Martes, 20 agosto 2019

Ragtime, de Miloš Forman: Aprender de los mayores

Este 2019, en el que Green Book (Peter Farrelly) se proclamó ganadora del Oscar a la Mejor película del año, y su protagonista, Mahershala Ali, se hizo con el de Mejor interpretación masculina, tenemos el deber profesional, y aun moral, de recordar Ragtime, uno de los títulos menos conocidos de Miloš Forman.

Rodada en 1980, su ubicación dentro de la filmografía del propio Forman es comprometida, ya que llegó tras el éxito inimaginable de Alguien voló sobre el nido del cuco (1975), y tras la adaptación del musical Hair (1979). A pesar de su escasa repercusión, precedió otro hito en la obra de Forman como Amadeus (1984), lo cual hace pensar en Ragtime como una rara avis situada entre los grandes éxitos de la carrera de su director.

El ‘ragtime’

Su trama se ubica en la ciudad de Nueva York a principios del siglo XX. En plena expansión social e industrial, Manhattan comienza a tener una clase adinerada y culta que disfruta de los eventos que suponen cierta intelectualidad, incluida la música más vanguardista como el ‘ragtime’, un ritmo sincopado surgido en las postrimerías de la anterior centuria, que no solo copó los salones de música, sino que devendría, décadas después, una de las influencias más directas del jazz.

La película presenta a un genio del ragtime, Coalhouse Walker (Howard E. Rollins Jr.), un portento afroamericano que deleita con su destreza a las clases más pudientes. En concreto, impacta directamente sobre la vida de una familia burguesa compuesta por James Olson y Mary Steenburgen, quienes tienen bajo su protección a Sarah (Debbie Allen), quien ha dado a luz al hijo de Walker y con quien el músico pretende contraer matrimonio.

Precisamente cuando la vida de ambos parece vislumbrar un desenlace positivo, Walker sufre una emboscada. Al dirigirse hacia el centro, los voluntarios de la estación de bomberos, especialmente Willie Conklin (Kenneth McMillan) le impiden el paso. Cuando el músico intenta encontrar ayuda de un policía (Jeff Daniels), los voluntarios no solo desplazan su coche, sino que defecan en él. Semejante humillación hace que Walker prefiera ser detenido antes que ceder ante la ignominia, algo que el agente tolera sin dificultad.

La infamia que sufre Walker hará que Sarah proteste en un mitin del presidente Theodor Roosevelt para reclamar justicia, lo que desembocará en su muerte a manos de los guardias de seguridad. Será entonces cuando el pianista, tras agotar todos los cauces legales, asalte la Morgan Library y amenace con destruir todo su patrimonio si su dignidad no es, en la medida de lo posible, restituida.

Un guion complejo

Película enmarañada, de tono tragicómico y temática compleja, en ella destaca un elenco soberbio que incluye a intérpretes como James Cagney, Patt O’Brian, Bessie Love, Donald O’Connor, Mandy Patinkin o el joven Samuel L. Jackson. Su historia, adaptación de la novela homónima de Edgar Lawrence Doctorow, escrita por Michael Weller (guionista que ya había colaborado con Miloš Forman en su musical Hair), muestra a innumerables figuras de la vida social neoyorkina de la época, inscribiendo históricamente la cinta en su propio contexto.

De hecho, en la novela destaca la presencia de personajes como el mago Harry Houdini, el archiduque Franz Ferdinand de Austria (cuyo asesinato desencadenó la I Guerra Mundial), el millonario J.P. Morgan, el explorador Robert Peary (marido de la protagonista de Nadie quiere la noche de Isabel Coixet), Sigmund Freud, Carl Jung o Emiliano Zapata. Aunque no todos están presentes en la película, resulta notable descubrir las innumerables personalidades que Forman incluyó en el metraje.

Su productor, además, no fue otro que Dino De Laurentiis, popular por su colaboración con Federico Fellini, y quien había producido en Italia, antes de su desembarco en Hollywood, obras maestras como La strada (1954) o Las noches de Cabiria (1954).

Aunque fuera nominada a ocho premios Oscar, incluidos los de Mejor actriz de reparto (Elizabeth McGovern) y Mejor actor de reparto (Howard E. Rollins Jr.); y a siete Globos de oro, incluido el de Mejor director, la recepción de Ragtime fue vaga y el recuerdo que se tiene de ella escaso.

Este desconocimiento no se debe tanto a su argumento o a su tratamiento de la violencia (es por todos conocido que Miloš Forman tendía a la exposición de la injusticia sin ambages), cuanto por, seguramente, su aproximación tragicómica a la segregación racial. Esa indeterminación, que vista desde la perspectiva actual no deja de ser una señal crítica, pudo servir de elemento de disuasión dentro del argumento central.

No obstante, su impecable factura, su elenco, su magnífica banda sonora y la calidad de su guion hacen incomprensibles las razones por las que cayó en el olvido. Quizá tenía razón su propio tráiler y la película es una mezcla imposible de bad time, good time y ragtime.