Viernes, 10 julio 2020

Musicoterapia y embarazo: la música que nos trae al mundo

La música es, sin duda alguna, el estímulo más enriquecido y enriquecedor que existe para nuestro cerebro. Desde las primeras etapas del embarazo, en las que la musicoterapia nos permite atender a la madre y al bebé, hasta los últimos instantes de tiempo en la vida, las múltiples variaciones de la música son un eficaz elemento para aportar beneficios terapéuticos a las personas.

Es sabido que la música es un elemento expresivo esencial en todas las culturas. Está presente en los ritos sociales, y junto con el lenguaje verbal y los códigos gestuales, conforma un complejo sistema de significantes que hacen posible que nos comuniquemos. Aun sin llegar a tener alfabetización musical manejamos y respondemos a los componentes que constituyen la música. Entre otros muchos aspectos, somos sensibles de forma innata a las cadencias rítmicas, a los cambios tonales o a las diferencias tímbricas. Estas habilidades son las que hacen posible que cualquier persona pueda participar y beneficiarse de la musicoterapia.

Tú bebé entiende más de lo que crees

Esta musicalidad de la que hablamos se expresa, por ejemplo, en nuestra particular manera de entonar al hablar y la prosodia que damos a las palabras. Esta huella sonora nos sirve para reconocernos y revelar incluso nuestro estado anímico. Especialmente somos más musicales cuando nos dirigimos a un recién nacido. Alteramos el timbre, agudizamos el tono y modulamos la línea melódica de las palabras para colmarlas de afecto y proximidad. ¿Por qué adaptamos nuestro registro vocal delante de un bebé? ¿Damos por hecho que entiende nuestro mensaje?

 

Obviamente nada más nacer el bebé no comprende nuestras palabras, pero sí distingue nuestras entonaciones, pues lleva unos meses entrenándose en ello. La razón la encontramos a partir de la semana 16 de embarazo. En ese tiempo el sistema auditivo comienza a estar conformado y, por tanto, puede procesar información, hacer asociaciones y almacenar significados ayudado del sistema límbico, nuestro cerebro emocional.

Esas memorias remotas se impregnan de los sonidos del interior del cuerpo de la madre y se vinculan a los estados de bienestar o de disgusto, sobre todo en el tercer trimestre de gestación. Por tanto, es este momento en el que vamos adquiriendo la sensibilidad a los patrones sonoros, a sus tonos, a los ritmos y a sus significados. Este aprendizaje nos servirá en el futuro para cuestiones tan esenciales como hablar, escuchar, caminar o ser sensibles a la belleza.

La música como “alimento”

Es por ello que durante el embarazo, entre los hábitos saludables para la madre y el bebé, hay que atender también al alimento sonoro. ¿Qué mejor que la música para promocionar ese sustento? Esta constituye una fuente de sensaciones que estrechan el vínculo y refuerzan la comunicación entre ambos y su entorno.

La gestación es una etapa de cambios físicos en los que la química del cuerpo predispone todo para hacer posible la duplicidad de la vida, lo cual implica cambios severos que afectan al comportamiento y a las emociones. Se alteran el cuerpo y sus rutinas, y con ellas la respuesta y reactividad a lo que nos rodea. En este marco, la música, y por extensión la musicoterapia, desempeñan una labor esencial para dar cuidado y soporte a la madre y al bebé.

 

Todo comienza por el gusto musical materno. Son necesarias aquellas piezas sonoras capaces de aportar buenas sensaciones, aunque no necesariamente habrán de ser músicas clásicas o relajantes. El espectro de preferencias musicales suele ser tan particular como lo son los gustos culinarios. Rodearse de esas músicas ya es un gesto favorable en sí mismo. Es bueno escucharlas, cantarlas, bailarlas y mejor aún adaptarlas con la ayuda de un profesional de la musicoterapia. Esto producirá un estado anímico equilibrado y confortable que será recibido en forma de beneficios inmediatos por el bebé.

El ritmo innato de los bebés

Lo que la mamá escucha y pronuncia y las sensaciones que esto produce son atendidas y compartidas por el gestante, por eso la voz cantada juega un papel importantísimo en este periodo. Los ritmos, las melodías y el timbre son reconocidos y buscados cuando el bebé llega al mundo, pues trae el recuerdo de las buenas experiencias prenatales asociadas a ese tiempo de cuidado materno y de la música compartida con él. Huelga decir que los auriculares puestos sobre el vientre sirven solo para hacer buenas fotos.

 

La musicoterapia y embarazo conforman un poderoso binomio. Esta alianza es una herramienta esencial de bienestar y cuidados que facilitan la comunicación y anclan el vínculo materno filial. Cuando usamos los elementos musicales en el embarazo transformamos el vientre materno en una escuela sonora para la vida, sin duda el mejor de los aprendizajes para llegar al mundo. La memoria de estos cuidados nos hace sensibles al afecto y a la comprensión emocional, la asimilación rítmica nos facilitará el desarrollo del habla y la coordinación motora, entre otras facultades.

Todo ello tiene su sencillo punto de partida en el uso terapéutico de la música. No olvidemos que la musicoterapia en el embarazo ofrece pautas para la vida, asentando el valor de la resonancia y el sonido propios para ser únicos junto a los otros seres únicos.