Jueves, 04 junio 2020

El compositor del s.XXI: músico, productor, editor

El músico es, quizá, de los creadores más completos y complejos de todo el panorama artístico. Si en el siglo XX podíamos todavía hablar de la especialización en las diversas áreas que engloba la composición musical, en el siglo XXI se hace necesario adquirir el conocimiento de los diversos campos y dar respuesta a las necesidades de la industria musical actual que llevarán a la inevitable y deseable autonomía del músico. Estamos pues, ante la creación de un nuevo paradigma de artista para un nuevo siglo: el compositor autónomo e integral.

Nuevas habilidades del compositor

La forja de este nuevo modelo de artista supone el conocimiento de diversas áreas que circundan la composición musical y que, a veces, no son precisamente disciplinas cercanas a la ya citada tarea de la composición: edición musical, producción de un material sonoro diverso, programas para crear música y manejo con destreza de la tecnología necesaria y, además, conocer el funcionamiento del mercado laboral al que aspira pertenecer en el futuro.

El análisis histórico de los estilos musicales conlleva un estudio exhaustivo del panorama musical pasado y actual que nos hace predecir un futuro lleno de posibilidades. En la historia de la música, mientras los artistas definían su estilo en base a su época, personalidad e interés propio, en el ecléctico siglo XX comenzaba a ebullir un sinfín de estilos y formas dibujando un arcoiris infinito de ideas y proyectos.

Pero el dominio de los estilos musicales, pasados y presentes, que nos llevan hasta la música instrumental (instrumentación y orquestación), electrónica, electroacústica y audiovisual más actual, sólo es una parte de ese vasto conocimiento que necesitamos para llegar a ser el compositor que queremos ser.

Composiciones listas para comercializar

Las duras condiciones que demanda la implacable industria musical, requiere de productos terminados y listos para estampar en un CD, retransmitir en streaming, consumir en Youtube, para formar parte de una lista de Spotify…

No podemos olvidar, por tanto, la formación en técnicas de grabación que nos llevan a la autoproducción de nuestra obra, ya que es la carta de presentación para un público cada vez más difícil de convencer. Es la imperiosa necesidad de mostrar un trabajo terminado a ese público que ya no entiende de maquetas sino de versiones finales sólo al alcance de músicos que nos cuentan con su obra qué hace un productor musical.

Pero hay todavía más herramientas que debemos asumir más allá de aprender a componer música y que, a veces, poco tienen que ver con la formación musical recibida. El compositor no trabaja solo, compone para personas y escribe para que los músicos transformen en poesía todo lo escrito en la partitura convirtiendo todos los símbolos contenidos en el papel en un vehículo sonoro de emociones y vivencias. Esta partitura también se trabajará desde el ordenador, mediante un editor de partituras, ayudando al compositor a efectuar con sencillez cuantos cambios necesite y facilitando su posterior difusión a través de un contrato con una editorial.

La tecnología se abrió paso sin preguntar y llegó para quedarse y convertirse en la herramienta fundamental e indispensable en la que se va a basar todo el trabajo de nuestros músicos del futuro. Toda obra artística musical se va a convertir por un momento en un ventalle de minuciosos procesos informáticos que, en manos de un compositor experimentado y como si de una máquina de revelar se tratara, dará a luz una obra musical acabada y completa. Un gran esfuerzo que ve su recompensa en un producto perfectamente terminado y capaz de competir en el mercado musical.

De nuestra formación depende todo, es aquí, es ahora y ya llegamos tarde. Si quieres formar parte del elenco de los compositores del futuro, pero hoy, echa un vistazo al Máster en Composición Musical con Nuevas Tecnologías de UNIR.