Fernando de la Cruz Prego
Tras casi una década de relativo distanciamiento, Latinoamérica vuelve a ocupar un lugar destacado en la agenda exterior de la Unión Europea, sobre todo por un cambio en los intereses estratégicos europeos provocado por la nueva posición de EE. UU.

Tras casi una década de relativo distanciamiento, América Latina ha vuelto a ocupar un lugar destacado en la agenda exterior de la Unión Europea (UE). Este renovado interés no responde tanto a un cambio en las prioridades de desarrollo de la región como a una redefinición de los intereses estratégicos europeos en un contexto internacional crecientemente competitivo.
Así lo planteo en una investigación reciente publicada en la Revista Española de Desarrollo y Cooperación (1), que analiza el giro geoeconómico de la política de cooperación europea hacia América Latina y su vinculación con el concepto de autonomía estratégica.
Desde la crisis financiera de 2008, y de forma más acusada tras la pandemia y la guerra en Ucrania, la UE ha tomado conciencia de su vulnerabilidad frente a múltiples dependencias externas: energéticas, tecnológicas, industriales y financieras.
La fuerte dependencia del gas ruso, la concentración del suministro de minerales críticos en pocos países —especialmente China— y la pérdida de competitividad industrial han alimentado un debate interno sobre la necesidad de reforzar la capacidad europea para actuar de manera autónoma en sectores estratégicos. De este diagnóstico emerge la noción de autonomía estratégica, entendida como la reducción de dependencias excesivas mediante el fortalecimiento de capacidades internas y la diversificación de socios externos.
Este giro estratégico ha tenido consecuencias directas en la política exterior de la UE y, por extensión, en su política de cooperación internacional para el desarrollo. Bajo la Comisión presidida por Ursula von der Leyen desde 2019, la UE ha apostado por una visión más “geopolítica” de su acción exterior, alineando los distintos instrumentos —diplomáticos, comerciales, financieros y de cooperación— con sus intereses estratégicos. En este nuevo enfoque, la cooperación deja de ser un ámbito relativamente autónomo y pasa a integrarse de forma explícita en la estrategia global de la Unión.
Global Gateway y el retorno europeo a América Latina
La expresión más visible de este cambio es la iniciativa Global Gateway, presentada en 2021 como la nueva estrategia europea de inversión y cooperación internacional en infraestructuras sostenibles. Concebida como una alternativa europea a la Nueva Ruta de la Seda china, Global Gateway prevé movilizar hasta 300.000 millones de euros hasta 2027, combinando recursos públicos y privados. Aunque en su discurso oficial se enfatizan objetivos como el desarrollo sostenible, la conectividad y los estándares sociales y ambientales, la iniciativa responde claramente a una lógica geoeconómica.
En el caso de América Latina, Global Gateway ha venido acompañada de una Agenda de Inversiones dotada con 45.000 millones de euros, presentada en la Cumbre UE-CELAC de 2023. Esta agenda prioriza dos ámbitos muy concretos: el desarrollo de energías limpias, especialmente el hidrógeno verde, y el acceso a minerales críticos como el litio, el cobre o el níquel, esenciales para la transición verde y digital europea.
Desde el punto de vista europeo, América Latina ofrece ventajas comparativas claras en ambos ámbitos. La región concentra una parte sustancial de las reservas mundiales de litio y cobre, y cuenta con un enorme potencial para la generación de energías renovables gracias a sus recursos solares y eólicos. Para la UE, asegurar el acceso a estos recursos es clave para descarbonizar su industria, desarrollar tecnologías limpias y reducir su dependencia de proveedores considerados geopolíticamente sensibles.
En este contexto se explica la firma de memorandos de entendimiento con países como Chile, Argentina o Uruguay, orientados a la cooperación en materias primas estratégicas, energías renovables e hidrógeno verde. Más allá del discurso de asociación birregional, estos acuerdos reflejan una clara prioridad europea: garantizar suministros estables y diversificados para sus cadenas industriales.
De la cooperación al desarrollo a la ayuda transaccional
Uno de los aportes centrales del estudio es la caracterización de este nuevo enfoque como una forma de ayuda transaccional. A diferencia del modelo tradicional de cooperación europea —centrado en el liderazgo de los países socios, la alineación con sus estrategias de desarrollo y la reducción de la pobreza—, la ayuda transaccional parte de una lógica de intercambio de intereses.
Este giro supone un cambio profundo en la concepción de la cooperación europea. La reforma institucional de la Comisión —con la transformación de la antigua DG DEVCO en la Dirección General de Asociaciones Internacionales— y la creación del instrumento financiero Europa Global reflejan esta integración de la cooperación en una estrategia exterior más amplia. Asimismo, Global Gateway promueve una participación mucho más activa del sector privado europeo, utilizando fondos públicos para reducir riesgos y atraer inversión empresarial en sectores estratégicos como la energía, el transporte o la minería.
Desde esta perspectiva, la cooperación deja de centrarse prioritariamente en los países más pobres y se orienta hacia países de renta media y media-alta con valor estratégico para la UE, como Chile, Brasil o Argentina. El objetivo no es tanto transformar estructuralmente las economías latinoamericanas como asegurar condiciones favorables para la inserción europea en sectores clave de la economía verde global.
El estudio subraya que este giro europeo no surge en el vacío, sino que sigue en buena medida la estela de algunos Estados miembros, especialmente de Alemania. Desde hace años, la política exterior y de cooperación alemana ha desplegado una activa diplomacia verde en América Latina, centrada en el hidrógeno renovable, las energías limpias y los minerales estratégicos. Empresas, bancos de desarrollo y agencias de cooperación alemanas han sido pioneras en este ámbito, y la Comisión Europea ha tendido a complementar y amplificar estas iniciativas a escala comunitaria.

Esta dinámica pone de relieve la dimensión competitiva del nuevo enfoque europeo. La UE no solo busca reducir dependencias, sino también posicionarse frente a otros actores globales, especialmente China, cuya presencia económica en América Latina es significativa. Global Gateway pretende ofrecer una alternativa basada en estándares más exigentes y en una narrativa de asociación, pero comparte con la estrategia china un claro componente de interés propio.
Límites y desafíos del nuevo enfoque
Pese a su ambición discursiva, el estudio señala que, hasta el momento, no se observa una transformación estructural de la ayuda europea en América Latina. Los datos agregados de Ayuda Oficial al Desarrollo muestran una notable continuidad en volúmenes, instrumentos y asignación sectorial. Global Gateway aparece más bien como una capa adicional, aún incipiente, cuyo impacto real depende de proyectos que en muchos casos están en fase de diseño o negociación.
Además, la Comisión Europea actúa con frecuencia como facilitador, mientras que el protagonismo financiero y operativo recae en los Estados miembros y en el sector privado. Esto plantea interrogantes sobre la coherencia y la capacidad real de la UE para liderar una estrategia geoeconómica propia en la región.
En cualquier caso, la investigación concluye que el renovado interés europeo por América Latina responde a las necesidades estratégicas internas de la UE en el marco de la transición verde y la competencia geoeconómica global, pero está por ver si esta es capaz de materializarlos.
A analizar la evolución de los acontecimientos se dedicará el Global Gateway en América Latina, financiado por UNIR, que tengo el honor de liderar y que reúne a diversos investigadores de UNIR y de otras universidades europeas y latinoamericanas. El proyecto analiza de forma sistemática el despliegue de Global Gateway en la región y sus implicaciones para la cooperación y el desarrollo. Se espera contar con sus primeros resultados a finales de 2026.
(*) Fernando de la Cruz Prego es docente en UNIR especializado en Estudios del Desarrollo y Cooperación Internacional con especial énfasis en América Latina y la Unión Europea. Investigador adscrito al ICEI y secretario de REEDES. Es parte del grupo de investigación ECIDES de UNIR sobre cooperación internacional, así como del grupo de investigación de Agendas globales de la UCM.
Referencias:
- (1) De la Cruz Prego, F. (2025). Autonomía estratégica, geoeconomía verde y ayuda transaccional: una aproximación a la nueva política de cooperación al desarrollo europea en América Latina. Revista Española de Desarrollo y Cooperación, 52(2), 35-43. https://doi.org/10.5209/redc.103952 Se puede acceder a la publicación también en este enlace: https://revistas.ucm.es/index.php/REDC/article/view/103952
- Facultad de Artes y Ciencias Sociales






