UNIR Revista
Foro UNIR analizó cómo la cooperación multilateral se traduce en políticas concretas, reformas estructurales y herramientas técnicas que impactan directamente en la calidad democrática y la eficiencia del sector público.

Los 7 puntos claves del Foro UNIR
- La desconfianza como punto de partida: El foro coincidió en que América Latina vive una crisis de confianza en las instituciones, en la política y en la propia democracia. Ese clima obliga a repensar la relación entre Estado y ciudadanía desde parámetros de mayor apertura y cercanía.
- El Estado abierto como modelo de gobernanza: Los expertos defendieron que no se trata de una moda ni de una agenda decorativa, sino de un enfoque transversal que incorpora transparencia, participación, rendición de cuentas, colaboración e innovación cívica en toda la acción pública.
- La cooperación internacional es decisiva: Organismos multilaterales y redes de colaboración aportan asistencia técnica, estándares, formación y legitimidad para impulsar reformas. Su papel es especialmente importante en contextos de retroceso, fragmentación política o baja capacidad institucional.
- La apertura debe traducirse en resultados: La agenda de gobierno abierto no puede quedarse en valores abstractos. Debe demostrar que mejora contrataciones públicas, reduce riesgos de corrupción, fortalece servicios, impulsa innovación y aumenta la capacidad del Estado para responder mejor.
- La academia tiene un papel estratégico: Las universidades y redes académicas pueden diagnosticar mejor lo que ocurre en la sociedad, impulsar el pensamiento crítico, evaluar lenguajes y metodologías, y ayudar a diseñar proyectos más conectados con la realidad de grupos ciudadanos concretos.
- No existe un ciudadano abstracto: Una de las ideas más repetidas fue que la participación no puede pensarse de forma homogénea. Hay que acercarse a comunidades específicas, comprender sus contextos y diseñar mecanismos de escucha y cocreación ajustados a sus necesidades reales.
- Sin ética ni competencias relacionales no habrá cambio: La transformación digital y la modernización administrativa exigen conocimientos técnicos, pero también formación ética y capacidades humanas. La apertura institucional necesita servidores públicos capaces de liderar con integridad, diálogo y sentido de lo común.
La cooperación internacional no es un complemento, sino una palanca decisiva para fortalecer la transparencia, la rendición de cuentas y la participación ciudadana en América Latina. En un momento de desconfianza institucional, polarización y fatiga democrática, expertos reunidos en Foro UNIR defendieron que abrir el Estado es también una forma de reconstruir la confianza. Y advirtieron de que, sin ciudadanía, sin ética pública y sin colaboración entre actores, no habrá reformas duraderas.
El Foro UNIR sobre el rol de la cooperación internacional para lograr Estados abiertos dejó una idea central: la apertura institucional ya no puede entenderse como una agenda accesoria, sino como una condición necesaria para responder a una ciudadanía más informada, más exigente y también más desconfiada.
A lo largo del encuentro, los especialistas coincidieron en que la región atraviesa una etapa compleja, marcada por la desigualdad, la polarización y el debilitamiento de la confianza en la democracia, pero también subrayaron que todavía hay margen para reforzar las instituciones si se apuesta por la transparencia, la participación y la cooperación multilateral. En ese diagnóstico compartido apareció una conclusión de fondo: abrir el Estado no es una consigna, sino una forma concreta de mejorar la gestión pública y de acercar las decisiones a la sociedad.
En el foro, presentado y moderado por el director de Foro UNIR, Jorge Heili, participaron Lola Arranz Madrid, vicedecana de la Facultad de Derecho de UNIR; Alejandra Naser, especialista del Área de Gestión Pública y Gobierno Abierto de CEPAL; José Luis Ros Medina, director académico del Máster Universitario en Administración Electrónica y Gobierno Abierto de UNIR; Rosario Pavese, líder de Américas en Open Government Partnership; y Ester Kaufman, presidenta de la Red Académica de Gobierno Abierto Internacional (RAGA).
La apertura institucional fue presentada desde el inicio como una respuesta necesaria a un escenario regional tensionado. Jorge Heili situó el debate en un contexto en el que las sociedades latinoamericanas están hoy “más informadas” y son “cada vez más educadas”, pero también más exigentes con sus gobiernos.
En ese mismo arranque, Heili advirtió de un fenómeno inquietante: la pérdida de apoyo a los sistemas democráticos en varios países de la región y el crecimiento de miradas que ven con simpatía modelos más autoritarios. Ese marco dio sentido a todo lo que vendría después, porque el foro se construyó precisamente sobre una pregunta de fondo: cómo fortalecer la democracia y las instituciones en un tiempo de desafección y cansancio ciudadano.
Lola Arranz puso el foco en el valor de reflexionar sobre el papel de la cooperación multilateral para crear transparencia, gobiernos abiertos y combatir la corrupción. Lo hizo, además, subrayando el valor de reunir en un mismo espacio a la universidad, a organismos internacionales y a redes académicas y profesionales que llevan años trabajando esta agenda.
Su intervención marcó bien el tono del encuentro: no se trataba solo de una discusión teórica, sino de una conversación urgente sobre la calidad institucional, la integridad pública y la necesidad de sostener alianzas capaces de trasladar esos principios a la práctica cotidiana del Estado.

La ponencia principal de Alejandra Naser fue la que dibujó con mayor claridad el mapa del problema. La especialista de CEPAL explicó que la desconfianza se ha convertido en una forma de respirar en nuestras sociedades. A partir de esa constatación, explicó que los Estados ya no pueden pretender responder en solitario a un conjunto cada vez más complejo de demandas sociales.
Repensar la acción pública
“Desconfiamos de los gobiernos, desconfiamos de las personas, de los discursos, de las promesas, de los políticos, del Estado”, afirmó, al resumir ese clima que obliga a repensar la acción pública. Y añadió que, precisamente por eso, el Estado necesita apoyarse en capacidades distribuidas en toda la sociedad y abrirse a la inteligencia colectiva.
Naser describió una ciudadanía que exige acceso real a la información, participación efectiva en la toma de decisiones y respuestas más rápidas por parte de las instituciones. Esa combinación de mayor conciencia de derechos, demanda de inmediatez y reclamación de servicios más eficaces obliga, a su juicio, a revisar los modos tradicionales de gobernar.
Para la especialista del Área de Gestión Pública y Gobierno Abierto de CEPAL, el principio de transparencia no puede quedarse en un gesto retórico ni en una publicación parcial de datos, sino que debe traducirse en información completa, comprensible y útil para la ciudadanía. De la misma forma, la participación no puede limitarse a mecanismos formales de consulta, sino que debe incorporarse al diseño, implementación y evaluación de las políticas públicas.
Las tres trampas del desarrollo en la región
Uno de los momentos más sólidos de su exposición llegó cuando presentó las tres trampas del desarrollo identificadas por CEPAL en la región.
La primera es la baja capacidad para crecer, asociada al estancamiento de la productividad, la escasa inversión y una insuficiente calidad de los recursos humanos. La segunda es la elevada desigualdad, que se expresa en baja movilidad social, débil cohesión y una sensación extendida de vulnerabilidad e injusticia. Y la tercera es la baja capacidad institucional y de gobernanza, que se manifiesta en escasa transparencia, débil conexión con la ciudadanía y dificultades para incorporar el conocimiento social a la resolución de los problemas públicos.
Frente a ese panorama, defendió que el Estado abierto debe entenderse como “un modelo de gobernanza colaborativa” capaz de ayudar a superar esa tercera trampa.

Naser destacó del Estado abierto su enfoque transversal que atraviesa la planificación, el presupuesto, la inversión pública, la ejecución y la evaluación de las políticas. Transparencia, acceso a la información, rendición de cuentas, participación pública, colaboración e innovación cívica fueron señalados como sus principios centrales. “No se trata, por tanto, de una moda ni de una etiqueta amable, sino de una forma de reorganizar la relación entre las instituciones y la ciudadanía para hacer políticas públicas más legítimas, más eficaces y más sostenibles”, dijo.
Otro aspecto relevante de su intervención fue la extensión de ese paradigma a todo el ecosistema institucional. Naser insistió en que los principios del Estado abierto pueden y deben alcanzar al poder ejecutivo, al legislativo, al sistema de justicia, a los gobiernos locales, a las empresas públicas, a las empresas privadas y también a la academia.
Esa mirada amplia resultó especialmente importante porque evitó reducir la apertura del Estado a una simple política de gobierno, para situarla en el terreno más ambicioso de una cultura institucional compartida. “El Estado solo ya no puede resolver determinados problemas, vino a sostener, y por eso la colaboración entre actores se vuelve indispensable”.
La importancia de la cooperación internacional
La representante de CEPAL dedicó además una parte significativa de su intervención a explicar el papel concreto de la cooperación internacional. Lo hizo desde la experiencia práctica de un organismo que, según señaló, lleva más de una década impulsando este enfoque en América Latina mediante asistencia técnica, acompañamiento en planes de acción, procesos de cocreación, formación, seminarios y producción de conocimiento.
Su defensa del multilateralismo fue inequívoca: “La cooperación internacional es vital”, señaló. Pero quizá la parte más significativa de su mensaje fue que la apertura institucional depende menos de una cuestión técnica que de una decisión política. “No es un tema técnico, es un tema político”, subrayó, al advertir que la existencia de herramientas y apoyo externo no basta si no existe voluntad para avanzar.
En el debate posterior, Naser aportó una matización relevante sobre la relación entre los cambios de gobierno y los avances o retrocesos en esta agenda. Frente a la tentación de leer el problema solo en clave ideológica, sostuvo que los retrocesos no responden automáticamente al color político de los ejecutivos. Según explicó, han existido retrocesos en países con orientaciones muy distintas, lo que refuerza la idea de que la apertura institucional debe presentarse como una mejora para la gestión pública y no como una bandera partidista. “No tiene que ver con color político”, dijo con claridad. Su apuesta fue mostrar el gobierno abierto no como una amenaza al poder, sino como un instrumento para gobernar mejor y con mayor legitimidad.
También respondió a preguntas muy concretas del público sobre justicia abierta y cooperación técnica, lo que permitió aterrizar el debate. Recordó que CEPAL participó en 2016 en la primera política de justicia abierta de la región, en Costa Rica, y citó otros avances en Honduras, varios estados de México, República Dominicana y Ecuador.
Del mismo modo, dejó claro que los gobiernos locales también pueden solicitar asistencia técnica, porque es precisamente en el territorio donde se concentran muchas de las necesidades y donde la interacción con la ciudadanía es más intensa. Esa insistencia en lo local fue importante, porque una de las lecciones más repetidas del foro fue que la apertura institucional necesita bajar al terreno y hacerse visible allí donde los ciudadanos miden la calidad del Estado.

José Luis Ros Medina introdujo otra dimensión esencial del debate: la necesidad de no abandonar una agenda que atraviesa un momento delicado. Reconoció que América Latina no vive la mejor etapa para el gobierno abierto, pero pidió poner en valor todo lo que se ha hecho y no dejar que ciertos retrocesos recientes hagan descarrilar un trabajo acumulado durante años.
Normalización del odio y desinformación en las redes
Su intervención fue una llamada a no resignarse en un contexto que él mismo definió como adverso. De hecho, vinculó esa dificultad a un clima internacional más amplio, con signos de fatiga del multilateralismo, erosión de los espacios deliberativos y creciente normalización del odio y la desinformación en redes.
En una de las intervenciones más sugerentes del encuentro, el director del máster de UNIR defendió que hoy se necesitan perfiles profesionales más completos para liderar los procesos de apertura institucional. Según explicó, las competencias técnicas y digitales siguen siendo imprescindibles, pero ya no bastan.
A su juicio, hay dos ámbitos que deben recuperarse con fuerza en la formación de quienes trabajan en el sector público: la ética y las competencias relacionales. “Hay que formar éticamente a nuestros empleados públicos”, sostuvo, antes de reivindicar también la centralidad de lo humano en unas administraciones cada vez más mediadas por tecnologías, automatizaciones e inteligencia artificial. Su planteamiento fue que el cambio institucional no será sostenible si no incorpora una dimensión ética y una capacidad real para trabajar con otros.
Ros Medina fue igualmente explícito al reconocer el deterioro de la percepción ciudadana sobre la política y sobre la integridad pública. Al referirse al índice de percepción de la corrupción y al contexto actual, describió un panorama poco alentador, pero se resistió al pesimismo estéril. El docente de UNIR utilizó una imagen tomada de la biología para defender que, a veces, las circunstancias adversas fortalecen a los organismos, y trasladó esa idea al ecosistema del gobierno abierto.
Según señaló, si el contexto es difícil, más necesario resulta activar redes de colaboración entre universidad, organismos multilaterales, sociedad civil e instituciones públicas. No planteó una salida ingenua, sino una estrategia de resiliencia basada en la cooperación.
En ese punto enlazó con una idea que atravesó todo el foro: la apertura institucional no puede medirse solo por su valor democrático abstracto, sino también por su capacidad para producir mejores resultados.
En su diálogo con el director de Foro UNIR, Ros Medina insistió en que las democracias han ofrecido a menudo resultados insuficientes en términos de crecimiento, equidad y respeto efectivo de derechos, y que precisamente por eso hay que convencer a la ciudadanía de que la agenda de gobierno abierto sigue siendo necesaria.
La referencia a sociedades inclusivas frente a sociedades extractivas condensó bien su tesis: allí donde las instituciones incorporan, escuchan y rinden cuentas, las posibilidades de desarrollo son mayores; allí donde se cierran, los resultados empeoran.
Confianza entre las instituciones y la ciudadanía
Rosario Pavese, desde Open Government Partnership, reforzó esa mirada práctica. Su punto de partida fue que el gobierno abierto trata de algo “muy simple pero muy poderoso”: la relación de confianza entre instituciones públicas y ciudadanía.
Desde ahí describió una región marcada por altos niveles de polarización, caída sostenida de la confianza y, en algunos casos, presión creciente sobre el espacio cívico. Su intervención fue especialmente valiosa porque situó la cooperación internacional no solo como fuente de financiación o asistencia, sino como espacio capaz de sostener diálogo, estándares compartidos y plataformas de colaboración en escenarios políticos complejos.
Pavese subrayó que América Latina vive una reconfiguración del multilateralismo, con más fragmentación y más repliegue de agendas nacionales, pero también con márgenes para la cooperación técnica y pragmática.
En ese contexto, defendió que la comunidad de gobierno abierto ha demostrado capacidad para convertir valores en reformas concretas. Ahí radica, a su juicio, una de sus principales fortalezas. Ya no se trata únicamente de invocar principios como la transparencia, participación o rendición de cuentas, sino de mostrar que esas políticas mejoran las contrataciones públicas, reducen riesgos de corrupción, impulsan la innovación mediante datos abiertos y fortalecen la resiliencia institucional.
Su mensaje fue que la apertura debe dejar de presentarse como un programa paralelo y empezar a asumirse como una forma transversal de hacer política pública.

Esa insistencia en el tránsito de la agenda normativa a la práctica institucional fue una de las aportaciones más claras de su intervención. Para Pavese, el desafío consiste en convencer a gobiernos y ciudadanía de que la apertura no solo fortalece la democracia, sino también la capacidad del Estado para ofrecer resultados. No se trata, por tanto, de elegir entre valores y eficacia, sino de demostrar que una institución más transparente, más abierta a la participación y más sometida a rendición de cuentas funciona mejor.
Capacidades técnicas: desfase entre desarrollo y reflexión
La intervención de Ester Kaufman añadió una capa de profundidad teórica y, al mismo tiempo, una alerta muy concreta. Su diagnóstico fue que vivimos un desfase entre el desarrollo de las capacidades técnicas de la civilización y nuestra capacidad de reflexión sobre ellas.
Ese desajuste, unido a la incapacidad de aprehender toda la complejidad del mundo contemporáneo, estaría alimentando respuestas simplificadoras, discursos populistas, desintermediación y desprecio por las instituciones. Kaufman advirtió que en ese escenario están cayendo los Estados, las universidades, el pensamiento experto y cualquier forma de mediación. La amenaza, por tanto, no afecta solo a los gobiernos, sino a la arquitectura misma de la vida democrática.
Sin embargo, Kaufman no se quedó en el diagnóstico sombrío. Reivindicó un papel decisivo para la academia, precisamente porque entiende que una parte del problema reside en que “no sabemos lo que sucede” con suficiente precisión.
Frente a esa incertidumbre, propuso desarrollar proyectos bottom up, partir de grupos ciudadanos concretos, observar cómo se relacionan con las instituciones y reconstruir la confianza desde escalas humanas.
Una de sus ideas más sugestivas fue que el ciudadano abstracto no existe. Existen, en cambio, comunidades y grupos con formas distintas de comprender, esperar, desconfiar y participar. Eso obliga a abandonar enfoques homogéneos y a diseñar metodologías de detección, conversación y respuesta más afinadas.
Kaufman dio a la academia varias tareas específicas: diagnosticar preocupaciones y expectativas de grupos sociales, impulsar la alfabetización tecnológica y el pensamiento crítico, contribuir a proyectos de cercanía con autoridades y gobiernos locales, y evaluar si los lenguajes institucionales son realmente comprensibles para sus destinatarios.
El lenguaje claro es vital
Su defensa del lenguaje claro no fue una cuestión estilística, sino democrática. Lo que planteó es que no basta con abrir canales si esos canales siguen hablando un idioma inaccesible para buena parte de la ciudadanía. También insistió en la necesidad de cocrear soluciones tecnológicas con desarrolladores y beneficiarios, para que no sean solo dispositivos impuestos desde arriba, sino herramientas apropiables por quienes las usan.

Uno de los momentos más fértiles del foro fue, precisamente, el cruce entre tecnología, ética y participación. Aunque el encuentro estuvo centrado en cooperación internacional y Estado abierto, varias intervenciones apuntaron a un problema transversal: la influencia de redes, algoritmos y plataformas sobre la conversación pública.
Jorge Heili formuló esa inquietud al preguntar cómo conservar una parte de humanidad en medio de una polarización extrema donde, a menudo, la lógica predominante parece ser la destrucción del otro. Las respuestas de Kaufman y Ros Medina coincidieron en que no habrá salida sin reconstruir espacios de conversación, sin fortalecer el pensamiento crítico y sin devolver valor a las mediaciones institucionales y humanas.
También fue significativo que varios participantes insistieran en la necesidad de llevar la participación hacia donde están las personas, y no esperar a que la ciudadanía se acomode a formatos institucionales rígidos.
Pavese defendió que hay que ir hacia esos grupos específicos y atender sus condiciones socioculturales, en lugar de pensar en un ciudadano abstracto y uniforme. Esa observación tiene implicaciones de gran alcance, porque obliga a repensar no solo los canales de consulta, sino el propio diseño de las políticas de apertura. Escuchar más y mejor implica reconocer desigualdades de acceso, diferencias territoriales, barreras tecnológicas y formas diversas de vincularse con el Estado.
En la parte final del foro, cuando el moderador pidió a los invitados que resumieran las transformaciones prioritarias para avanzar hacia Estados más abiertos, aparecieron varias coincidencias reveladoras. Pavese destacó la necesidad de mejorar la participación ciudadana y de incorporar la apertura de manera transversal a la Administración.
Kaufman volvió a reclamar humildad, escucha y proyectos construidos desde el conocimiento real de lo que ocurre en la sociedad. Ros Medina, por su parte, defendió la necesidad de seguir creyendo en el diálogo, en la cooperación y en la colaboración como herramientas útiles incluso en tiempos de descrédito. “Merece la pena seguir haciendo las preguntas”, afirmó, en una de las frases de cierre más representativas de un encuentro que reveló lo necesario que es fortalecer la cooperación internacional, profesionalizar la gestión pública, reconstruir vínculos de confianza y situar a la ciudadanía en el centro.
La principal conclusión del foro fue que los Estados abiertos no se improvisan ni se decretan: se construyen con voluntad política, con instituciones capaces de rendir cuentas, con participación significativa y con una convicción compartida de que la democracia solo se fortalece cuando sabe escuchar, explicar y colaborar.
Los mensajes principales de los participantes
Alejandra Naser:
- “Desconfiamos de los gobiernos, de los discursos, de las promesas y del Estado, y ese clima obliga a transformar la gestión pública para abrirla a la ciudadanía”.
- “La cooperación internacional es vital, pero el avance hacia un Estado abierto depende, sobre todo, de voluntad política y de la decisión de gobernar con transparencia, participación y colaboración”.
José Luis Ros Medina:
- “Las Administraciones necesitan profesionales capaces de liderar el cambio institucional con competencias técnicas, éticas y relacionales en un entorno cada vez más digital”.
- “En un momento difícil para el multilateralismo y la deliberación, sigue siendo imprescindible creer en el diálogo, en la cooperación y en la colaboración como herramientas para fortalecer la democracia”.
Rosario Pavese:
- “El gobierno abierto trata de algo simple pero profundo: reconstruir la relación de confianza entre las instituciones públicas y la ciudadanía en una región marcada por la polarización”.
- “La apertura debe dejar de verse como una agenda paralela y convertirse en una práctica transversal que mejore resultados, reduzca riesgos de corrupción y fortalezca la capacidad del Estado”.
Ester Kaufman:
- “Frente a una sociedad desconfiada y discursos simplificadores, la academia debe ayudar a comprender mejor qué está ocurriendo realmente con los distintos grupos ciudadanos”.
- “No existe un ciudadano abstracto: hacen falta proyectos construidos desde abajo, con escucha real, lenguaje comprensible y metodologías que permitan reconstruir vínculos de confianza”.
Lola Arranz Madrid:
- “La cooperación multilateral, la transparencia y la lucha contra la corrupción forman hoy un eje de reflexión imprescindible para quienes piensan en instituciones más abiertas y más sólidas”.
- “El valor de este foro está en reunir universidad, organismos internacionales y redes académicas para impulsar una conversación útil sobre integridad pública y apertura institucional”.
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