Jueves, 16 abril 2020

La ética profesional desde la perspectiva de la Musicoterapia

La ética profesional es una importante rama de la ética que afecta a la responsabilidad social de cualquier profesional en el ejercicio de su actividad, una dimensión a tener muy en cuenta máxime cuando hablamos de ética profesional en musicoterapia.

La dimensión social de esta profesión, dado su carácter asistencial, requiere disponer de un marco ético que guíe el ejercicio profesional. Dicho marco es uno de los estándares básicos que recomiendan todas las organizaciones profesionales internacionales, pues se configura como una garantía de calidad asistencial. La misión de estos estándares es sugerir la mejor actuación “en términos de derechos, obligaciones, beneficios para la sociedad, justicia o virtudes específicas” (Dileo, 2000, p.3).

Generar esos estándares es labor de las entidades profesionales organizativas, federaciones, asociaciones y colectivos que se dedican al desarrollo profesional. En la musicoterapia, la World Federation of Musicotherapy (WFMT) es uno de los referentes en este sentido, y como tal, ofrece muchas herramientas para el desarrollo de la profesión, como guías para el desarrollo del contenido básico de un código ético.

“La WFMT alienta a todas las asociaciones profesionales de musicoterapia a desarrollar, mantener y refinar periódicamente un código ético. Dada la amplia variación de asociaciones de musicoterapia entre países, regiones geográficas y culturas, la WFMT espera que el código de ética de cada asociación varíe.” (Traducido de WFMT, 2010).

En un código ético de musicoterapia nos vamos a encontrar con dos partes básicas que van a guiar la actividad del musicoterapeuta, un conjunto de principios y unas reglas específicas de conducta que afectarán a nuestras relaciones con las personas implicadas en la terapia: pacientes o clientes, colegas, otros profesionales del equipo multidisciplinar, etc.

Cuando ejercemos nuestra profesión, tratamos de ajustarnos a las mejores prácticas para así ofrecer un servicio de calidad, que se ajustará tanto a la formación recibida como a otros múltiples criterios profesionales. El objeto de estos códigos es, pues, darnos pautas para trabajar de manera responsable, ya que son fruto de años de experiencia de práctica de la profesión.

Sin embargo, estos códigos no siempre resuelven los conflictos e incidencias a los que los profesionales nos enfrentamos. Si atendemos a la cita mencionada de la WFMT, los códigos éticos se suelen ajustar a las diferencias entre países, regiones geográficas y culturas, por lo que no siempre estas herramientas estándar pueden ayudarnos a resolver los dilemas a los que nos podamos enfrentar en nuestro día a día.

¿Cómo afecta esto al día a día de un musicoterapeuta?

En términos generales la Musicoterapia es una profesión aparentemente “inocua”. En nuestras sesiones recibimos pacientes o clientes y desarrollamos, en un ambiente de seguridad, una sesión con instrumentos musicales sin aparente riesgo. Sin embargo, los musicoterapeutas, tal y como describe la literatura, estamos expuestos a múltiples factores que nos pueden conducir a tener una actitud negligente que debemos saber cuidar.

Es en nuestra formación como musicoterapeutas profesionales donde debemos aprender a desarrollar una estrategia que nos ayude a tener en cuenta todos esos factores que nos hacen vulnerables no solo en el ámbito moral, también en el legal y en la salud.

Tener un pensamiento ético, conlleva estar entrenados en un proceso de toma de decisiones donde se tiene que decidir sobre lo correcto o incorrecto de una determinada actuación o conflicto que pueda surgir.

Los autores definen la ética como un “conjunto de principios que deben guiar las acciones de un individuo, al decidir sobre temas de acciones correctas e incorrectas […]. La ética es la aplicación de los principios morales a las decisiones de la práctica diaria […]” (Villani, 1994, p. 9).

Es por ello, que para afrontar las distintas situaciones de conflicto, para aprender a reconocer los derechos y deberes fundamentales de los pacientes y clientes, de nuestra función en nuestro lugar de trabajo, o en la relación con nuestros compañeros de un equipo multidisciplinar, es necesario desarrollar un tipo de pensamiento que nos ayude a abarcar todos los condicionantes para llegar a una práctica profesional adecuada.

De eso tratan los códigos éticos, pero de eso trata en definitiva el desarrollo de nuestras propias competencias y límites personales y profesionales, tanto durante nuestra formación como a lo largo de nuestra vida profesional.