cada decisión que toman. Innovar no consiste en aplicar metodologías o herramientas de forma automática, sino en preguntarse constantemente para qué se hace, qué mejora aporta al aprendizaje y cómo responde a las necesidades reales del alumnado y del contexto educativo.
Es importante empezar de manera progresiva, desde la reflexión y la coherencia, entendiendo que la innovación es un proceso y no un destino. Conocer bien las metodologías, experimentar, evaluar el impacto y ajustar la práctica forma parte de un camino de aprendizaje continuo, en el que el error también tiene un valor formativo.
“Innovar no consiste en aplicar metodologías o herramientas de forma automática, sino en preguntarse constantemente para qué se hace, qué mejora aporta al aprendizaje y cómo responde a las necesidades reales del alumnado y del contexto educativo”.
Por último, los animaría a no innovar en soledad. Compartir experiencias, trabajar en equipo, apoyarse en la formación y en la comunidad educativa permite construir propuestas más sólidas, sostenibles y con mayor impacto. La innovación con sentido nace del compromiso pedagógico, de la reflexión y de la voluntad de mejorar la educación poniendo siempre en el centro a las personas y al aprendizaje.
(*) La entrevista ha sido realizada por Ainhoa Arana, directora del Máster en Metodologías Activas de Enseñanza-Aprendizaje de UNIR.
- Facultad de Ciencias de la Educación y Humanidades






