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La migración se refiere al desplazamiento geográfico de individuos o grupos humanos, generalmente por causas socioeconómicas, políticas o culturales. La normativa busca asegurar que este tránsito sea de forma segura y ordenada.

Los movimientos de población, ya sean de carácter interno o externo, han formado parte de la historia del ser humano desde su aparición. Esto se debe a diversas causas, como condiciones climáticas adversas, desastres naturales, presión demográfica o coyunturas económicas, sociales o políticas que impiden garantizar un nivel de bienestar adecuado en la región de origen. Por este motivo, saber identificar y conocer los principales tipos de migración que existen en la actualidad nos permitirá entender la compleja realidad de un escenario que afecta a todos los países del mundo.
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En general, a través de planes estratégicos de cooperación o de coordinación internacional se busca fomentar el progreso en aquellas regiones donde la pobreza, la ausencia de instituciones fuertes u otros obstáculos de índole estructural impiden el crecimiento y la prosperidad.
¿Qué es la migración?
Migración se refiere al “desplazamiento geográfico de individuos o grupos humanos, generalmente por causas económicas o sociales”, según el Diccionario de la lengua española.
Por lo tanto, el fenómeno migratorio engloba múltiples desencadenantes de índole socioeconómica o política que empuja a sectores de población de un determinado país —e, incluso, continente— a escapar de una situación de vulnerabilidad que los estados no logran solventar debido a factores coyunturales o estructurales de diversa naturaleza.
Tipos de migración
Dentro de las tipologías de migración que existen, se ha de diferenciar, en primer lugar, aquellos flujos o movimientos de población acaecidos dentro de una misma frontera de los que se producen externamente, es decir, de un país a otro. En este sentido, aunque las motivaciones pueden ser similares, se aprecian aspectos diferenciadores en tanto que la primera categoría suele afectar a personas de una misma nacionalidad y con unas costumbres o prácticas culturales semejantes.
En cambio, las transfronterizas implican, por lo general, un contraste acusado en lo que respecta a las formas de vida de unos grupos humanos frente a las dinámicas socioculturales de las sociedades receptoras.
Así, uno de los principales retos de los países de acogida o receptores de este tipo de migración transnacional es el de procurar su integración y, sobre todo, el fomento de su inclusión en un sistema socioeconómico y político que no siempre se ajusta a las convicciones o preceptos que el migrante tiene interiorizados.
Por otro lado, se ha de tener en cuenta que las migraciones pueden ser permanentes, temporales, voluntarias, forzadas, y, dentro de todas estas tipologías y desde un punto de vista jurídico, legales o ilegales. Teniendo en cuenta estas premisas, se han de distinguir las siguientes tipologías:
- Permanente. El migrante pretende asentarse de forma indefinida en el territorio al que se ha trasladado.
- Temporal o de tránsito. El individuo pretende usar la zona a la que se ha dirigido como puente o ruta provisional hacia su destino definitivo; o, en cambio, regresar a su país o lugar de origen.
- Voluntaria. Los individuos toman por sí mismos, de manera voluntaria y libre, la decisión de abandonar su lugar de origen y dirigirse a otro territorio.
- Forzosa. Debido a condicionantes políticos como persecuciones, conflictos civiles o inseguridad que obliguen a diversos sectores de la población de un determinado país o región a establecerse en otra parte del país de origen u optar a dirigirse a otro distinto.
¿Qué son las políticas migratorias?
Las políticas migratorias hacen referencia al conjunto de leyes, normas, reglamentos o medidas gubernamentales dirigidas a gestionar y regular los flujos migratorios acaecidos en las fronteras de un país. Se dirigen no solo a regularlo, sino a asegurar que este tránsito de personas se realiza de forma segura, ordenada y acorde a los preceptos legislativos marcados por los diferentes estados.
Asimismo, las políticas migratorias se centran en cuestiones relacionadas con la admisión, residencia, deportación, integración, empleo y derechos de los refugiados. Este tipo de políticas varían considerablemente entre los estados que las aplican —de hecho, las normas de inmigración de los países de la Unión Europea no es uniforme— y están influenciadas por múltiples factores, como la seguridad nacional, el control demográfico, las preocupaciones sociales, los contrastes culturales o aspectos de índole económica.
Igualmente, son determinantes los convenios o acuerdos supranacionales en materia migratoria y, a su vez, el cumplimiento del derecho internacional. En cualquier caso, son objeto de intensos debates públicos debido a sus costes sociales, económicos y, sobre todo, humanitarios.
Por otro lado, la pugna entre la soberanía de las naciones en este tipo de asuntos migratorios y la influencia de organizaciones internacionales como la ONU, que apuestan por preservar los derechos de los migrantes, ha puesto de manifiesto una contradicción que ha provocado un incremento notable de la emigración de carácter irregular.
Así, frente a la premisa del derecho internacional que defiende que “toda persona tendrá derecho a salir libremente de su país, incluso del propio” (artículo 13 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos), está la situación de cada país y su potestad última para aceptar o rechazar la admisión de personas migrantes dentro de su territorio.
Tipos de políticas migratorias
En lo referente al tipo de política migratoria que se puede aplicar en un país, cabe distinguir las siguientes modalidades:
- Restrigida. Dirigida a limitar y controlar la entrada de migrantes a un país. Países como Australia, Hungría o Japón mantienen políticas muy restrictivas que dificultan la adquisición de visados y la llegada de refugiados, fomentan su expulsión e, incluso, su criminalización.
- Flexible o aperturista. Facilita la entrada y la permanencia de población migrante, promoviendo la multiculturalidad. Si no tenemos en cuenta sus políticas más actuales en materia migratoria, Suecia podría ser un ejemplo paradigmático de esta tipología.
- De integración. Fomenta no solo la entrada de inmigrantes y su permanencia en el país receptor, sino su inclusión social y económica para que puedan integrarse en la nueva sociedad que los acoge. España o Nueva Zelanda son dos de los ejemplos más ilustrativos de esta clasificación, al buscar medidas de intervención social destinadas a la población inmigrante. De esta forma, se apuesta por programas o proyectos de inserción laboral, integración (esencialmente en materia lingüística e idiomas), educativos, o, en general, de índole asistencial.
En definitiva, las migraciones son fenómenos complejos que requieren de una eficaz coordinación a nivel político para gestionarlos. Además, se precisa un esfuerzo ingente por parte de las administraciones para afrontar una problemática que no es exclusiva de un país, sino que afecta a todos los estados por igual. En este sentido, es fundamental disponer de los recursos necesarios para regular su tránsito de forma segura, contar con unas políticas de inmigración claras y cumplir el derecho internacional en materia migratoria.







