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La industria agroalimentaria afronta una década decisiva marcada por la digitalización, la presión regulatoria y la exigencia de sostenibilidad. Expertos reunidos en el Foro UNIR analizaron los cambios estructurales que redefinirá el sector en el futuro.

Los 7 puntos claves del Foro UNIR
- Digitalización integral: La transformación digital ya no es opcional. Desde la producción hasta la comercialización, el uso estratégico de datos, inteligencia artificial y automatización es fundamental para ganar eficiencia y competitividad.
- Innovación continua: Lanzar nuevos productos y anticipar tendencias es imprescindible en un mercado global y altamente competitivo. La innovación debe ser tanto tecnológica como estratégica.
- Sostenibilidad como ventaja competitiva: Más que un coste, la sostenibilidad puede generar nuevas oportunidades de negocio a través de la bioeconomía y la revalorización de subproductos.
- Gestión inteligente del dato: No basta con acumular información. La clave está en identificar los indicadores relevantes que permitan tomar decisiones acertadas y diferenciarse de la competencia.
- Adaptación regulatoria: El cumplimiento normativo y la anticipación a cambios regulatorios son esenciales, especialmente en el desarrollo de nuevos alimentos y mercados internacionales.
- Talento y relevo generacional: El sector necesita nuevos líderes con competencias digitales, visión estratégica y capacidad de gestión transversal para afrontar los desafíos futuros.
- Visión transversal y trabajo en equipo: Romper silos internos y fomentar la colaboración entre áreas es fundamental para asegurar la eficiencia y el éxito empresarial.
La industria agroalimentaria vive un momento de transformación profunda. En un contexto internacional atravesado por grandes disputas comerciales, marcos regulatorios cada vez más exigentes, consumidores más informados y cadenas de suministro tensionadas desde la pandemia, los líderes del sector se enfrentan a un entorno donde la toma de decisiones requiere visión estratégica, capacidad de adaptación y una comprensión transversal del negocio.
Esa fue una de las principales conclusiones del Foro UNIR ‘Tendencias actuales y competencias imprescindibles para líderes del sector agroalimentario’, que reunió a directivos, expertos en innovación, regulación y formación para analizar los retos y oportunidades de una industria esencial para la economía y la sociedad.
En el encuentro participaron María García Jiménez, directora general de AMC Innova; Irene Paredes Díaz, cofundadora y CEO de Innovarum Consultoría especializada en innovación y proyectos europeos en el ámbito agroalimentario y la bioeconomía; Fernando Rivero Pino, consultor en Atova Regulatory Consulting; y José Ignacio López, coordinador del Máster Universitario en Gestión y Dirección de la Industria Alimentaria de UNIR.
Todos los participantes coincidieron en que el sector no solo debe adaptarse a los cambios, sino anticiparse a ellos si quiere mantener su competitividad en un mercado globalizado.
Un entorno cada vez más complejo y cambiante
El director de Foro UNIR y moderador del encuentro, Jorge Heili, abrió la sesión recordando que el sector agroalimentario opera hoy en “entornos complejos”, donde confluyen factores geopolíticos, regulatorios y económicos. A ello se suma un consumidor “más informado, pero también más exigente”, que demanda productos saludables, sostenibles y con una propuesta de valor clara.
La pandemia dejó una lección que todavía resuena en la industria: la vulnerabilidad de las cadenas de suministro. Se rompieron cadenas en procesos muy industrializados y el mundo nunca recuperó el cien por cien de la normalidad. Desde entonces, la resiliencia logística y la diversificación de proveedores forman parte de la agenda estratégica de cualquier empresa del sector.
En este escenario, la digitalización ya no es una opción, sino una necesidad. También lo es la sostenibilidad, entendida no solo como compromiso medioambiental, sino como condición para la supervivencia y la rentabilidad a largo plazo.
De técnico a estratégico: la evolución del liderazgo
María García Jiménez compartió su experiencia al frente de AMC Innova, una compañía que ha crecido a doble dígito durante las últimas décadas apostando por la innovación como ventaja competitiva. Licenciada en Químicas, inició su carrera en la empresa con un perfil eminentemente técnico y hoy forma parte del consejo de administración, liderando un equipo de más de 200 personas.

Su trayectoria es un buen ejemplo de una de las transformaciones más significativas del sector: el paso del conocimiento técnico especializado a la gestión estratégica integral. “La capacidad más importante de un directivo es su capacidad continua de aprendizaje”, afirmó. En su opinión, el reciclaje constante y la humildad para reconocer que “no sabemos las cosas nuevas” son condiciones imprescindibles para liderar en un entorno cambiante.
La empresa que dirige ha diversificado su negocio hasta operar en más de 20 categorías de producto, con 400 lanzamientos anuales y nueve plantas en tres países. Una complejidad que, lejos de ser un obstáculo, se ha convertido en barrera de entrada frente a la competencia. “Os animo siempre a tratar de hacer las cosas complejas, porque difícil es todo lo demás”, señaló, subrayando que la sofisticación operativa puede transformarse en ventaja competitiva.
Los datos como brújula
Uno de los ejes centrales del foro fue la gestión inteligente de los datos. En un mercado saturado de información, el reto ya no es disponer de datos, sino saber identificar cuáles son relevantes para tomar decisiones acertadas.
García Jiménez explicó que su compañía cuenta con equipos específicos de análisis de mercado y consumer insights capaces de filtrar la información significativa. “Hay tantos datos que lo difícil es seleccionar cuál es el significativo para tomar una buena decisión”, advirtió.

La inteligencia de negocio se convierte así en una competencia clave para los nuevos líderes. José Ignacio López coincidió en que las empresas agroalimentarias manejan “cantidades ingentes de datos” procedentes de logística, ventas y tendencias de consumo. La cuestión estratégica es cómo transformar esa información en ventaja competitiva.
Innovación: ¿reactiva o proactiva?
La innovación fue otro de los grandes temas del debate. Irene Paredes explicó que, desde el ámbito de los proyectos europeos, la innovación puede parecer reactiva, en la medida en que responde a las prioridades marcadas por la Comisión Europea, como el Pacto Verde o la neutralidad climática en 2050. Sin embargo, matizó que se trata de una reacción orientada al futuro: “Hoy se están financiando las innovaciones que van a hacer que en 2050 Europa pueda ser un continente neutro en emisiones”, dijo.
Más allá de los fondos públicos, también existe una innovación proactiva impulsada por capital privado y por empresas que buscan diferenciarse en el mercado. En el sector agroalimentario, donde cada línea de producción tiene características propias, “hay muchísimo por hacer”, afirmó. La transferencia de tecnología entre categorías no es automática y requiere adaptación, lo que abre nuevas oportunidades para el desarrollo tecnológico.
Regulación y nuevos alimentos
Fernando Rivero puso el foco en la creciente relevancia del marco regulatorio, especialmente ante la aparición de nuevos alimentos como la carne cultivada o los productos obtenidos mediante fermentación de precisión. Antes de llegar al mercado, estos productos deben superar rigurosos procesos de evaluación de seguridad y cumplir con normativas que varían según la jurisdicción.
“No puedes poner un producto en el mercado solo porque consideras que es beneficioso”, recordó. La regulación, lejos de ser un mero trámite, condiciona los tiempos de innovación y la viabilidad comercial. Para las pequeñas empresas, este entorno puede suponer un reto especialmente complejo.
Rivero abogó por una mejor comunicación entre investigadores, industria y reguladores para evitar que la innovación quede bloqueada por desajustes normativos. “Que esa innovación no se vea limitada por problemas regulatorios” es, en su opinión, uno de los grandes desafíos del sector.

La sostenibilidad como oportunidad
El concepto de sostenibilidad atraviesa todas las intervenciones. Más allá del cumplimiento normativo, se trata de integrar la sostenibilidad en el modelo de negocio. María García Jiménez defendió que no debe entenderse como un coste, sino como una fuente de oportunidades.
Puso como ejemplo la revalorización de subproductos, como la piel de limón transformada en fibra con aplicaciones en la industria pastelera. Lo que antes era un residuo puede convertirse en una nueva línea de negocio. “La sostenibilidad no debe ser un coste, debe ser una ventaja competitiva”, afirmó.
Irene Paredes amplió esta idea desde el concepto de bioeconomía, que promueve modelos circulares en los que los subproductos se transforman en nuevos recursos. Frente a esquemas lineales de producción, la bioeconomía permite “entresacar aquello que tienen de valor” y generar mercados adicionales.

Talento y relevo generacional
El talento es otro de los grandes retos estructurales. Según José Ignacio López, una parte significativa de los directivos actuales supera los 45 o 50 años, lo que anticipa una demanda creciente de nuevos perfiles capaces de asumir responsabilidades estratégicas.
No se trata solo de reemplazar personas, sino de incorporar nuevas competencias: digitalización, análisis de datos, visión estratégica y capacidad de gestión internacional. “La industria alimentaria no se puede permitir relajarse”, advirtió. La competencia global y la presión de las grandes superficies exigen eficiencia extrema y adaptación constante.
María García Jiménez añadió que la guerra por el talento es especialmente intensa en perfiles vinculados a la digitalización y la inteligencia artificial. La convivencia entre generaciones, combinando experiencia y habilidades digitales, puede convertirse en una fortaleza si se gestiona adecuadamente.
Competencias imprescindibles del líder agroalimentario
A lo largo del foro se dibujó un perfil del directivo que necesita el sector. Debe conocer en profundidad el mercado, al consumidor y a la competencia; entender la regulación y anticipar tendencias; manejar datos y liderar equipos multidisciplinares.
También debe tener una visión transversal del negocio. “Los silos no funcionan”, recordó García Jiménez. Si un área desarrolla un producto que operaciones no puede fabricar eficientemente, la empresa pierde competitividad. La coordinación interna es tan importante como la estrategia externa.
A ello se suma la resiliencia para gestionar la complejidad. Lanzar cientos de productos al año, operar en múltiples países y cumplir con estándares de calidad y sostenibilidad exige estructuras sólidas y equipos altamente comprometidos.
El foro concluyó con una reflexión compartida: la industria agroalimentaria no puede desaparecer porque responde a una necesidad básica de la sociedad. Sin embargo, su configuración futura dependerá de su capacidad para adaptarse a los cambios tecnológicos, regulatorios y sociales.
Reducir el desperdicio alimentario —que ronda un tercio de la producción global—, mejorar la eficiencia del sistema y formar líderes preparados para un mercado global son tareas urgentes. La combinación de innovación, regulación inteligente, sostenibilidad y talento marcará el rumbo de un sector estratégico para el desarrollo económico y social.
Los mensajes principales de los participantes
María García Jiménez:
- “La cualidad más importante de un directivo es su capacidad continua de aprendizaje”.
- “La sostenibilidad no debe ser un coste, debe ser una ventaja competitiva”.
Irene Paredes Díaz:
- “Hoy se están financiando las innovaciones que van a hacer que en 2050 Europa pueda ser un continente neutro en emisiones”.
- “Hay muchísimo por hacer en la transferencia y adaptación de innovación en el sector agroalimentario”.
Fernando Rivero Pino:
- “No puedes poner un producto en el mercado solo porque consideras que es beneficioso”.
- “Que la innovación no se vea limitada por problemas regulatorios es uno de los grandes retos”.
José Ignacio López:
- “La industria alimentaria no se puede permitir relajarse en un mercado global altamente competitivo”.
- “La cuestión no es tener datos, sino qué dato necesito para obtener una ventaja competitiva”.
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