José María Fillol Cuadrado
Más de medio millar de estudiantes celebraron en Quito la culminación de años de esfuerzo y sacrificio. Entre diplomas, emociones y birretes al aire, dieron la bienvenida a una nueva etapa llena de oportunidades profesionales.

Hay días que permanecen para siempre en la memoria. Días que resumen años de sacrificio, noches de estudio, desafíos profesionales y responsabilidades familiares asumidas al mismo tiempo. Para los 563 estudiantes de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) pertenecientes a la Escuela Superior de Ingeniería y Tecnología y a la Facultad de Ciencias de la Salud, este sábado fue uno de esos momentos irrepetibles. En el Encuentro Internacional Alumni Ecuador 2026, celebrado en el Centro de Convenciones Metropolitano de Quito, recogieron el reconocimiento simbólico a un objetivo alcanzado y contemplaron, por fin, la recompensa a un largo camino de superación personal.

La ceremonia, desarrollada en formato híbrido y seguida también por cientos de alumnos conectados desde distintos países, representó el cierre de dos intensas jornadas de celebración académica.

Más allá de la entrega de diplomas, el acto fue un homenaje a la constancia de quienes decidieron apostar por la educación como herramienta para transformar su presente y construir nuevas oportunidades para el futuro. Como expresó el presidente de UNIR, Rafael Puyol, al inicio de su intervención: “Mis primeras palabras han de ser de felicitación para quienes se gradúan, para sus familias y para todos los que han contribuido al logro de este objetivo”.

La mañana comenzó con la entrada solemne de la comitiva académica, al sonido de la tradicional Pompa y circunstancia de Edward Elgar. Encabezaban el cortejo el rector de UNIR, Ramón Vilarroig Moya, y el presidente de la institución, Rafael Puyol, seguidos por autoridades académicas y docentes que quisieron acompañar a los verdaderos protagonistas de la jornada: los estudiantes.
De la voz del académico al de los estudiantes
La primera intervención correspondió al profesor Pedro Muñoz Velasco, director de la Maestría de Mecánica de Fluidos Computacional de UNIR, quien impartió la lección magistral titulada ‘El valor de las preguntas en la era de las respuestas’. En un contexto marcado por el avance de la inteligencia artificial, invitó a los graduados a reflexionar sobre el sentido de sus decisiones y proyectos. “Ahora bien, ¿para qué el título? Esa es la pregunta”, planteó ante el auditorio, recordando que el verdadero valor de la formación no reside únicamente en el conocimiento adquirido, sino en el propósito que cada persona decida darle.

A lo largo de su exposición dejó otra reflexión especialmente significativa para quienes iniciaban una nueva etapa profesional: “Nuestro objetivo debe incluir a otros”, una llamada a construir carreras capaces de generar impacto positivo en la sociedad.

Tras la lección magistral llegó el turno de la voz estudiantil. En representación de los graduados intervino Pedro Aníbal Vera Ron, quien puso palabras a sentimientos compartidos por cientos de compañeros. “Celebramos el esfuerzo constante, la perseverancia ante las dificultades y la determinación que nos ha permitido alcanzar una meta”, expresó, despertando el reconocimiento emocionado de familiares, docentes y compañeros.
Reconocimiento al esfuerzo
Como en la jornada precedente, si hubo un instante especialmente esperado fue el de la entrega de diplomas. Uno a uno, los egresados subieron al escenario para recibir un diploma que simbolizaba años de disciplina, renuncias y compromiso. Sonrisas, abrazos, fotografías y lágrimas de emoción acompañaron un momento que muchos habían imaginado durante largo tiempo. Para algunos significó culminar estudios compaginados con exigentes jornadas laborales; para otros, alcanzar una meta postergada durante años o convertirse en la primera persona de su familia en obtener un título de educación superior.

En la segunda parte de la ceremonia, el presidente de UNIR, Rafael Puyol, volvió a dirigirse a los graduados con un mensaje centrado en el valor transformador de la educación y la responsabilidad que acompaña al conocimiento. “La educación genera confianza. La confianza genera esperanza. La esperanza genera paz”, afirmó. Y les recordó asimismo que “la educación es siempre una inversión, nunca un gasto”, alentándolos a seguir aprendiendo y creciendo a lo largo de toda su vida profesional.

La emoción alcanzó uno de sus puntos culminantes con la interpretación del Gaudeamus Igitur, el himno que une a generaciones de universitarios de todo el mundo. Sus notas acompañaron el sentimiento compartido de quienes cerraban una etapa académica para abrir otra repleta de desafíos e ilusiones.
Escenificación del éxito
El broche más festivo lo pusieron los propios protagonistas de la mañana a la conclusión de la ceremonia. Decenas de egresados se reunieron para lanzar sus birretes al aire, celebrando juntos una conquista que pertenecía a cada uno, pero también a todos. Durante unos segundos, los sombreros suspendidos sobre el cielo quiteño parecieron representar los sueños, esfuerzos y aspiraciones que habían acompañado a los estudiantes durante años.

El recorrido académico ha concluido. Sin embargo, para estos nuevos UNIRalumni comienza ahora un sendero distinto, lleno de proyectos, metas profesionales y oportunidades por construir. La última ceremonia del Encuentro Internacional Alumni Ecuador 2026 puso punto y final a tres graduaciones celebradas en dos jornadas inolvidables, una gran celebración colectiva donde más de 1.700 egresados comprobaron que, bajo el espíritu #YoSoyUNIR, los sueños alcanzan su verdadera dimensión cuando se convierten en realidad compartida.
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