Begoña Gutiérrez Rodríguez
El Trastorno del Espectro Autista en niñas puede manifestarse de forma diferente a los niños y pasar desapercibido. Requiere una evaluación que no se limite a la conducta observable, sino que contemple el esfuerzo adaptativo y el impacto emocional.

Durante décadas, el diagnóstico del Trastorno del Espectro Autista (TEA) se ha construido a partir de estudios realizados mayoritariamente en población masculina. Este sesgo histórico ha influido tanto en los criterios diagnósticos como en la percepción social del trastorno. Sin embargo, la evidencia actual muestra que el TEA en niñas puede manifestarse de forma diferente y, por tanto, pasar desapercibido.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el autismo es un trastorno del neurodesarrollo caracterizado por dificultades persistentes en la comunicación social y patrones restrictivos y repetitivos de comportamiento (OMS, 2023: https://www.who.int/news-room/fact- sheets/detail/autism-spectrum-disorders).
En la misma línea, el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5-TR; American Psychiatric Association, 2022) establece criterios centrados en alteraciones en la comunicación e interacción social, junto a patrones restrictivos y repetitivos de conducta.
No obstante, estos criterios, formulados desde estudios históricamente masculinizados, pueden no recoger adecuadamente la variabilidad en la expresión clínica femenina.
Autores como Lai et al. (2015) han señalado que las diferencias sexo/género en el autismo pueden contribuir al infradiagnóstico en niñas, no porque el trastorno sea distinto, sino porque su presentación conductual puede ajustarse menos al modelo clásico descrito en los manuales.
Un perfil menos externo, más internalizado
El modelo tradicional del TEA ha priorizado indicadores como el aislamiento social evidente, intereses restringidos muy llamativos o conductas repetitivas visibles. En muchas niñas, en cambio, el perfil puede caracterizarse por una mayor motivación social aparente y una sintomatología más internalizada.
Algunas manifestaciones frecuentes incluyen:
- Deseo intenso de pertenencia social acompañado de inseguridad relacional.
- Amistades intensas pero inestables.
- Intereses absorbentes socialmente aceptables (lectura, animales, series).
- Elevado perfeccionismo.
- Alta sensibilidad emocional.
Este patrón puede generar una impresión de competencia social adecuada, especialmente en contextos estructurados como el aula, dificultando la detección temprana.
Camuflaje y sobreadaptación social
Uno de los conceptos más relevantes en la literatura actual es el “camuflaje social”. Hull et al. (2017) describen este fenómeno como el conjunto de estrategias conscientes o inconscientes utilizadas para compensar o enmascarar dificultades sociales.
Entre estas estrategias pueden encontrarse:
- Observación sistemática de iguales para imitar conductas.
- Ensayo previo de conversaciones.
- Supresión voluntaria de conductas repetitivas en público.
- Ajuste forzado a normas sociales implícitas.
Aunque estas estrategias pueden facilitar la integración aparente, también se asocian a un elevado desgaste psicológico. Diversos estudios vinculan el camuflaje prolongado con mayores niveles de ansiedad, sintomatología depresiva y dificultades en la construcción de la identidad.
Por ello, las señales de alerta del TEA en niñas requieren una evaluación que no se limite a la conducta observable, sino que contemple el esfuerzo adaptativo y el impacto emocional.
Indicadores en el entorno familiar y educativo
En el ámbito familiar pueden observarse indicadores como:
- Rigidez cognitiva ante cambios imprevistos.
- Desregulación emocional en entornos seguros.
- Sensibilidad sensorial significativa (ruidos, texturas, etiquetas).
- Dificultad para interpretar matices sociales complejos.
En el contexto escolar, muchas niñas no presentan conductas disruptivas, lo que contribuye a su invisibilidad clínica. Es frecuente que:
- Cumplan normas de forma literal.
- Necesiten guía estructurada en tareas grupales.
- Experimenten ansiedad social silenciosa.
- Pasen desapercibidas académicamente.
Ratto et al. (2018) evidencian que las niñas suelen recibir el diagnóstico más tarde que los niños, especialmente cuando presentan habilidades cognitivas preservadas y buena competencia verbal.
Evaluación y detección temprana
Ante la sospecha clínica, la evaluación debe ser integral y multimodal. No basta con la observación puntual. Es recomendable:
- Recoger información en distintos contextos.
- Realizar entrevistas clínicas estructuradas.
- Aplicar herramientas estandarizadas de evaluación.
- Analizar el impacto funcional y emocional.
El objetivo no es etiquetar precozmente, sino comprender el perfil neuroevolutivo y ofrecer apoyos ajustados que prevengan dificultades emocionales secundarias.
Detectar adecuadamente el TEA en niñas permite intervenir antes, fortalecer la autoestima y favorecer un desarrollo coherente con sus necesidades reales.
Una mirada más amplia a la diversidad
Reconocer las diferencias en la presentación del autismo no implica crear categorías separadas, sino ampliar el marco interpretativo desde el que evaluamos y acompañamos. La evidencia científica actual invita a revisar estereotipos y adoptar una perspectiva clínica más sensible al género.
En muchos casos, el verdadero reto no es que las dificultades no estén presentes, sino que el esfuerzo constante por encajar las mantiene invisibles.
Mirar más allá de lo evidente no es solo una cuestión diagnóstica. Es una cuestión de sensibilidad profesional.
(*) Begoña Gutiérrez Rodríguez es psicóloga sanitaria colegiada y directora del Centro Psicología y Educación de Écija, Sevilla. Especializada en Trastorno del Espectro Autista (TEA), altas capacidades e intervención familiar, colabora en la formación de alumnado universitario del Máster en Psicología General Sanitaria y desarrolla programas de evaluación e intervención en coordinación con centros educativos y sanitarios.
Referencias:
- American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (5th ed., text rev.; DSM-5-TR).
- Lai, M. , et al. (2015). Sex/gender differences and autism. Journal of the American Academy of Child & Adolescent Psychiatry.
- Hull, , et al. (2017). Social Camouflaging in Adults with Autism Spectrum Conditions. Journal of Autism and Developmental Disorders.
- Ratto, B., et al. (2018). Sex-based differences in autistic traits and adaptive skills. Autism Research.
- Facultad de Ciencias de la Salud







