Jesús Gil Fuensanta
La presente guerra regional tiene un potencial alcance global, cuyas consecuencias pueden afectar de manera drástica a Occidente. Aquí se analizan causas y potenciales devenires de esta atroz conflagración que amenaza con prolongarse.

Pese a los diplomáticos encuentros de personajes ligados a la Administración estadounidense o la República Islámica de Irán (RII), y los supuestos deseos de pactar por las partes presentes en Suiza, durante el corazón de este invierno de 2026, algunos nos temíamos, antes o después, un ataque por parte de las fuerzas de Estados Unidos y sus aliados regionales hacia la República Islámica de Irán.
Un embate que pensaba que concurriría no muy lejano en el tiempo debido a la gran cantidad de efectivos militares desplegados en dos extremos claves y comunicantes de la zona en brete, el Mediterráneo sur oriental y las inmediaciones al sur del estrecho de Ormuz.
Los eventos acaecidos desde el último día de febrero de este 2026 han sido vertiginosos, pero no menos mortíferos. Por otra parte, han supuesto una reacción en cadena no sólo en el Mediterráneo Oriental, la península Arábiga, Asia Occidental o el Cáucaso Sur (zonas atacadas por la RII), sino para lo que más afecta a gran parte de los lectores de estas líneas: el mundo occidental.

Una grave crisis de impacto mundial
Es de hecho ya una grave crisis de impacto mundial. Y que amenaza con extenderse, debido a los hechos presentes y las declaraciones de intención “de plena derrota”, respectivas por parte de las cabezas de las partes contendientes: el 47 presidente de los EE. UU., Donald John Trump, o los líderes vigentes de la República Islámica de Irán.
Las causas auténticas vienen de largo, desde hace generaciones, y parten de una vieja lucha encarnizada en el seno del Islam, entre sunitas y chiitas. Orígenes iniciados desde la batalla de Karbala (Iraq), que tuvo lugar el año 680 de nuestra era cristiana, a la sucesión de Muawiya, primer califa omeya, y en la cual murió el paradigma del chiismo, nieto de Mahoma, el imán Husáin ibn Alí, contemplado por parte del chiismo como el primordial mártir.
Este componente de martirio es clave en la mentalidad de la RII, además de un componente que no se debe desdeñar en esta guerra iniciada a finales de febrero. Esa batalla marca la división actual en el seno del Islam entre sunitas y chitas.
Incluso detrás de las mal llamadas “primaveras árabes” muchos de los países afectados se vieron imbuidos de este devenir de “odio tribal” e histórico (v.gr. Gil Fuensanta, Lorca Corróns, James 2012).
La RII parece buscar en marzo de 2026 una guerra más larga y parece querer involucrar a más actores de la región, en vista de sus ataques unilaterales de los últimos días.
Además de este componente chiita, también tenemos otros agentes muy importantes en juego: el factor Israel y la lucha por la primacía política en el Oriente Medio.
Sin ninguna duda, Israel lucha por su supervivencia en esta guerra. Ello se debe tener en cuenta para explicar el inicio del “nuevo frente” en el Líbano o sus ataques compartidos, con los estadounidenses, a la RII. Un virtuoso de la supervivencia política como el premier Benjamín Netanyahu sabe bien que no puede dejar que la RII venza, o sobreviva siquiera, en el conflicto. También esta es la disquisición para el continuo bombardeo sobre el país del Levante sur o el apoyo de la RII a Hizbulá.
Irán parte de un territorio y la añeja tradición de un pueblo, que en los albores de la historia de Occidente (siglos VI y V a.C.), era por paradoja, el aliado y defensor de los hebreos exiliados en Oriente; el canónico antiguo Libro hebreo de Esther, y el rey Asuero/Jerjes dan fe de ello.

No es tampoco Irán el país que inventó el ajedrez, pues debe concederse este logro a la antigua India, pero la palabra jaque deriva del vocablo persa para rey “shah”. Los persas son grandes especialistas en paciencia y ganar tiempo (recordemos su prolongación en las negociaciones nucleares). De todo esto se comprende el aparente interés de la RII en dilatar la guerra, que los EE. UU. esperaban relámpago desde un primer momento, cuando se planificó.
Mucho tienen que ver, igualmente, Arabia Saudí y la República de Türkiye (nombre oficial de Turquía) con aquello que pueda acaecer en la guerra.
Es bien sabido que al reino con capital en Riad, por causas económicas, tradicionales y de hegemonía regional le interesa el fin del liderazgo de los ayatolás. No olvidemos que para muchos sunitas, como la escuela wahabita (que profesa Arabia Saudí y otros países del sur de la península arábiga) los chiitas son considerados como unos herejes en el seno del Islam.
Por el contrario, a Türkiye, que también aspira a un gran liderazgo regional e internacional (v.gr. Gil Fuensanta e.p.), por paradoja, no le interesa para nada este conflicto, pues sabe que amenaza con desestabilizar la economía y estabilidad local y global.
A título personal, pienso que actúa en el seno de este conflicto, con una gran paciencia y reflexión. De ahí su sintonía con las palabras y actos al respecto del presidente del Gobierno español, quien ha quedado convertido ya de forma irremediable en un símbolo para el mundo musulmán, aquel con deseos no beligerantes.
Sánchez, Turquía y el Vaticano
Es además el mismo pensamiento del Vaticano y su santidad el papa León XIV. Caso de seguir la guerra, España, Türkiye y el Vaticano, podrían desarrollar un esfuerzo conjunto para mediar y frenar las hostilidades.
No dejamos de lado la cuestión de la Federación de Rusia y la República Popular de China (RPC); de su forma de actuar y devenir puede también condicionar que la guerra se vuelva global. Rusia podría bien aprovechar este conflicto y parar de forma unilateral aquella guerra que inició en el este de Europa, en Ucrania, hace ya cinco años. Podría ser un gran gesto, que sí le reportaría mayor respeto internacional. Y a la RPC no convendría aprovechar para iniciar nuevos conflictos en Oriente. Dicho sea de paso, ambos poderes, aliados tradicionales de la RII, no deberían apoyar ni proporcionar ventajas militares a la misma durante el conflicto, pues podría ser algo que se volviese en contra de ellos.
Una guerra asimétrica y costosísima
Está siendo una guerra asimétrica y de gran costo económico. Siguiendo el dicho español, “se ha roto la baraja”, la guerra presente no sólo nos va a tocar el bolsillo a todo el mundo de manera progresiva, sino que puede provocar asimismo una gran crisis alimentaria, financiera y energética mundial; con grandes masas de desplazados y refugiados. Y todo ello sin tener en cuenta que se extienda hacia una guerra más global, con la inclusión posterior de otros escenarios y países beligerantes.
Al igual que otros conflictos recientes (v.gr. la “guerra de los doce días” de Junio de 2025, con los mismos actores iníciales involucrados), ¿quedará en eso, una “corta conflagración” o será parte trascendental para la III Guerra Mundial?
Referencias:
- Gil Fuensanta, J, (e.p.), “Conclusiones”, en Türkiye y su proyección internacional en el siglo XXI, Cuaderno de Estrategia 236, Instituto de Estudios Estratégicos, Ministerio de Defensa. Madrid
- Gil Fuensanta, J, Lorca Corróns, A. y James A.J. (2012), Siria, Guerra, Clanes, Lawrence. El capitalismo de familias en el mundo musulmán, Algón Editores. Granada.
(*) Jesús Gil Fuensanta es Dr. en Filosofía y Letras por la UAM. Cursó su especialización de posgrado en universidades de Italia, Holanda y Turquía. Impartió conferencias en diversas universidades europeas y en Estados Unidos. Trabaja en el campo desde finales de los años ochenta del siglo XX en países con mayoría musulmana, en especial en Asia central y occidental (Irak, Siria o Turquía). Su docencia se ha centrado sobre las tribus y el robo de arte y patrimonio, así como en prehistoria e historia de Asia Central y Oriente. Actualmente es profesor del Máster Seguridad y Geopolítica.
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