Miguel Ángel Ruiz Carabias
La implicación activa de la familia en los procesos de intervención temprana mejora el desarrollo infantil, fortalece el bienestar familiar y refuerza la eficacia de los modelos actuales basados en la evidencia científica.

Tradicionalmente, los modelos de atención temprana se centraban en atender las necesidades, déficits o debilidades de los niños desde una perspectiva child-centered, focalizando la intervención en terapias especializadas y actuaciones directas sobre el menor.
Sin embargo, desde hace varias décadas se ha ido consolidando un modelo centrado en la familia, conocido como family-centered practice o family-systems perspective. Este enfoque reconoce a la familia como parte activa del proceso de intervención, participando no solo en la ejecución, sino también en el diseño y la evaluación de la atención temprana.
La literatura científica ha identificado diversas funciones que la familia desempeña para que la atención temprana sea eficaz. Entre ellas, destaca el cuidado y acompañamiento del niño en las rutinas diarias. Actividades como las experiencias educativas, la estimulación, la comunicación o el juego, que ocurren en el hogar y otros entornos naturales, son fundamentales para el desarrollo infantil (Kara et al., 2019).
Estos autores demostraron, además, que las intervenciones basadas en la familia tienen efectos positivos incluso en el desarrollo motor, en comparación con modelos más tradicionales, al implicar activamente a los padres en el proceso de desarrollo del menor.
Empoderamiento familiar y redes de apoyo
Otro aspecto clave es el empoderamiento familiar, entendido como el desarrollo de competencias, autoconfianza y conocimientos que permitan a las familias identificar sus derechos, utilizar los recursos disponibles, tomar decisiones informadas y ajustar estrategias para apoyar al niño (Martínez-Rico et al., 2022).
Estos autores señalaron que cuanto mayor es el uso de redes formales e informales por parte de las familias, mayor es su percepción de empoderamiento y mayores las oportunidades de desarrollo para los niños. Este hallazgo refuerza la importancia de fortalecer los apoyos sociales dentro de los modelos de atención temprana.
La alianza profesional-familia
No menos relevante es la alianza entre profesionales y familia, que implica la participación activa de los familiares en el diseño, planificación, ejecución y evaluación del plan de intervención (Lee, 2015).
Las familias desempeñan un papel esencial en el apoyo emocional, psicológico y social de los niños, facilitando su desarrollo global (Botana y Peralbo, 2014). Además, la diversidad de contextos en los que la familia interactúa constituye una fuente constante de oportunidades de aprendizaje para el menor, ampliando el impacto de la intervención más allá del contexto terapéutico.
Diversos estudios señalan que variables como la resiliencia familiar, el estrés parental o la historia familiar influyen directamente en los resultados obtenidos por los niños en contextos de atención temprana (Alcalá-Cerrillo et al., 2023).
Botana y Peralbo (2014) analizaron cómo los niveles de estrés parental y las creencias educativas de los padres afectan a la eficacia de los servicios de atención temprana. Sus resultados indican que un mayor estrés se asocia con peores resultados en el desarrollo infantil, mientras que determinadas concepciones educativas pueden modular positivamente la intervención.
A pesar de este reconocimiento teórico, en la práctica persisten barreras que dificultan la plena participación familiar, como la falta de coordinación entre servicios, carencias de recursos, tensiones organizativas o una formación insuficiente de profesionales y gestores (Viloria et al., 2012).
Retos actuales en la atención temprana
Entre los principales retos actuales se encuentran la necesidad de conocer mejor las necesidades familiares en distintos contextos (Botana y Peralbo, 2014), superar resistencias al modelo centrado en la familia y abordar las barreras prácticas relacionadas con recursos, tiempo y formación (Cordero y Córdoba, 2024).
Asimismo, resulta imprescindible mejorar la formación profesional orientada a objetivos funcionales y actividades cotidianas (Kimberly et al., 2021), así como avanzar en la medición de resultados familiares, y no solo del desarrollo del niño (Martínez-Rico et al., 2022).
El Máster en Atención Temprana y Desarrollo Infantil de UNIR ofrece una formación especializada para quienes desean trabajar en este ámbito. El programa proporciona herramientas para evaluar e intervenir en niños con diversas necesidades, incorporando un enfoque interdisciplinar y promoviendo la participación activa de las familias.
Un eje central del máster es la primera infancia, desde el nacimiento hasta los seis años, una etapa crítica en la que las intervenciones tempranas pueden generar efectos duraderos. Los estudiantes aprenden a diseñar programas que favorecen un desarrollo óptimo y respetuoso con el contexto familiar.
La familia como eje de la atención temprana
En conclusión, la familia desempeña un papel central y no subsidiario en la atención temprana. Su implicación mejora los resultados en el desarrollo motor, cognitivo, lingüístico y socioemocional del niño, y contribuye al bienestar, la resiliencia y la calidad de vida familiar.
Las intervenciones que ignoran este papel corren el riesgo de ser menos eficaces o incluso contraproducentes, además de alejarse de la evidencia científica. Para que la atención temprana sea realmente efectiva, los servicios deben estructurarse para reconocer, apoyar y colaborar con las familias, teniendo en cuenta sus recursos, contextos, expectativas y aspiraciones.
La atención temprana es familiar, y la familia es hoy un elemento central de cualquier modelo de intervención basado en la calidad y la evidencia.
- Facultad de Ciencias de la Educación y Humanidades






